18 Jun

Al día siguiente, justo cuando comenzaba el vigésimo octavo capítulo, llegó Mauricio a casa de Don Augusto, el cual se enteró de que había llegado por medio de Liduvina. El supuesto ex-novio de Eugenia, le dio las gracias a Augusto por el nuevo trabajo que le había conseguido. Y además le hizo saber que a su largo viaje se iba a llevar también a Rosario. Augusto palideció y estuvo a punto de estrangular a Mauricio. Pensó que Mauricio se enamoraba de Rosario, que antes Augusto (el que estaba pensando) había despreciado y que él se enamoraba de Eugenia, mujer antes despreciada por el malhechor Mauricio. Justo después de irse, Augusto tuvo que ir a preguntar a sus dos criados si estaba soñando, algo de lo que él no quedaba muy asegurado. Pero luego llamó a Orfeo, el cual sí le dio una respuesta clara, lamiéndole a la vez la barba.

Faltaban, al comienzo del vigésimo noveno capítulo, sólo tres días para la boda entre Augusto y Eugenia. Ambos estaban unidos, pero Eugenia se reservaba, porque decía que ambos debían respetarse. Empezaron una conversación en la que Eugenia mencionó dónde podría estar Rosario, sabiendo ella que Augusto creía que se había ido con Mauricio y que además era mentira, para “refregárselo” en los morros. Augusto quedó consternado, al creer que Mauricio se había llevado la mujer que Augusto despreció. Al día siguiente, recibió una carta de remitente por parte de Eugenia en donde ésta le daba gracias a Augusto por todo lo que había acabado de hacer, mientras ella viajaba con Mauricio al lugar donde iba a trabajar. Charló unos instantes con los tíos de Eugenia sobre lo sucedido y regresó a casa donde le comunicó a Liduvina todo lo acontecido; se encerró en su cuarto, y a la misma vez que le llegaban imágenes de Eugenia y Mauricio, rompió a llorar desesperado y deprimido.

El trigésimo capítulo comienza con la conversación entre Víctor y Augusto, este último muy consternado y deprimido. Víctor, al ver que su amigo ha sido rechazado y engañado por la mujer con la que iba a contraer matrimonio dos días después del suceso, le aconseja vivamente que lo que debía hacer era devorarse, con el pretexto de que pienso, luego existo. Augusto estaba muy indeciso y confundido, no sabía qué hacer, y hasta pensaba ya en suicidarse. Víctor se marchó dejando a un Augusto que estaba muy mal.



En trigésimo primer capítulo comienza cuando Augusto se dirige a Salamanca, para hablar con Miguel de Unamuno, autor de Niebla. Augusto se dirigía allá porque anteriormente había leído un ensayo suyo que hablaba sobre el suicidio, algo que estaba dispuesto a hacer. Ambos estuvieron charlando un rato, mientras Unamuno le decía que él era un ente de ficción y que no existía. Augusto, paranoico, le dijo que estaba dispuesto a matarle a él, a su propio creador, a su dios. Unamuno, muy consternado y enfadado, le dijo que el que iba a morir era Augusto. Éste último, muy confuso, le suplicó que no lo matara, que a pesar de todo él no se iba a suicidar, pero, al ver que no lo convencía, le empezó a decir, justo antes de irse, que igual que todos los lectores de este libro y todos los que viven, él morirá. Cabizbajo, salió a la calle, sin despedirse de Miguel y se dirigió al tren que le llevaría de vuelta a casa.

Al comienzo del trigésimo segundo capítulo, estaba Augusto en el tren de vuelta a casa pensando en cómo había sido su vida durante los últimos años que él había “vivido”. Contaba los minutos que faltaban para llegar a casa sin dejarse ni uno solo. Estaba muy triste. Llegó a casa y le dijo a Liduvina que él no existía, que sólo era un ente de ficción, que era pura fantasía… La señora, creyendo que se encontraba mal, llamó a su marido Domingo para que fuese a ver lo que le pasaba a su señorito. Augusto empezó a pedir comida hasta tal punto de no poder comer más. Su criado le invitó a dar un paseo, pero él no lo aceptó porque no tenía fuerzas ni para tenerse en pie. Le escribió una nota para dársela a Unamuno que decía: Se salió usted con la suya, he muerto. Se acostó y le pidió a su criado que se quedara en la otra cama al lado suyo. Se quedó durmiendo pensando a la vez sobre su propia existencia. De repente, se levantó gritando el nombre de Eugenia y se desplomó muerto sobre la cama. Llamaron al médico, pero de nada sirvió: ya estaban pensando en preparar el entierro.



El capítulo trigésimo tercero, comienza dándonos el propio autor de esta obra a conocer que había recibido el telegrama enviado por el criado de Augusto. Unamuno se había arrepentido de haberle matado, y hasta pensó en resucitarle. Poco después de acostarse y de haberse dormido, se le apareció la figura de Augusto en sueños, al cual le dijo que posiblemente le iba a resucitar. Pero Augusto le hizo saber que no podía resucitarle, al igual que otras figuras de la literatura, como Don Quijote. Unamuno pensó en dar solución al soñar sobre él otra vez, pero Augusto le informó de que no se puede soñar dos veces un mismo sueño. Más tarde, se despidió de él y desapareció. Unamuno, que soñaba morirse, se despertó de pronto con una cierta opresión en el pecho. Y este es el resumen de la historia de Don Augusto Pérez.

Análisis de personajes

Augusto: Protagonista de Niebla. Solitario, despistado y pensador. Su historia comienza cuando se cruza con los ojos de Eugenia, la cual hace que se despierte su amor por todas las mujeres, lo que hará que empiece ver a todas las mujeres guapas e interesantes.

Cuando parece haber conseguido por fin la mano de Eugenia, ésta le abandona por Mauricio unos días antes de su boda, lo que le provoca entrar en una grave depresión que le hará cuestionarse su propia existencia y hasta llegar a plantearse el suicidio. Todo esto desembocará en una discusión con Unamuno, que acabará por quitarle la vida.

Eugenia: Es la joven de la que se enamorará Augusto. Conocida por algunos personajes como la “pianista”, se dedicaba a impartir clases de piano (cosa que aborrecía) para poder pagar la hipoteca de la casa en la que había nacido. Era una mujer una mujer muy fuerte, luchadora, autónoma y decidida. Era una persona muy atractiva y hermosa. No obstante, a pesar de estas cualidades, al final del libro, al abandonar a Augusto, demuestra ser una persona bastante deplorable.

Unamuno: Se presenta a sí mismo como “ un señor un poco raro que se dedica a decir verdades que no hacen al caso”. Se incluye en la obra para mantener la famosa discusión con Augusto que acabará con las súplicas por parte de éste para que no le arrebate la vida, ya que Unamuno es su creador.



ctor: Amigo de Augusto. Con él comparte tertulias y partidas de cartas y de ajedrez. Le aconsejará en sus problemas y dudas respecto al descubrimiento del amor hacia las mujeres.

Orfeo: Es el perro que se encuentra Augusto en el parque. Al ser un perro, este personaje puede aparentar carecer de importancia, pero no es así, llegando incluso a ser de los personajes con más trascendencia de la obra, como bien podemos comprobar en el epílogo. Gracias a él, han tenido lugar algunos de los monólogos de Augusto más interesantes e importantes.

Rosario: Es la “inocente” muchacha (que resulta no serlo tanto) que enamora a Augusto tras las negativas de Eugenia, aunque al final acabará dejándola cuando consiga la mano de ésta. No obstante, logrará que el protagonista tenga celos por ella.

Mauricio: Es el novio de Eugenia. Es un “don Juan” vago, holgazán y descuidado. Conseguirá ponerle las cosas difíciles al protagonista en su anhelo de conseguir la mano de Eugenia.

Domingo y Liduvina: Son los criados de Augusto y marido y mujer. Se encargarán de aconsejar y ayudar a su amo en materia amorosa.

Fermín y Ermelinda: Son los tíos de Eugenia. Intentarán emparejarla por todos los medios con Augusto. Fermín se considera un anarquista teórico y felicita continuamente a su sobrina por sus decisiones liberales y autónomas. Ermelinda, sin embargo, es una figura más aspera.

Significados de “Niebla

La palabra “niebla” aparece varias veces a lo largo del libro en monólogos y diálogos refiriéndose a la confusión, a la duda, al malestar, que el protagonista tiene en su cabeza a lo largo de la obra.

La “niebla” es la tristeza, la soledad, la burla y la humillación que Unamuno hace soportar a Augusto.

También encontramos esa “niebla” como la definición de esas dudas existenciales que alcanza a tener el protagonista cuando entra en la grave crisis tras el abandono de Eugenia.

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