27 Abr

Objetivismo y Subjetivismo: Dos Visiones de la Realidad Social

El objetivismo, propio del positivismo de Auguste Comte y continuado por Émile Durkheim, sostiene que los fenómenos sociales deben estudiarse con el mismo rigor que los fenómenos naturales, porque la realidad está regida por leyes fijas, universales y externas al individuo. Por ello, defiende el uso de métodos cuantitativos basados en la medición, la observación empírica, los datos numéricos y los modelos estadísticos, con el objetivo de identificar patrones objetivos y verificables.

Comte planteó la Ley de los Tres Estados y promovió un análisis mecánico y determinista que rechazaba cualquier interpretación subjetiva, llegando incluso a excluir inicialmente a las ciencias sociales por considerarlas demasiado influenciadas por la subjetividad. Durkheim retomó esta tradición desde un neopositivismo más matizado: definió los “hechos sociales” como realidades externas y coercitivas que deben estudiarse de forma objetiva. Mediante investigaciones empíricas sobre la división del trabajo, la anomia o el suicidio, mostró cómo los procesos sociales influyen en la cohesión colectiva. Aunque reconoció ciertos límites del positivismo, mantuvo la idea de que la sociedad puede estudiarse científicamente mediante leyes generales.

El subjetivismo, representado por Wilhelm Dilthey, sostiene que la realidad social no puede comprenderse sin atender a la dimensión interna de las personas: sus valores, emociones, motivaciones, creencias e interpretaciones. Para este enfoque, los fenómenos sociales no pueden reducirse a datos cuantificables, porque el comportamiento humano está cargado de significados y experiencias personales que solo pueden captarse mediante métodos cualitativos.

Dilthey defendía que el investigador debe comprender desde dentro la vivencia de los sujetos, ya que la sociedad no funciona como un mecanismo natural regido por leyes inmutables, sino como una construcción de sentidos. Ejemplos como el suicidio muestran que no basta con analizar causas externas: es necesario integrar la subjetividad para entender por qué una persona actúa de una manera determinada. Desde esta perspectiva, la única forma completa de estudiar un fenómeno social es combinar su dimensión objetiva con la subjetiva, pues sin esta última el análisis queda incompleto.

Explicar frente a Comprender: El Dualismo Metodológico

En las ciencias sociales, explicar (Erklären) significa identificar relaciones causales entre fenómenos siguiendo el modelo positivista, que aplica a la sociedad los mismos principios que a las ciencias naturales. Este enfoque, heredado de Francis Bacon, se basa en la inducción, es decir, en observar hechos particulares para formular leyes generales capaces de predecir comportamientos futuros. Autores como Comte, Durkheim, Weber o Marx utilizaron este método para buscar regularidades y patrones estables en la vida social.

Sin embargo, este tipo de explicación incurre en la llamada trampa positivista: creer que basta con encontrar correlaciones o estadísticas para comprender un fenómeno, ignorando la complejidad subjetiva y contextual de las acciones humanas. Un ejemplo es explicar el voto de Monsieur Rouget únicamente por su condición de obrero, reduciendo su decisión a una regularidad estadística y dejando fuera elementos personales como su historia, valores, creencias o experiencias. Así, la explicación positivista aporta claridad causal, pero corre el riesgo de simplificar en exceso la realidad social.

El concepto de comprender (Verstehen) surge como respuesta a las limitaciones del positivismo y sostiene que la acción social solo puede entenderse si se capta el sentido subjetivo que los actores atribuyen a lo que hacen. Para Max Weber, comprender significa interpretar las motivaciones, valores, expectativas y significados que guían la conducta humana, ya que las personas actúan orientándose hacia otros y considerando normas y contextos.

Weber afirma que la sociología debe primero comprender interpretativamente la acción social y, después, explicar causalmente sus consecuencias, combinando así subjetividad y causalidad. Además, distingue entre:

  • Comprensión existente: Basada en datos cuantitativos.
  • Comprensión interpretada: Basada en significados cualitativos.

Una vez alcanzada la comprensión, se llega a la evidencia, que permite formular una explicación que puede ser racional (lógica y causal) o endopática (afectiva y empática). Para Weber, comprender y explicar no son procesos opuestos, sino complementarios: comprender permite captar el sentido interno de la acción, y explicar permite relacionarla con sus efectos dentro del sistema social.

Epistemología: De la Doxa a la Episteme

La epistemología es la rama de la filosofía que estudia el conocimiento: su origen, su validez, sus límites, sus métodos y la relación entre el sujeto que conoce y el objeto conocido. Procede de los términos griegos episteme (conocimiento verdadero) y logos (teoría), lo que refleja su objetivo central: analizar qué significa conocer, cómo se construye el conocimiento y qué criterios permiten distinguir una opinión de un saber fundamentado.

La epistemología se pregunta qué fuentes del conocimiento existen, qué grado de certeza podemos alcanzar y qué condiciones debe cumplir un saber para ser considerado científico. Sus raíces se encuentran en los filósofos clásicos Sócrates, Platón y Aristóteles, quienes introdujeron la distinción fundamental:

  • La Doxa: Se refiere a un saber inmediato, intuitivo y cotidiano, basado en impresiones, experiencias personales, costumbres o sentido común. Es un conocimiento acrítico, desordenado y muchas veces contradictorio, que no sigue un método ni un proceso de verificación. Equivale a la opinión.
  • La Episteme: Representa un conocimiento riguroso, sistemático y crítico, construido mediante métodos que permiten analizar, interpretar y contrastar la información. No se limita a recoger datos superficiales, sino que los somete a reflexión, argumentación y validación, lo que la convierte en el verdadero conocimiento científico.

Aunque parte de la doxa —porque todo conocimiento comienza con percepciones iniciales—, la supera al transformarla en un saber fundamentado, coherente y ordenado. En conjunto, la epistemología estudia cómo se produce esta transformación del saber intuitivo al conocimiento científico y qué criterios permiten distinguir entre una simple opinión y un conocimiento crítico y fundamentado.

El Estatus Científico del Trabajo Social

El Trabajo Social como Ciencia

Autores como Kisnerman, Moix, Natividad de la Red y Ruse defienden que el Trabajo Social es una ciencia, ya que utiliza el método científico, posee una base teórica y epistemológica, y maneja un conjunto de conceptos propios. Además, cuenta con bibliografía específica, una filosofía y un código deontológico propios, así como un enfoque de investigación y práctica estructurada. Estos autores argumentan que tiene un objeto de estudio propio y sigue un procedimiento científico al formular objetivos e hipótesis, verificarlas mediante investigación y obtener resultados sistematizados.

El Trabajo Social como Tecnología

Autores como Ezequiel Ander-Egg, García Salord y Ana Lima sostienen una postura crítica. Según ellos, el Trabajo Social no tiene teorías propias, sino que depende de otras disciplinas para desarrollar su conocimiento y práctica. Este enfoque sostiene que su estatus es más cercano al de una tecnología que al de una ciencia pura, señalando que su ubicación microestructural hace que su visión esté parcializada. No obstante, reconocen que la disciplina ha evolucionado hacia el uso de herramientas técnicas y colaborativas avanzadas.

El Trabajo Social como Arte

Autores como Mary Richmond, Mario Bunge, Ricardo Hill y Manuel Moix defienden que, aunque el Trabajo Social es una ciencia, el profesional debe incorporar también el arte en su práctica. Para ellos, requiere destrezas, habilidades, imaginación y la capacidad de aplicar técnicas con maestría. Consideran que la práctica debe ser menos tecnológica y más humana, poniendo énfasis en la vocación, la creatividad y la destreza para adaptar los conocimientos a las necesidades de cada individuo.

El Objeto del Trabajo Social: Construcción y Vivencia

El objeto del Trabajo Social es la realidad concreta sobre la que la profesión actúa para conocerla, interpretarla y transformarla. No es un objeto fijo, sino una construcción social que depende de cómo la sociedad define el malestar y cómo las instituciones organizan los recursos. Berger y Luckmann explican que la realidad social es una construcción cotidiana objetivada mediante el lenguaje; por tanto, el objeto del Trabajo Social tiene una dimensión subjetiva e ideológica.

Teresa Zamanillo propone delimitar el objeto desde dos perspectivas complementarias:

  1. Génesis: Las estructuras sociales que producen pobreza, dependencia o exclusión.
  2. Vivencia: El sufrimiento subjetivo que altera la vida cotidiana y las relaciones.

Para actuar con rigor, la profesión necesita construir una distancia crítica. Metodológicamente, esto implica reconocer la participación del observador, investigar los significados desde la perspectiva de los sujetos y priorizar la comprensión de actitudes y valores. La intervención debe generar una doble devolución: hacia la sociedad (para influir en la construcción del malestar) y hacia la propia disciplina (para reflexionar sobre la práctica).

Paradigmas en las Ciencias Sociales

Un paradigma es un marco conceptual que organiza la forma en que entendemos la realidad. Proviene de parádeigma (“mostrar”) y funciona como una herramienta que guía la investigación y la práctica profesional. Como señala Daniel Bell, nombrar la realidad implica interpretarla; cada paradigma hace visible una parte de la realidad, pero nunca su totalidad.

  • Thomas Kuhn: Define el paradigma como realizaciones científicas aceptadas que sirven de modelo durante un periodo histórico.
  • Robert Merton: El paradigma actúa como un esquema referencial que evita supuestos tácitos.
  • Margaret Masterman: Distingue tres dimensiones: filosófica (visión del mundo), sociológica (comunidad científica) y científica (problemas resueltos).

En ciencias sociales, los paradigmas pueden ser macro (holísticos) o micro (individualistas). Los tres grandes enfoques son el funcionalista, el conflictivista y el hermenéutico, los cuales influyen en cómo se define el malestar y cómo se interviene.

Modelos de Intervención según Hollis y Howe

Para Hollis, la epistemología social se organiza en cuatro enfoques basados en el debate entre holismo/individualismo y explicación/comprensión:

  • Sistemas (Holismo-Explicación): La sociedad como estructuras que determinan la conducta.
  • Agentes (Individualismo-Explicación): Centrados en la elección racional.
  • Juegos (Holismo-Comprensión): Sujetos que interpretan reglas dentro de estructuras.
  • Actores (Individualismo-Comprensión): Foco en la subjetividad y roles personales.

A partir de esto, Howe identifica cuatro paradigmas de intervención:

  1. Funcionalistas: Ven la conducta como regular y reparable; la desviación es patología.
  2. Interpretativistas: La realidad solo se comprende desde la subjetividad de los implicados.
  3. Humanistas radicales: Combinan subjetividad y crítica social contra la alienación capitalista.
  4. Estructuralistas radicales: Enfoque marxista; la realidad está determinada por estructuras económicas.

Metodología: Inducción, Deducción y Tradiciones Científicas

El inductivismo y el deductivismo son enfoques complementarios. El inductivismo parte de casos particulares para formular leyes generales, mientras que el deductivismo parte de teorías generales para llegar a conclusiones particulares. En el Trabajo Social, ambos se combinan para generar conocimiento sólido.

Los paradigmas dominantes tienen su origen en dos tradiciones:

  • Tradición Aristotélica: Enfoque inductivo y teleológico (centrado en los fines y causas). Es una visión más hermenéutica y conflictivista.
  • Tradición Galileana: Enfoque deductivo, racional y verificable. Se interesa por el “cómo” (leyes y regularidades), inaugurando una ciencia cuantitativa y funcional.

Positivismo vs. Hermenéutica

El positivismo (Comte) sostiene que el único conocimiento válido es el basado en hechos observables, defendiendo el monismo metodológico y el principio de Erklären (explicar). En contraste, la hermenéutica se centra en la interpretación de los fenómenos humanos y el Verstehen (comprender). Autores como Dilthey, Weber y Simmel sostienen que es necesario comprender cómo los actores construyen significados en la interacción social.

El Progreso de la Ciencia: Popper, Kuhn y Feyerabend

El conocimiento científico no avanza de forma lineal:

  • Karl Popper (Falsacionismo): La ciencia progresa sometiendo teorías a pruebas que puedan refutarlas. El conocimiento es siempre provisional.
  • Thomas Kuhn (Revoluciones Científicas): El avance ocurre mediante rupturas. Los periodos de «ciencia normal» terminan en crisis que dan lugar a nuevos paradigmas.
  • Paul Feyerabend (Anarquismo Epistemológico): Defiende el pluralismo metodológico. No existe un método único; la ciencia avanza gracias a la creatividad y la diversidad de enfoques. Critica la alianza de la ciencia con el Estado por limitar la pluralidad de saberes.

Deja un comentario