05 Feb

El Desafío de la Educación Emocional en el Aprendizaje

Uno de los grandes retos de la educación consiste en implicar emocionalmente al alumnado en el proceso de aprendizaje.

El aprendizaje debería ser emocionante, lo cual significa que las emociones entran en el aula. De ello se deriva la motivación, ya que emoción y motivación se pueden considerar como anverso y reverso de la misma moneda.

El Analfabetismo Emocional y sus Consecuencias

A lo largo del siglo XX, la educación se ha centrado en el desarrollo cognitivo y en la adquisición de conocimientos.

Sin embargo, los grandes problemas de la sociedad actual tienen que ver con el analfabetismo emocional: ansiedad, estrés, depresión, suicidios, consumo de drogas, violencia, comportamientos de riesgo, etc. Las emociones predisponen o impiden el aprendizaje.

Emociones Positivas vs. Negativas

Todas las emociones predisponen a algún tipo de acción. El reto de la educación es suscitar emociones que predispongan al aprendizaje. Las emociones negativas nos llegan inevitablemente. En cambio, las emociones positivas hay que buscarlas, crear contextos que favorezcan su aparición, proponérselo y a veces esforzarse.

La formación emocional en la práctica educativa no es ni fácil ni sencilla. Se requiere coraje, formación, competencias y un cambio de actitudes para enfocar la educación desde otra perspectiva.

Neurociencias y la Plasticidad del Aprendizaje

Las Neurociencias han puesto de manifiesto que lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos representa conexiones neuronales que están reestructurando continuamente la estructura neuronal en el cerebro.

Esto tiene efectos prácticos: lo que una persona está haciendo favorecerá o dificultará aprendizajes posteriores. Lo más novedoso es que esto se aplica a la experiencia emocional. Una persona que experimenta frecuentemente y de forma intensa emociones negativas, está cada vez más preparada para experimentar este tipo de emociones, y viceversa con las emociones positivas.

El Clima Emocional del Aula

En el aula pueden convivir el placer y el esfuerzo. Un aprendizaje donde la mente y el corazón, el bienestar y el esfuerzo, puedan ir de la mano será más efectivo.

Esta es una filosofía de la educación que sostiene que el mejor aprendizaje es el que nos capacita para ser felices. Se afirma que “el cerebro es el órgano del aprendizaje”. Además, en el aula se debe “renovar el aire”, lo cual es muy importante para el buen funcionamiento mental.

Tradicionalmente, las teorías del aprendizaje se han abordado desde el conductismo o, más recientemente, desde la psicología cognitiva o el constructivismo. Como continuación coherente, se presentan nuevas tendencias como la Neurodidáctica, uno de cuyos principios es que “el aprendizaje es un proceso emocional”.

Las Neurociencias son fundamentos sólidos para las propuestas prácticas, ya que las teorías de investigación en este campo fundamentan, entre otras explicaciones, la importancia del clima emocional del aula como factor explicativo de las diferencias en el aprendizaje, pues allí se establecen interrelaciones entre docente, materia y estudiante.

De la Dimensión Física a la Emocional

Pasar del contexto de aula para aprender a un “ambiente” (con clima emocional idóneo) para el aprendizaje, supone pasar de la dimensión física (fría, desde fuera) a la emocional (caliente, desde dentro). Dicho de otra forma: pasar del “estar en el aula” a “vivir el aprendizaje”, con el ambiente emocional apropiado que favorece la motivación.

Existe una diferencia muy grande entre oír y escuchar, entre ver y mirar. ¿Los estudiantes se sienten mirados y escuchados?

El Rol del Docente y la Responsabilidad del Alumno

Tú no eres responsable al cien por cien del aprendizaje de tus alumnos. Esta creencia puede producir altos niveles de ansiedad e incluso culpabilidad. Es crucial descubrir cuál es la parte de responsabilidad del docente y cómo ayudar a los alumnos, pero también cuál es la parte que le toca al alumno, pues sin ella tus mejores herramientas didácticas no producirán el efecto deseado.

Clasificación de Alumnos en el Aula

Todo docente podría dividir su clase en tres subgrupos:

  1. Primer subgrupo: Los «Buenos Alumnos»

    Son aquellos que encajan perfectamente con el estilo de enseñanza del docente y con los cuales este se siente muy a gusto, puesto que su trabajo se ve recompensado al obtener resultados excelentes. Estos alumnos participan en clase, cumplen con sus tareas, comprenden las explicaciones y se portan bien.

  2. Segundo subgrupo: Alumnos con Dificultades

    Son aquellos a los que les cuesta aprender, que no entienden las explicaciones aunque se las den una y otra vez, y que a menudo se portan mal o no prestan atención. Quizá tengan necesidades educativas especiales y requieran ayuda psicopedagógica. Aunque son la minoría, a veces su ausencia genera alivio en el docente, aun sabiendo que tiene una responsabilidad que cumplir con ellos.

  3. Tercer subgrupo: Alumnos Desinteresados o «Malos Alumnos»

    Son alumnos que no comprenden y no prestan atención, simplemente porque no quieren. Están en el aula obligados y oyen, pero muchas veces no escuchan, pues preguntan una y otra vez las cosas que acaban de ser explicadas. No tienen ningún interés en aprender lo que se les quiere enseñar, pero deben asimilar los contenidos curriculares para continuar su proceso educativo. No levantan la mano, no traen las tareas y, en ocasiones, procuran que sus compañeros no atiendan o boicotean la clase. Su presencia puede generar frustración en el docente.

Mejora de la Práctica Pedagógica

Es importante hacer una revisión de las prácticas que solemos aplicar en el aula, y comprometernos a dejar lo que es inefectivo o causa dolor emocional en los alumnos para incluir aquellas compatibles con la forma que tiene el cerebro de aprender y que permitan disfrutar del aprendizaje durante toda la vida.

Las investigaciones de la neurociencia muestran la importancia de los procesos emocionales y su influencia sobre la atención y la memoria. En realidad, no podríamos hablar de aprendizaje en ausencia de la memoria.

Existen determinadas emociones que favorecen los procesos de aprendizaje, así como hay otras que los dificultan. Conocerlas puede ayudar a mejorar la práctica pedagógica y provocar en el alumnado una activación emocional encaminada a su automotivación, elemento fundamental que garantiza mejores rendimientos.

Estilos de Aprendizaje y Enseñanza

Cada cerebro es único, y cada uno de nosotros también lo es. Como aprendices que somos, tenemos un estilo de aprendizaje diferente, y tal como sea nuestro estilo de aprender, seguramente será nuestro estilo de enseñar. Por eso, si un alumno no está aprendiendo en la forma en que le estamos enseñando, quizá es porque no le estamos enseñando de la manera en que él puede aprender.

El Cerebro Humano: Estructura y Funcionamiento

El cerebro humano es la estructura biológica más compleja y sofisticada de la naturaleza.

Nuestro cerebro puede percibir varios estímulos simultáneamente (ver, tocar, oír, saborear y oler al mismo tiempo). Sin embargo, para el cerebro es muy difícil procesar toda la información a la vez. Por ello, no conseguiremos que los alumnos tomen nota al mismo tiempo que procesan la información mientras continuamos explicando un tema, a no ser que empleemos estrategias como:

  • Repetir la información parafraseándola.
  • Mostrársela visualmente (presentación o vídeo).
  • Detenernos después de una breve explicación para que puedan realizar asociaciones en sus cerebros y tener un diálogo interno.

En nuestra mente se elaboran más de 60.000 pensamientos diarios, que van y vienen, acerca de lo que nos ocurre y sobre lo que sentimos ante diferentes situaciones, personas o estímulos en general.

Datos Clave sobre el Cerebro

La neurona es la unidad básica de aprendizaje.

  1. Tiene aproximadamente 10 billones de neuronas.
  2. En cada neurona puede haber hasta 10.000 conexiones sinápticas.
  3. El feto adquiere 250.000 neuronas por minuto.
  4. Triplica su tamaño durante el primer año de vida.
  5. Consume aproximadamente el 20% del oxígeno que respiramos y utiliza el 20% de la sangre que bombea el corazón.
  6. Representa el 2% del peso corporal, pesando aproximadamente entre 1,3 y 1,5 kg.
  7. Si extendiéramos el cerebro con sus circunvoluciones y sus cisuras, abarcaría aproximadamente 25 cm x 1 cm.
  8. Está compuesto por agua en un 75 %, por eso necesita agua para funcionar (de 8 a 12 vasos de agua por día).
  9. Tiene dos hemisferios y en cada uno de ellos existen 4 lóbulos visibles.

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