10 Ago

APOLO Y DAFNE: Obra: Apolo y Dafne
Autor: Gian Lorenzo Bernini (1598-1680)
Fecha: Siglo XVII (1622-1625)
Estilo: Barroco
Material: Mármol
.La escultura de bulto redondo realizada entre 1621 y 1623 en mármol blancopor el escultor barroco italiano Bernini representa al grupo de Apolo y Dafne. Está realizada a tamaño real.
En este grupo se representa el mito de Apolo y Dafne.
El dios Apolo ha sido tocado por una flecha de Eros que inunda de amor al dios por la ninfa Dafne, hijo del dios-río Peneo. Pero este amor no es correspondido, por lo que Apolo la persigue. La ninfa, viéndose acosada invoca al dios Peneo, su padre, para que le libere de esa situación, y este la convierte en laurel ante los atónitos ojos de Apolo.
El tema está tomado de la mitología clásica griega, más en concreto de laMetamorfosis de Ovidio.
Por eso el laurel es la planta dedicada a Apolo, y con una corona de estas hojas se coronaba a los vencedores en los juegos griegos.
La obra es profundamente barroca. Las dos figuras forman una línea diagonal muy clara que forman los brazos del dios y de la ninfa; con ello se consigue un espacio abierto, dinámico, que obliga al espectador, si quiere contemplar la obra en su totalidad, a dar la vuelta en torno a ella. La ocupación del espacio tridimensional es manifiesto. También es barroco el representar una obra en el momento mismo en que ocurre la escena, movimiento en acto, frente al movimiento anterior o posterior preferido durante el Renacimiento.Hay una clara contraposición entre Apolo, con su cara de asombro y perpejidad ante lo que está viendo, y la cara de Dafne, en la que la incredulidad y el horror ante lo que la está sucediendo. Apolo es representando como un joven delgado y andrógino, inspirado en el Apolo Belvedere, obra helenística o copia romana. El distinto tratamiento que da Bernini a la superficie del mármol contribuye a dar mayor realismo y crudeza a la escena.El canon de las dos figuras es el clásico de siete cabezas y media.

Sobre lienzoAunque hace años que esta obra se conoce como las


Meninas, en el inventario de 1734 se le cataloga como Familia de Felipe IV.
Está realizada en plena madurez del pintor.En primer plano está la infanta Margarita, de cinco años, a tamaño natural, acompañada de dos sirvientas (meninas). Una es María Agustina Sarmiento, reclinada ante la infanta según el protocolo de palacio, que ofrece agua en un búcaro, pequeña vasija de arcilla porosa y perfumada que refrescaba el agua. La otra es Isabel de Velasco, de pie, en actitud de reverencia, que lleva falda o basquiña de guardainfante.
Mari Bárbola es la enana hidrocéfala que vemos a la derecha.
Nicolasito Pertusato, junto a su mastín, es un enano de origen noble del Ducado de Milán. Detrás del gran lienzo que se encuentra a nuestra izquierda está el autorretrato de Velázquez. A nuestra derecha se encuentranMarcela de Ulloa, vestida de viuda, encargada de cuidar y vigilar a las doncellas que rodeaban a la infanta Margarita. El que está a su lado, medio en penumbra, del que no se sabe el nombre, es un guardacamas.
En la puerta abierta del fondo está José Nieto, aposentador de la reina. Y, finalmente, el reyFelipe IV y su esposa Mariana de Austria aparecen reflejados en un espejo colocado en el centro y fondo del cuadro.
La escena se desarrolla en el interior de una habitación del Real Alcázar de Madrid, residencia de los Reyes en aquel momento y hoy desaparecido. Al fondo se observan cuatro cuadros que había en esa estancia: dos detrás de Velázquez, apenas identificables, y otros dos en la parte alta de la habitación. Recogen temas de las metamorfosis de Ovidio.No está claro entre los críticos qué representa el cuadro.

Parece el retrato de la infanta

Margarita acompañada de sus dos sirvientas y otros personajes. Pero también podría ser el retrato de los reyes de España, Felipe IV y su esposa, Mariana de Austria, reflejados en el espejo del fondo. Pero, ¿está pintando Velázquez a los reyes en el lienzo que no vemos pero que se reflejan en el espejo del fondo?, o ¿son los reyes que entran a ver cómo va la sesión de pintura que Velázquez realiza a su hija y por eso se reflejan en el espejo del fondo? O, como dice Michel Foucault, ¿se trata de un juego intelectual que Velázquez hace al espectador para que sea éste el que participe activamente en el cuadro? En todo caso, es un cuadro complejo de comentar y nada fácil, como corresponde a una obra que se coloca en el más alto grado de la pintura universal.La composición del cuadro está muy equilibrada.
La mitad inferior se ocupa con los personajes, en una posición tan bien estudiada que no precisó de ajustes o modificaciones sobre la marcha, con un movimiento dinámico entre todos ellos; la mitad superior se llena con una progresiva penumbra. La disposición elegida y la armonía de los tonos consiguen la naturalidad que le confiere la sensación de reflejar una acción improvisada y de lo más natural pero captada fugazmente.Velázquez usa dos tipos de perspectivas en este cuadro. Por un lado está la tradicional de la perspectiva lineal, que se había instaurado en el renacimiento. La profundidad del ambiente se acentúa con la alternancia de las jambas de las ventanas y los marcos de los cuadros colgados en la pared derecha; también con la secuencia en perspectiva de las arañas para colgar lámparas del techo. Además usa de la perspectiva aérea que Velázquez consigue de modo magistral. Para ello, ilumina la zona más cercana al espectador, donde está la infanta y sus ayudantas, con la luz que entra por una ventana que está a nuestra derecha y que no se ve. El amplio espacio que hay detrás lo deja en penumbra a la vez que desenfoca las figuras de Marcela de Ulloa y el guardacamas. El tercer foco de luz se encuentra en la puerta del fondo; luz que se proyecta hacia el espectador, haciendo que éste vaya con la vista del primer foco de luz a esta último. De esta forma consigue dar la sensación de que entre los personajes hay un espacio de «aire» que los difumina a la vez que los aúna a todos ellos. Esta misma sensación se encuentra en otras obras de Velázquez, como en Las Hilanderas, por ejemplo. Así se confirma que Velázquez fue un maestro en el tratamiento de la luz.Velázquez llega en su madurez a una simplificación de la técnica pictórica;
Se dio cuenta de que para plasmar la realidad con exactitud solo se precisaban determinadas pinceladas sin caer en el detallismo. Pinta con una dilución creciente de los pigmentos, un adelgazamiento de las capas pictóricas, una aplicación de la pincelada desenfadada, atrevida y libre. Como decía Quevedo, era un «pintor de manchas distantes». Los rivales de Velázquez, que los tenía dentro de la Corte, le acusaron de no terminar los cuadros, pero, aunque es cierto, no es un obstáculo para apreciar la maestría del pintor. Esto será después muy apreciado por los pintores impresionistas.
Velázquez empleó una gama de colores fría y con una paleta sobria y no extensa, como se puede observar en la paleta que lleva en la mano. Al aplicar las pinceladas apenas roza el lienzo, consiguiendo una textura fina, con sólo algunos puntos donde se aprecian más las pinceladas algo más gruesas. En las mangas del vestido de Velázquez y en su mano derecha se aprecia ese estilo final rápido y abocetado.La estructura espacial y la posición del espejo están dispuestas de tal manera que parece que Felipe IV y Mariana se encontraran, junto con el que contempla el cuadro, delante de la infanta y sus acompañantes. No solamente la infanta y sus sirvientes están presentes para distraer a la pareja real, o al espectador, sino que la atención de Velázquez se concentra en ellos mientras pinta su retrato. Aunque sólo se pueden ver reflejados en el espejo, la representación de la pareja real ocupa un lugar central en la pintura, tanto por la jerarquía social como por la composición del cuadro. Con todo, la posición del espectador en relación con los reyes es incierta.
La cuestión es saber si el espectador está cerca de la pareja real o si los reemplaza y contempla la escena con sus propios ojos; es una cuestión que genera polémica.Las imágenes del rey y la reina del espejo están, de manera intencionada,difusas.
Es poco probable que fuese debido a una imperfección en la óptica del espejo. Pero un efecto similar está presente en la Venus del espejo, en el que la cara del personaje se desvanece en el espejo, más allá de todo realismo. Es posible que la colocación de un espejo en el cuadro estuviera influenciada por El matrimonio Arnolfini, de Van Eyck, pues esta tela formaba parte de la colección de palacio de Felipe IV y Velázquez, sin duda, conocía muy bien esta obra.Velázquez deseaba alcanzar la nobleza, y procuró ingresar en la Orden de Santiago. Contó con el favor real, pero necesitó de la aprobación del papa Alejandro VII, al no poder demostrar la nobleza de sus antepasados, para lograrlo. Y así, en 1659, se le concedió el ingreso en la Orden de Santiago, cuya cruz roja lleva con orgullo en el pecho, quizás añadida posteriormente.
sobre lienzoAunque hace años que esta obra se conoce como las Meninas, en el inventario de 1734 se le cataloga como Familia de Felipe IV.
Está realizada en plena madurez del pintor.En primer plano está la infanta Margarita, de cinco años, a tamaño natural, acompañada de dos sirvientas (meninas). Una es María Agustina Sarmiento, reclinada ante la infanta según el protocolo de palacio, que ofrece agua en un búcaro, pequeña vasija de arcilla porosa y perfumada que refrescaba el agua. La otra es Isabel de Velasco, de pie, en actitud de reverencia, que lleva falda o basquiña de guardainfante.
Mari Bárbola es la enana hidrocéfala que vemos a la derecha.
Nicolasito Pertusato, junto a su mastín, es un enano de origen noble del Ducado de Milán. Detrás del gran lienzo que se encuentra a nuestra izquierda está el autorretrato de Velázquez. A nuestra derecha se encuentranMarcela de Ulloa, vestida de viuda, encargada de cuidar y vigilar a las doncellas que rodeaban a la infanta Margarita. El que está a su lado, medio en penumbra, del que no se sabe el nombre, es un guardacamas.
En la puerta abierta del fondo está José Nieto, aposentador de la reina. Y, finalmente, el reyFelipe IV y su esposa Mariana de Austria aparecen reflejados en un espejo colocado en el centro y fondo del cuadro.La escena se desarrolla en el interior de una habitación del Real Alcázar de Madrid, residencia de los Reyes en aquel momento y hoy desaparecido. Al fondo se observan cuatro cuadros que había en esa estancia: dos detrás de Velázquez, apenas identificables, y otros dos en la parte alta de la habitación. Recogen temas de las metamorfosis de Ovidio.No está claro entre los críticos qué representa el cuadro.

Parece el retrato de la infanta

Margarita acompañada de sus dos sirvientas y otros personajes. Pero también podría ser el retrato de los reyes de España, Felipe IV y su esposa, Mariana de Austria, reflejados en el espejo del fondo. Pero, ¿está pintando Velázquez a los reyes en el lienzo que no vemos pero que se reflejan en el espejo del fondo?, o ¿son los reyes que entran a ver cómo va la sesión de pintura que Velázquez realiza a su hija y por eso se reflejan en el espejo del fondo? O, como dice Michel Foucault, ¿se trata de un juego intelectual que Velázquez hace al espectador para que sea éste el que participe activamente en el cuadro? En todo caso, es un cuadro complejo de comentar y nada fácil, como corresponde a una obra que se coloca en el más alto grado de la pintura universal.La composición del cuadro está muy equilibrada.
La mitad inferior se ocupa con los personajes, en una posición tan bien estudiada que no precisó de ajustes o modificaciones sobre la marcha, con un movimiento dinámico entre todos ellos; la mitad superior se llena con una progresiva penumbra. La disposición elegida y la armonía de los tonos consiguen la naturalidad que le confiere la sensación de reflejar una acción improvisada y de lo más natural pero captada fugazmente.Velázquez usa dos tipos de perspectivas en este cuadro. Por un lado está la tradicional de la perspectiva lineal, que se había instaurado en el renacimiento. La profundidad del ambiente se acentúa con la alternancia de las jambas de las ventanas y los marcos de los cuadros colgados en la pared derecha; también con la secuencia en perspectiva de las arañas para colgar lámparas del techo. Además usa de la perspectiva aérea que Velázquez consigue de modo magistral. Para ello, ilumina la zona más cercana al espectador, donde está la infanta y sus ayudantas, con la luz que entra por una ventana que está a nuestra derecha y que no se ve. El amplio espacio que hay detrás lo deja en penumbra a la vez que desenfoca las figuras de Marcela de Ulloa y el guardacamas. El tercer foco de luz se encuentra en la puerta del fondo; luz que se proyecta hacia el espectador, haciendo que éste vaya con la vista del primer foco de luz a esta último. De esta forma consigue dar la sensación de que entre los personajes hay un espacio de «aire» que los difumina a la vez que los aúna a todos ellos. Esta misma sensación se encuentra en otras obras de Velázquez, como en Las Hilanderas, por ejemplo. Así se confirma que Velázquez fue un maestro en el tratamiento de la luz.Velázquez llega en su madurez a una simplificación de la técnica pictórica;
Se dio cuenta de que para plasmar la realidad con exactitud solo se precisaban determinadas pinceladas sin caer en el detallismo. Pinta con una dilución creciente de los pigmentos, un adelgazamiento de las capas pictóricas, una aplicación de la pincelada desenfadada, atrevida y libre. Como decía Quevedo, era un «pintor de manchas distantes». Los rivales de Velázquez, que los tenía dentro de la Corte, le acusaron de no terminar los cuadros, pero, aunque es cierto, no es un obstáculo para apreciar la maestría del pintor. Esto será después muy apreciado por los pintores impresionistas.
Velázquez empleó una gama de colores fría y con una paleta sobria y no extensa, como se puede observar en la paleta que lleva en la mano. Al aplicar las pinceladas apenas roza el lienzo, consiguiendo una textura fina, con sólo algunos puntos donde se aprecian más las pinceladas algo más gruesas. En las mangas del vestido de Velázquez y en su mano derecha se aprecia ese estilo final rápido y abocetado.La estructura espacial y la posición del espejo están dispuestas de tal manera que parece que Felipe IV y Mariana se encontraran, junto con el que contempla el cuadro, delante de la infanta y sus acompañantes. No solamente la infanta y sus sirvientes están presentes para distraer a la pareja real, o al espectador, sino que la atención de Velázquez se concentra en ellos mientras pinta su retrato. Aunque sólo se pueden ver reflejados en el espejo, la representación de la pareja real ocupa un lugar central en la pintura, tanto por la jerarquía social como por la composición del cuadro. Con todo, la posición del espectador en relación con los reyes es incierta.
La cuestión es saber si el espectador está cerca de la pareja real o si los reemplaza y contempla la escena con sus propios ojos; es una cuestión que genera polémica.Las imágenes del rey y la reina del espejo están, de manera intencionada,difusas.
Es poco probable que fuese debido a una imperfección en la óptica del espejo. Pero un efecto similar está presente en la Venus del espejo, en el que la cara del personaje se desvanece en el espejo, más allá de todo realismo. Es posible que la colocación de un espejo en el cuadro estuviera influenciada por El matrimonio Arnolfini, de Van Eyck, pues esta tela formaba parte de la colección de palacio de Felipe IV y Velázquez, sin duda, conocía muy bien esta obra.Velázquez deseaba alcanzar la nobleza, y procuró ingresar eno en la Orden de Santiago, cuya cruz roja lleva con orgullo en el pecho, quizás añadida posteriormente.

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