01 Abr
Fundamentos institucionales e ideológicos del régimen
La dictadura del general Franco (1939-1975) fue un régimen personalista, autoritario y de base militar que nació de la victoria en la Guerra Civil. Franco concentró todos los poderes (Jefe de Estado, de Gobierno, del Partido y Generalísimo), presentándose como una figura con carácter «providencial» que solo respondía ante Dios y la Historia.
El régimen se sustentó en lo que se conoce como las «familias» del régimen, grupos que Franco equilibraba para mantener su poder:
- El Ejército: Fue la columna vertebral del sistema. Sus mandos ocuparon puestos en ministerios y gobernaciones civiles, gozaron de privilegios y fueron los garantes de la unidad nacional.
- La Iglesia Católica: Legitimó el régimen tras el «Alzamiento», definiéndolo como una «Cruzada». Esta unión dio lugar al Nacionalcatolicismo, donde la Iglesia controlaba la educación y la moral pública, recibiendo a cambio financiación y poder social.
- La Falange (FET y de las JONS): Fue el partido único encargado de la propaganda y el control social a través de organizaciones como el Auxilio Social.
Al no tener una Constitución, el Estado se articuló mediante siete Leyes Fundamentales, destacando:
- Fuero del Trabajo (1938): Prohibió huelgas y sindicatos libres, creando el sindicalismo vertical controlado por Falange.
- Ley de Sucesión (1947): Definía a España como Reino y otorgaba a Franco el derecho de nombrar a su sucesor.
- Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958): Obligaba a todos los funcionarios a jurar lealtad a los principios de la Falange.
El régimen utilizó la represión sistemática y el control ideológico. Destacaron la Sección Femenina (dirigida por Pilar Primo de Rivera), que educaba a las mujeres para ser «excelentes esposas y madres» sumisas, y el Frente de Juventudes, para inculcar valores militares y patrióticos a los niños.
Política exterior: del aislamiento a la integración
La supervivencia del régimen dependió de su capacidad para adaptarse al contexto internacional tras la Segunda Guerra Mundial.
- El acercamiento al Eje (1939-1943): Al estallar la Segunda Guerra Mundial, España se declaró neutral, pero la influencia de Serrano Suñer (cuñado de Franco) acercó al país a las potencias fascistas. En 1940, Franco se entrevistó con Hitler en Hendaya, donde firmaron un protocolo secreto. España pasó a la «no beligerancia» y envió a la División Azul (47.000 voluntarios) para luchar junto a los nazis contra la URSS en el frente ruso.
- El aislamiento internacional (1945-1950): Tras la derrota de Hitler y Mussolini, la ONU condenó al régimen en 1946, recomendando la retirada de embajadores y excluyendo a España del Plan Marshall. Fue la época de la «conspiración judeo-masónica-marxista», donde el régimen sobrevivió gracias al apoyo de países como la Argentina de Perón y el Portugal de Salazar.
- La integración (1950-1959): La Guerra Fría convirtió a Franco en un aliado útil para EE. UU. contra el comunismo. Los hitos clave fueron el Concordato con la Santa Sede y los Pactos de Madrid (1953), que permitieron la instalación de bases militares estadounidenses en suelo español a cambio de ayuda económica y militar. En 1955, España fue admitida definitivamente en la ONU.
La oposición: exilio y resistencia interior
La oposición vivió décadas de clandestinidad y una durísima represión amparada en la Ley de Represión del Bandidaje y Terrorismo (1947). Las instituciones de la República se mantuvieron en México y Francia.
Destacó la figura de Don Juan de Borbón, quien en el Manifiesto de Lausana (1945) pidió a Franco que abandonara el poder para restaurar una monarquía tradicional y democrática, distanciándose así del carácter fascista del régimen.
Surgió la Resistencia Armada (Maquis): Eran guerrilleros republicanos que no aceptaron la derrota. Su acción más importante fue la invasión del Valle de Arán en 1944, con la esperanza de que los Aliados entraran en España para derrocar a Franco tras liberar Francia. El intento fracasó y el PCE renunció a la lucha armada en 1948.
En los años 50 surgió una nueva oposición en las universidades y fábricas. La huelga de tranvías de Barcelona (1951) y las protestas estudiantiles de 1956 marcaron el inicio de un movimiento social que el régimen solo pudo frenar mediante estados de excepción y violencia policial.
Autarquía y recesión económica
Los años 40, conocidos como los «años del hambre», fueron una década de miseria extrema causada por la política económica de Franco.
Se impusieron el intervencionismo y la autarquía: La autarquía pretendía la autosuficiencia total mediante el control del Estado sobre la economía. Se creó el INI (Instituto Nacional de Industria) en 1941 para fomentar la industria nacional y nacionalizar empresas como Telefónica. Sin embargo, la falta de recursos, energía y tecnología provocó un colapso de la producción.
Consecuencias sociales: La producción agrícola cayó drásticamente, lo que obligó a imponer las cartillas de racionamiento (que duraron hasta 1952). Esto dio lugar al estraperlo (mercado negro), donde los productos básicos se vendían a precios prohibitivos, enriqueciendo a los afines al régimen. Se estima que unas 200.000 personas murieron por enfermedades como la tuberculosis ligadas a la malnutrición.
En conclusión, el fracaso de la autarquía y la crisis social obligaron a Franco a remodelar su gobierno en 1957. Entraron los «tecnócratas» del Opus Dei, liderados por Carrero Blanco, quienes impulsaron el Plan de Estabilización de 1959 para abrir España al mercado internacional y salvar al régimen de la quiebra.

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