07 Abr
El reinado de Isabel II (1833-1868): la primera guerra carlista
La muerte de Fernando VII inauguró un período de revolución liberal y burguesa. Fernando promulgó en 1830 la Pragmática Sanción, la cual establecía que, ante la falta de heredero varón, podría gobernar la hija mayor. De esta forma, su hija Isabel fue reconocida como heredera de la corona. En 1832, hallándose enfermo Fernando VII, los cortesanos partidarios del infante Carlos consiguieron que derogara la Pragmática Sanción.
En 1833, Carlos María Isidro emitió el Manifiesto de Abrantes, con el que declaraba su ascensión al trono y se iniciaron las guerras carlistas. Los carlistas eran los seguidores de Carlos María Isidro, quienes deseaban la vuelta a la monarquía absoluta y al Antiguo Régimen. La Primera Guerra Carlista se inició con el levantamiento de 1833; en ella, el general Zumalacárregui intentó organizar un ejército, pero a su muerte se inició una etapa en la que los carlistas fueron vencidos por el ejército de Espartero en la victoria de Luchana. La división interna facilitó que el jefe de los transaccionistas, el general Maroto, acordase por su cuenta la firma del Convenio de Vergara con el general Espartero, que reconocía la victoria liberal a cambio del mantenimiento de los fueros.
La regencia de María Cristina comenzó con un gobierno presidido por Cea Bermúdez. Existía la necesidad de profundizar en el camino liberal como única forma de obtener los apoyos suficientes para vencer al carlismo. Así, Martínez de la Rosa llegó al poder y promulgó el Estatuto Real de 1834, que no reconocía la soberanía nacional. Durante gran parte del siglo XIX, la Corona se situó del lado de los moderados; para evitar esto, los progresistas recurrieron a numerosos levantamientos que hicieron que María Cristina nombrara a Mendizábal como jefe del gobierno.
En 1837 se promulgó una nueva Constitución que reconocía la soberanía nacional, pero aceptaba el poder de la Corona. Se promulgó también una Ley Municipal que provocó levantamientos progresistas, culminando con la dimisión de María Cristina y el paso de la regencia a Espartero. En respuesta, en Barcelona se produjo un fuerte levantamiento al que Espartero respondió bombardeando la ciudad. Para no tener que nombrar un tercer regente, se adelantó la mayoría de edad de Isabel II.
El proyecto de Bravo Murillo de reformar la Constitución de 1845 fue la chispa que encendió el descontento que dio lugar a la Vicalvarada. En la segunda etapa, o bienio progresista, la subida de los precios del grano, la falta de libertad de expresión y el descontento político provocaron un pronunciamiento militar en 1854. La tercera etapa se caracterizó por la alternancia en el poder entre la Unión Liberal y el Partido Moderado. Hubo una relativa estabilidad política hasta que progresistas y demócratas recurrieron a los pronunciamientos debido a las crisis de subsistencia, la crisis financiera y protestas estudiantiles como «la noche de San Daniel».
Finalmente, se firmó el Pacto de Ostende, cuyo objetivo era derrocar a Isabel II y convocar una Asamblea Constituyente por sufragio universal. El reinado de Isabel II concluyó cuando el general Prim encabezó el movimiento que llevó a la reina al exilio en Francia.
Transformaciones socioeconómicas en el reinado de Isabel II
Paralelamente al panorama político, se produjo la sustitución de la economía feudal y la sociedad estamental por un sistema económico capitalista y una sociedad de clases. La nueva sociedad liberal se definió por la propiedad: si la poseías, pertenecías a las clases altas; si no, quedabas en las clases sociales bajas. A mediados de siglo se inició un crecimiento económico que no fue acompañado de un progreso social, lo que provocó el surgimiento del movimiento obrero.
Las desamortizaciones
La medida más importante fue la desamortización de las tierras de la Iglesia y los concejos por parte del Estado, desarrollada en dos fases:
- Desamortización de Mendizábal: iniciada en una etapa de gobierno progresista, consistió en la venta por subasta de las tierras expropiadas a la Iglesia con el fin de sanear la Hacienda, financiar la guerra contra los carlistas y crear una base de propietarios adeptos a la causa liberal.
- Desamortización de Madoz: iniciada durante el bienio progresista, además de reducir la deuda pública, pretendía modernizar la economía mediante la mejora de infraestructuras, especialmente la red de ferrocarriles.
Como consecuencias, se pusieron en cultivo grandes extensiones de tierra, se sacrificaron los intereses de los campesinos y la escasez de capital nacional provocó que la incipiente industria española dependiera de capital extranjero.
Estructura social
La revolución liberal transformó la sociedad estamental en una sociedad clasista:
- Élite: Formada por la vieja aristocracia, altas jerarquías del clero, el Ejército y la alta burguesía. Eran conservadores y defensores del libre mercado.
- Clases medias: Pequeños propietarios rurales, funcionarios, comerciantes y empresarios. Tendían a ser conservadores y apegados a la religión católica.
- Minorías intelectuales: Estudiantes, profesores y periodistas que impulsaron el partido demócrata y el republicanismo.
- Clases populares: Campesinos con poco poder adquisitivo y, progresivamente, la nueva clase obrera industrial y trabajadores del sector servicios.
El Sexenio Democrático (1868-1874)
La Revolución de 1868, o «La Gloriosa», comenzó en Cádiz cuando el almirante Topete, junto a los generales Prim, Serrano y Dulce, se sublevaron. Tras la derrota de las tropas leales en la batalla de Alcolea, Isabel II se exilió. Se formaron Juntas Revolucionarias por todo el país y se estableció un Gobierno provisional presidido por Serrano.
Esta etapa se caracterizó por:
- Reformas: Libertad de asociación e imprenta, sufragio universal, libertad de cultos y desamortización minera.
- Constitución de 1869: Primera constitución democrática de la historia de España.
- Conflictos: Guerra en Cuba, reorganización del movimiento obrero, insurrección carlista y movimientos republicanos.
En 1870, Amadeo de Saboya fue elegido rey, pero su reinado fue inestable debido a la oposición de las clases tradicionales, carlistas y republicanos. Tras su abdicación, se proclamó la Primera República, marcada por la revolución cantonalista. El gobierno de Salmerón reprimió el movimiento, pero el golpe de Estado del general Pavía disolvió las Cortes. Finalmente, el general Martínez Campos proclamó rey a Alfonso XII en Sagunto, dando paso a la Restauración borbónica.

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