26 Feb

El conflicto central: Autoridad frente a Libertad

Se ha dicho que el tema central de la obra es el enfrentamiento entre el principio de autoridad y el principio de libertad. Por un lado, Bernarda representa una vida dominada por las apariencias, las convenciones sociales y la moral tradicional basada en el despotismo, la represión y el autoritarismo: impone un luto de ocho años, prohíbe que sus hijas se relacionen con hombres, restablece el orden cada vez que sus hijas discuten y somete a su disciplina a todas las mujeres que viven bajo su techo.

Frente a ella, reclaman libertad para pensar, opinar y actuar la abuela —quien se rebela a través de la locura, su única vía de escape— y las hijas rebeldes, Martirio y, sobre todo, Adela; las otras se resignan. Adela, por su parte, lleva un abanico verde y rojo, se pone un vestido verde, mantiene relaciones clandestinas con Pepe el Romano, se enfrenta a su madre y le rompe el bastón. Su suicidio, forma extrema de rebelión, tambalea y cuestiona el universo de Bernarda, pero no lo destruye: sus últimas palabras ordenando silencio restituyen el orden. De este tema central se derivan otros de carácter más secundario:

Sociedad opresiva e hipócrita

Todos actúan de manera hipócrita, ocultando sus verdaderos sentimientos por miedo o vergüenza, y hacen cosas que no harían si no estuvieran sometidas a tanta presión por las habladurías, «el qué dirán», lo que crea un ambiente de tensión continua.

Represión sexual y el peso de la tradición

La actitud opresiva de Bernarda, que encierra a sus hijas y prohíbe la entrada de hombres en su casa impidiendo cualquier relación amorosa, hace que con la llegada de Pepe el Romano florezcan las pulsiones sexuales reprimidas, desatando la tragedia. Además, las referencias al amor sensual son constantes: la criada alude a ello de forma recurrente.

  • El peso de la tradición y las convenciones sociales: Bernarda impone un luto exagerado de ocho años. Todas sus hijas se resignan, excepto Adela, que piensa que no es justo que en sus mejores años de vida tenga que estar encerrada en casa; así, va en contra de las normas.
  • El matrimonio concertado: Era un tema muy típico en los pueblos. La mayoría de las mujeres con dinero y yuntas se casaban con los mejores hombres; así, Pepe el Romano se quiere casar con Angustias por el dinero que hereda de su padre.

La moral conservadora y la honra

Bernarda tiene un afán negativo por salvaguardar la honra y la decencia. Los comentarios sobre la vida de los personajes externos y las referencias a la biografía de Poncia dejan claro que este es otro de los temas centrales de la obra. La moral conservadora: la obsesión por la limpieza, la virginidad y la religión; la necesidad de aparentar y guardar las apariencias; y el temor al «qué dirán» y a la murmuración rodean a Bernarda y a sus hijas.

Clasismo y desigualdad social

Se habla del dinero y los bienes de cada uno en relación a su posición en la sociedad. Cada persona sabe en qué posición está y tiene claro que tiene la obligación de resignarse con ello. Poncia y Bernarda, por ejemplo, a pesar de llevar desde la niñez juntas, no tienen una relación de amigas, ya que Bernarda deja claro que no son del mismo estatus social. Precisamente, es ella quien reitera la importancia del estatus al hablar con desprecio de estratos inferiores: «los pobres son como los animales, parece que estuvieran hechos de otras sustancias». Así, hay una jerarquía social que marca las distancias: Bernarda le da órdenes a Poncia, esta trata con autoridad a la criada y ella humilla a la mendiga.

Marginación y opresión de la mujer

En la obra conviven mujeres de distintas clases y generaciones, pero se menciona en diversas ocasiones la «forma de hacer de las mujeres». Mientras Bernarda desempeña un rol masculino que ejerce el control sobre las familiares y las criadas, vigilando que sus hijas cumplan las convenciones sociales tradicionalmente católicas, Adela representa la rebeldía de quien no acepta los roles de género que se le asignan solo por ser mujer en base a un concepto cristiano de la honra y la decencia. Es más, aquellas mujeres que no se someten a estos dictados (como Paca la Roseta, la prostituta que contratan los segadores, y la hija de Librada) son despreciadas y sufren rechazo social. Esto no hace más que reflejar el atraso del mundo rural.

La envidia y el odio

Las hermanas, sin quererlo ni buscarlo, se ven encerradas en su casa durante ocho años. Todas ven que la única que se salva de este cruel destino es Angustias y que, encima, se lleva al mejor galán del pueblo, aunque sea por interés, con lo que el odio entre ellas se incrementa a medida que avanza la obra. Además, al mismo tiempo, este mantiene relaciones clandestinas con Adela y se convierte, asimismo, en el objeto de deseo de Martirio, configurándose de esta manera un triángulo de enemistades y envidias que desembocará en tragedia. Es significativo también el odio que sienten las criadas hacia Bernarda, con la que no guardan tampoco buena relación ni sus vecinas ni los familiares de su difunto marido.

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