21 May
1. Ubicación en el programa y conceptos fundamentales en juego
El proyecto que hemos llevado a cabo para el Día de las Lenguas se enmarca principalmente en los bloques del programa dedicados a la Coexistencia de lenguas, los Paisajes Lingüísticos y las Ideologías Lingüísticas. Nuestra acción surgió de la observación de una injusticia sociolingüística cotidiana: la falta de variedad lingüística en los carteles de la cafetería de la facultad (donde ni siquiera hay presencia del inglés) y la consecuente invisibilización de los estudiantes internacionales.
Los conceptos fundamentales que entraron en juego para analizar y transformar esta realidad fueron:
- Paisaje lingüístico: Como reflejo de las relaciones de poder y de quién es «bienvenido» en un espacio.
- Mercado lingüístico: Que otorga valor a ciertas lenguas sobre otras.
- Dinámicas de inclusión y exclusión: Procesos que marginan o integran a los hablantes.
- Capacidad de agencia: Nuestra propia facultad para intervenir en el entorno normativo.
2. Desarrollo del proyecto: decisiones, dificultades y resolución
Nuestra propuesta consistió en crear un espacio interactivo de reivindicación cultural y lingüística a través de la gastronomía. Seleccionamos diversos países (Polonia, Japón, Australia, países árabes, Turquía, EE. UU. y España) y preparamos platos típicos que los participantes debían emparejar con su nombre original y su bandera. Además, habilitamos un buzón de sugerencias para que los estudiantes reflexionaran sobre la representación lingüística en la universidad.
Durante el desarrollo, nos enfrentamos a dos dificultades principales:
- Dificultad logística: El espacio disponible para nuestra mesa era muy reducido, lo que dificultaba la movilidad. Lo resolvimos aplicando el trabajo en equipo; nos dividimos en parejas y nos turnamos para gestionar el juego de forma fluida.
- Diseño del juego: Un par de platos generaban mucha confusión. Decidimos flexibilizar las reglas in situ, permitiendo varios intentos. Esta resolución de problemas rápida fue clave y facilitó que la actividad mantuviera un tono dinámico, cercano y nada frustrante.
3. Evaluación de la acción: afectos, facilitadores y obstáculos
Considero que los objetivos del grupo se cumplieron en gran medida, aunque con matices muy reveladores. Lo que más facilitó la acción fue el formato lúdico y el uso de la comida como elemento central; esto actuó como un imán que superó con creces nuestras expectativas de participación.
A nivel afectivo y emocional, la actividad despertó sentimientos muy profundos. Muchos estudiantes internacionales experimentaron una gran alegría al ver su cultura representada en el entorno académico. Sin embargo, aquí surgió el mayor obstáculo sociológico de nuestra acción: la «paradoja de la exploración». Nuestro objetivo era que los estudiantes descubrieran nuevas culturas, pero nos sorprendió comprobar que la inmensa mayoría rechazó probar lo ajeno. Los estudiantes extranjeros iban directos a coger la comida de su propio país para sentirse «como en casa», mientras que los locales preferían ir a lo seguro. Esto evidenció cómo, ante un entorno que a menudo invisibiliza la diversidad (como dicta la ideología del Estado-nación monolingüe), las personas buscan refugio emocional y validación en su propia identidad cultural.
4. Conexión con los conceptos teóricos: Teoría y Práctica
La falta de idiomas en los carteles de la cafetería no es casual; responde a un paisaje lingüístico que opera bajo la ideología del Estado-nación («una lengua, un territorio»). Al no haber cartelería en otras lenguas, la institución ejerce una violencia simbólica sutil que marca quién es el ciudadano normativo y quién es el extranjero. Con nuestra intervención, alteramos temporalmente ese paisaje.
Al visibilizar lenguas maternas no hegemónicas junto a sus platos tradicionales, desafiamos las jerarquías del mercado lingüístico de Bourdieu. En el mercado lingüístico habitual de la universidad, el español académico (y secundariamente el inglés formal) monopolizan el capital simbólico. Nosotros creamos un «micromercado» alternativo donde saber identificar un plato árabe, polaco o japonés tenía un valor tangible (el premio).
El buzón de sugerencias también demostró ser una herramienta clave frente a la exclusión. A pesar de nuestros temores iniciales de que se usara de forma superficial, los estudiantes dejaron propuestas genuinas para mejorar la conexión y diversidad en la facultad, lo que demuestra que cuando se rompen las barreras del monolingüismo institucional, surge una necesidad latente de espacios más inclusivos.
5. Agencia y límites de la transformación social
Este proyecto nos ha demostrado que la capacidad de agencia de los hablantes es real. No somos meros sujetos pasivos que asimilan las ideologías raciolingüísticas del entorno; como estudiantes, tuvimos el poder de organizar, reclamar el espacio público y generar un foro de debate sobre la justicia sociolingüística. Modificamos, aunque fuera por un día, el paisaje de nuestra facultad.
No obstante, la experiencia también me ha enseñado los límites de este tipo de acciones. El límite principal que encontramos es que lo lúdico puede eclipsar a lo crítico. Aunque la actividad fue un éxito de cohesión, el objetivo de denunciar la desigualdad sociolingüística se quedó un poco en la superficie. Para gran parte de los participantes, la experiencia se vivió más como un juego divertido que como una interpelación directa a las estructuras de poder. Esto nos enseña que para lograr una transformación social profunda, la agencia debe ir acompañada de mecanismos que guíen la reflexión crítica de manera más explícita, evitando que la diversidad quede reducida a un mero «consumo exótico».
6. Conclusión: Lo más relevante y valoración final
Lo que me ha parecido más relevante de todo el proyecto ha sido observar las reacciones humanas frente a la lengua y la cultura. Me ha fascinado entender, a través del comportamiento real de nuestros compañeros al elegir la comida, cómo el multilingüismo no es solo un fenómeno cognitivo o académico, sino profundamente afectivo y emocional.
Llevar a cabo este proyecto ha sido una experiencia de aprendizaje incalculable. Me ha permitido bajar la teoría a la realidad de los pasillos de mi facultad. Valoro la experiencia de forma inmejorable, ya que me ha hecho ser consciente de que el entorno sociolingüístico que habitamos está diseñado por ideologías concretas, pero, sobre todo, me ha demostrado que tenemos la capacidad colectiva de cuestionarlo y transformarlo.

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