02 Ene

La Constitución de 1812

La Constitución de 1812

El 19 de marzo de 1812 los diputados aprobaron la primera Constitución de la historia de España, más conocida como la Pepa por coincidir con la festividad de San José. En el texto destacaron los siguientes postulados:

Sistema político

  • Cámara única: asumiría el poder legislativo como representante de la soberanía nacional. Sus integrantes serían elegidos a través del sufragio universal indirecto y masculino para los mayores de 25 años.
  • Monarquía constitucional: la Corona sería hereditaria según el orden sucesorio tradicional; tendría limitadas sus competencias y no dispondría de capacidad para disolver las Cortes. Por el contrario, el rey tendría capacidad legislativa y disfrutaría de los principios de irresponsabilidad e inviolabilidad.

Poderes del Estado

El poder ejecutivo: recaía sobre un gobierno formado por siete secretarios de despacho que respondían ante las Cortes y el rey.

Desarrollo de la administración local: correspondería tanto a los ayuntamientos, con funciones de beneficencia y obras públicas, como a las provincias, entendidas como ámbito administrativo y electoral. Para representar al Estado existía un jefe político nombrado por el rey y una diputación, cuya función era el gobierno económico de la provincia.

Soberanía

Soberanía nacional: la soberanía recaía en la nación española, compuesta por los españoles de ambos hemisferios, lo que concedía igualdad de derechos a los ciudadanos de América y de España como miembros de una única nación.

Derechos y libertades

b) Derechos y libertades

La Constitución no los recoge de forma sistemática; sin embargo, muchos derechos aparecen de forma salpicada en distintos artículos:

  • Se establece la igualdad civil al imponer una ley igual para todos los ciudadanos, lo que pone fin al sistema de privilegios y a la sociedad estamental, aunque reconoce los fueros del ejército y de la Iglesia.
  • Se reconoce el derecho al sufragio en las condiciones ya citadas.
  • Aunque se establece el derecho a la libertad de imprenta, se excluyen los textos religiosos.
  • No se reconoce la libertad de culto, pues se reconoce como única religión de la nación española la católica y se prohíbe el ejercicio de cualquier otra. Estos dos artículos fueron una concesión hecha a los diputados absolutistas para conseguir que la Constitución fuera aprobada.
  • Se protege la propiedad individual, siguiendo las ideas del liberalismo económico propias de la burguesía, que defiende la igualdad civil pero no necesariamente la igualdad económica. Pretendía acabar con el sistema de propiedad del Antiguo Régimen y someter la propiedad a las leyes del libre mercado, lo que no ocurría en el caso de las propiedades comunales o de las propiedades amortizadas.

La Constitución de 1812 es una constitución típicamente burguesa que acaba con el sistema político, social y económico del Antiguo Régimen para establecer otro de carácter liberal que asegura el control político, intelectual y económico a la burguesía. Cuando regresó Fernando VII, todos los que estaban en contra de la Constitución se unieron al rey para acabar con ella. Su vigencia será, por ello, muy limitada: dos años entre 1812 y 1814, en los que apenas dio tiempo a imponerse —no hay que olvidar que España estaba ocupada por los franceses—; y tres años durante el Trienio Liberal (1820-1823).

El reinado de Fernando VII: liberalismo frente a absolutismo

5.3 El reinado de Fernando VII: liberalismo frente a absolutismo. El proceso de independencia de las colonias americanas

1.ª etapa: El sexenio absolutista (1814-1820)

Mientras Fernando VII permanecía prisionero en Francia, el pueblo español, en nombre del rey, había redactado la Constitución de 1812, que acababa con el sistema del Antiguo Régimen y recortaba ampliamente los poderes del rey. Sin embargo, los diputados absolutistas, la Iglesia y buena parte del pueblo no aceptaban el nuevo régimen, lo que condujo a la división de los españoles en dos grupos: los absolutistas y los liberales.

Cuando Fernando VII, tras su liberación por el Tratado de Valençay en 1814, llegó a Valencia fue recibido por un grupo de militares y diputados absolutistas (llamados “serviles”) que le entregaron el Manifiesto de los Persas; en él se rechazaba rotundamente la legislación surgida en Cádiz y se abogaba por disolver las Cortes. En vista del apoyo de estos diputados, Fernando VII dio un golpe de Estado y promulgó el Decreto de Valencia (1814), que declaró ilegal la convocatoria de las Cortes y dio por abolida toda su labor legislativa.

Sin embargo, la vuelta total al Antiguo Régimen, tal y como pretendían los más conservadores, ya no era posible, y lo que hizo Fernando fue volver a un sistema similar al de 1808, un despotismo ilustrado en el que el rey gobernaba con la ayuda de ministros. Eso provocó el descontento tanto de los absolutistas como de los liberales y de parte del ejército. El descontento de estos últimos cristalizó en una serie de pronunciamientos militares —casi una veintena—, la mayoría fracasados, que intentaban acabar con el sistema político mediante las armas.

En 1820 el coronel Rafael de Riego inició un alzamiento en Cabezas de San Juan (Sevilla) en defensa de la Constitución de 1812. Aunque en un primer momento no tuvo mucho seguimiento, pronto se le unieron tropas que iban a embarcar para sofocar la sublevación americana. La rebelión se extendió por otras ciudades, Fernando VII se vio obligado a capitular y, en marzo, juró la Constitución de 1812. La victoria de la revolución supuso la vuelta al régimen de 1812 durante tres años, en el llamado Trienio Constitucional.

2.ª etapa: El Trienio liberal o constitucional (1820-1823)

Este periodo se caracterizó por la agitación política constante y la oposición al gobierno liberal. Por un lado, estaba el rey, que utilizó todos los recursos disponibles para poner obstáculos a las reformas liberales y comenzó a pedir secretamente una intervención extranjera. Además, se crearon partidas guerrilleras organizadas por la aristocracia y el clero; incluso los absolutistas instalaron la Regencia de Urgel, que pretendía actuar como gobierno legítimo mientras durara la “cautividad” del rey por los liberales, y que finalmente fue disuelta por el ejército.

Por otro lado, los propios liberales se dividieron en dos grupos enfrentados: los moderados o doceañistas, dispuestos a introducir reformas en la Constitución que la hicieran más conservadora; y los radicales, exaltados o veinteañistas, que querían mantenerla y buscaban una política más progresista.

Ante el temor de que la revolución se extendiera al resto de Europa, los miembros de la Santa Alianza (Austria, Prusia, Rusia y Francia) se reunieron en el Congreso de Verona y encargaron a Francia enviar un ejército, los Cien Mil Hijos de San Luis. El gobierno y las Cortes se refugiaron en Cádiz con el rey, pero el ejército francés apenas encontró resistencia. El 30 de septiembre de 1823 Fernando VII fue restaurado en el trono y la Constitución fue nuevamente abolida, finalizando el Trienio.

3.ª etapa: La Década Ominosa (1823-1833)

Se impuso nuevamente el régimen absolutista e inició una brutal represión contra los liberales. Sin embargo, poco a poco el régimen absolutista se moderó, buscando cierta modernización. Esta vez no se restauró la Inquisición e incluso Fernando contó con algunos ministros reformistas. Los absolutistas más radicales quedaron decepcionados y formaron un partido en torno al hermano de Fernando, Carlos María Isidro, con el apoyo de una Iglesia recelosa de la pérdida de su influencia.

En 1830 nació la primera hija de Fernando y de María Cristina de Nápoles, Isabel. Esto desencadenó una lucha en la corte entre los partidarios de Don Carlos (hasta entonces único heredero) y los de María Cristina y su hija. Como los partidarios de Don Carlos estaban ya bien definidos (absolutistas radicales), la reina buscó apoyos entre los liberales dirigidos por Cea Bermúdez.

Las Leyes de Partidas, derogadas por la Ley Sálica en el siglo XVIII, habían sido puestas de nuevo en vigor por Carlos IV en 1789 mediante una Pragmática Sanción, votada en Cortes pero no publicada, lo que dificultó su aplicación. Esta confusa situación hizo que tanto los partidarios de Carlos como los de Isabel se consideraran con legítimos derechos. Fernando publicó la Pragmática Sanción, pero eso no hizo que el partido carlista abandonara sus pretensiones. En 1833 el rey murió; Isabel fue reconocida como heredera y su madre como regente, quien comenzó a gobernar con los liberales. Los carlistas no aceptaron la situación y pusieron en marcha una guerra civil.

El proceso de emancipación de las colonias americanas

El proceso de emancipación de las colonias americanas

La sublevación en Iberoamérica fue dirigida por los criollos, descendientes de españoles nacidos en América, que apenas llegaban a la quinta parte de la población aunque eran el grupo dominante; enriquecidos por el comercio y sus propiedades territoriales, estaban descontentos de su situación frente a España, que seguía manteniendo el monopolio político y económico que les impedía el libre comercio. Las nuevas ideas ilustradas que se difundieron en la segunda mitad del siglo XVIII avivaron el descontento y propagaron las ideas de libertad. Además tenían el ejemplo de la independencia de Estados Unidos, país que les apoyaba decididamente.

Entre 1810 y 1814, cuando se produjo el vacío de poder debido a la Guerra de la Independencia en España, en América también empezaron a crearse juntas, muchas de las cuales apostaron por la independencia. Así comenzaron guerras civiles entre quienes eran partidarios de la secesión y quienes querían seguir con España. Concluida la Guerra de la Independencia, Fernando VII respondió a los secesionistas con el envío de un ejército que logró pacificar algunos territorios pero no consiguió evitar la independencia de Argentina y Paraguay.

Entre 1814 y 1824 la intransigencia de la metrópoli ante la posibilidad de realizar cambios y la tendencia a solventar cualquier problema mediante las armas provocó una segunda campaña en la que destacaron Simón Bolívar y José de San Martín. Los libertadores prosiguieron su avance hasta que en 1824 se produjo la batalla de Ayacucho, en Perú. Así, España quedó relegada claramente a un papel secundario y perdió un gran mercado. Para América fue una revolución política pero no necesariamente social. Las nuevas fronteras fueron las de la administración española, rompiendo el sueño de Bolívar de crear unos Estados Unidos de América del Sur. Además, se produjo una nueva dependencia económica, pero ahora de ingleses y norteamericanos. Los nuevos países tuvieron que hacer frente, además, a las luchas entre liberales y conservadores.

Para España supuso la pérdida de su mercado exterior más importante, pasando a ser una potencia de segundo orden.

Causas y contexto

Causas: la alianza hispano-francesa al final del reinado de Carlos IV se tradujo en una gran influencia del emperador francés Napoleón en la política española. Prueba de ello fue el Tratado de Fontainebleau, firmado en 1807, por el que se permitió la entrada en España del ejército francés con el pretexto de atacar a Portugal para debilitar a Gran Bretaña. Mientras las tropas napoleónicas se adentraban en España, el 19 de marzo de 1808 se produjo el episodio clave de la crisis de la monarquía: el motín de Aranjuez. En él, soldados, campesinos y sirvientes del palacio, apoyados por los sectores afines al príncipe Fernando, provocaron la caída de Godoy y obligaron a Carlos IV a abdicar a favor de su hijo, el futuro Fernando VII. Sin embargo, Napoleón no reconoció a Fernando VII y Carlos IV se arrepintió de su abdicación.

Paralelamente, tropas francesas al mando del general Murat entraban en Madrid. Napoleón convenció a Carlos IV y a Fernando VII para que viajaran a Bayona con el fin de resolver sus diferencias. Una vez allí, les obligó a traspasarle el trono mediante las abdicaciones de Bayona. Por estas abdicaciones, la Corona pasó de las manos de Fernando VII a las de Carlos IV y acabó en las del hermano de Napoleón, José I Bonaparte, quien, como nuevo rey, promulgó el Estatuto de Bayona, una carta otorgada que pretendía modernizar las estructuras políticas españolas tomando como modelo el sistema francés.

El 2 de mayo de 1808, cuando los miembros de la familia real española intentaban abandonar el Palacio de Oriente en dirección a Francia, el pueblo madrileño se amotinó y, pocas horas después, el general Murat reprimió la revuelta fusilando a centenares de personas como escarmiento.

Deja un comentario