14 May

1.1 Caracterización de las unidades morfoestructurales del relieve español

1. El relieve es el conjunto de formas que presenta la superficie terrestre y en España se organiza en unidades morfoestructurales. El relieve peninsular presenta una serie de rasgos básicos: tiene forma de macizo con gran anchura y costas bastante rectilíneas, una elevada altitud media debido a la presencia de altas cordilleras y una disposición periférica del relieve montañoso alrededor de la Meseta, lo que dificulta la influencia del mar hacia el interior.

El relieve se articula en torno a la Meseta, que es la unidad principal. En ella se distinguen las cuencas de las submesetas: la submeseta norte, recorrida por el Duero, y la submeseta sur, recorrida por el Tajo y el Guadiana. También aparecen penillanuras, como la zamorano-salmantina, sierras interiores como el Sistema Central y los Montes de Toledo, y cuencas sedimentarias interiores. Alrededor de la Meseta se sitúan los rebordes montañosos, mientras que fuera de ella se encuentran las depresiones exteriores del Ebro y del Guadalquivir y las cordilleras exteriores.

Evolución geológica del relieve

2. La evolución de estas unidades morfoestructurales se ha producido a lo largo de las distintas eras geológicas:

  • En la era arcaica o Precámbrico aparecieron algunos relieves muy antiguos, como zonas aisladas en la Sierra Central o los Montes de Toledo.
  • En la era primaria o Paleozoico tuvo lugar la orogénesis herciniana, que dio lugar a cordilleras que posteriormente se erosionaron formando el zócalo o macizo hespérico en el oeste, mientras que en el noreste se formó el macizo aquitano y en el sureste el macizo bético-rifeño.
  • En la era secundaria o Mesozoico no hubo orogénesis, predominando la erosión y la sedimentación; el zócalo estaba inclinado hacia el Mediterráneo, lo que permitió la entrada del mar y el depósito de materiales sedimentarios.
  • En la era terciaria tuvo lugar la orogénesis alpina, que originó los Pirineos y las Cordilleras Béticas, además de las depresiones prealpinas, los rebordes montañosos de la Meseta y la fractura del zócalo en bloques levantados y hundidos.
  • Finalmente, en la era cuaternaria se produjo el glaciarismo, que dio lugar a la formación de glaciares en las zonas de alta montaña.

El relieve como condicionante humano

3. El relieve actúa como un importante condicionante de las actividades humanas. El poblamiento se sitúa preferentemente en colinas, valles y llanuras. La actividad agraria se desarrolla mejor en zonas bajas y llanas. Además, el relieve proporciona recursos minerales y energéticos, influye en el transporte, ya que las montañas dificultan las comunicaciones, y constituye un importante atractivo turístico.

1.2 Estructuras del relieve interiores: La Meseta y los relieves del borde de la Meseta

1. La Meseta es una elevada llanura situada a una altitud media de entre 600 y 800 metros. Se formó en la era primaria por la erosión del macizo hespérico durante la orogénesis herciniana. Su estructura incluye:

  • Un zócalo paleozoico, formado por penillanuras como la zamorano-salmantina.
  • Sierras interiores originadas en la orogénesis alpina, como el Sistema Central, que es el más elevado, y los Montes de Toledo, de menor altura y que dividen la submeseta sur.
  • Cuencas sedimentarias interiores, formadas también en la orogénesis alpina por el hundimiento de bloques, donde se formaron antiguos lagos y por donde discurren ríos como el Duero.

Los rebordes montañosos de la Meseta también se formaron principalmente en el Terciario. El macizo galaico tiene origen en este periodo; la cordillera cantábrica presenta dos sectores: el occidental o macizo asturiano, formado por la orogénesis alpina, y el oriental, donde el plegamiento de materiales sedimentarios da lugar a relieves más complejos; el sistema ibérico se formó a partir de materiales depositados por el mar, con mayores alturas en el norte y una división en ramas en el sureste; y Sierra Morena actúa como un escalón que separa la Meseta del valle del Guadalquivir.

Litología y formas de modelado

2. La Meseta está formada por rocas antiguas. El zócalo presenta penillanuras suavemente inclinadas; las sierras interiores están formadas por roquedo primario; y en las cuencas sedimentarias aparecen formas de relieve como páramos (superficies planas y elevadas), campiñas (llanuras bajas recorridas por ríos) y cuestas (zonas inclinadas). En los rebordes montañosos, el macizo galaico presenta materiales no paleozoicos, la cordillera cantábrica combina materiales de distinta dureza que originan relieves apalachenses en su sector oriental, el sistema ibérico está formado por materiales calizos y Sierra Morena por roquedo paleozoico.

1.3 Estructuras del relieve exteriores a la Meseta y relieve insular: Depresiones, cordilleras y sistemas

1. Las depresiones exteriores a la Meseta se formaron en el Terciario:

  • La depresión del Ebro ocupa el espacio de un antiguo macizo que primero fue ocupado por el mar, después se convirtió en un lago y finalmente el río Ebro abrió salida hacia el mar.
  • La depresión del Guadalquivir, paralela a las Cordilleras Béticas, también estuvo inicialmente abierta al mar, luego se transformó en un lago y más tarde en marismas pantanosas.

Las cordilleras exteriores a la Meseta se formaron durante la orogénesis alpina en el Terciario:

  • Los Pirineos presentan una zona axial con las mayores alturas, como el Aneto, los Prepirineos en la zona sur y una depresión media que separa ambas áreas.
  • Los Montes Vascos prolongan los Prepirineos y tienen una altitud moderada.
  • La cordillera costero-catalana se divide en una alineación paralela a la costa, de menor altura, y otra interior más elevada.
  • Las Cordilleras Béticas se subdividen en la cordillera penibética (próxima a la costa), la subbética (en el interior, formada por el plegamiento de materiales sedimentarios) y la depresión intrabética entre ambas.

Materiales y composición geológica

2. En la depresión del Ebro predominan materiales calizos, arcillosos y sedimentos tanto marinos como continentales, mientras que en la del Guadalquivir predominan los sedimentos marinos. En las cordilleras exteriores, los Pirineos presentan rocas resistentes en la zona axial y más erosionables en los Prepirineos; los Montes Vascos están formados por roca caliza; la cordillera costero-catalana combina materiales paleozoicos en el norte y calizos en el sur; y las Cordilleras Béticas presentan materiales paleozoicos en la penibética y materiales de distinta dureza en la subbética, que se pliegan formando mantos de corrimiento.

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