Escultura barroca: fuentes, tipologías y escuelas
Fuentes y obras mitológicas. Como ejemplos destacables se citan las fuentes y esculturas de bulto redondo: Los Cuatro Ríos, el Tritón y la escultura de bulto redondo Apolo y Dafne, ejemplo inigualable de la captación del movimiento y de la conquista del espacio circundante.
Por su parte, la escultura barroca española refleja con fidelidad algunas de las características principales de este estilo artístico, pero está también vinculada estrechamente a la realidad social e ideológica del siglo XVII español. Entre las tipologías que se esculpen destacan:
- Imaginería y pasos procesionales, en la línea que la Contrarreforma les otorga frente al rechazo protestante. Los pasos pueden ser figuras individuales o en grupo; al estar pensados para ser vistos en la calle tienen una enorme teatralidad y un fuerte carácter narrativo.
- Retablos. Siguen la tipología renacentista pero con mayor profusión decorativa; una modalidad destacada serán las llamadas imágenes de vestir, con ropas auténticas.
Escuelas y autores destacados
En la primera mitad del siglo XVII destacan en la producción escultórica dos escuelas: la castellana y la andaluza.
Escuela castellana
La escuela castellana, con Gregorio Fernández en Valladolid, recibe encargos de todo el país y se caracteriza por:
- Extraordinario realismo.
- Ropajes ampulosos, llenos de claroscuro de influencia flamenca.
- Importancia de la policromía.
- Creación de nuevas tipologías, como el “Cristo yacente” o el “Cristo atado a la columna”.
Destacan pasos procesionales como La Piedad y El Descendimiento.
Escuela andaluza
La escuela andaluza presenta dos focos principales: Sevilla, con Martínez Montañés, y Granada, con Alonso Cano y Pedro de Mena. En el siglo XVII destacará también en Murcia Francisco Salzillo.
- Martínez Montañés, apodado “el dios de la madera”, destaca por sus cristos crucificados.
- Alonso Cano crea obras de gran delicadeza y muestra un gusto por las figuras de menor tamaño, como sus idealizadas Inmaculadas.
- Pedro de Mena, discípulo de Cano, realiza la sillería de la catedral de Málaga y desarrolla nuevas tipologías como La Magdalena penitente y el Ecce Homo.
- Salzillo en Murcia será un importante belenista y creador de pasos procesionales.
La Ronda de Noche (1642), Rembrandt
La ronda de noche. 1642. Rembrandt. Óleo sobre lienzo, siglo XVII. Rijksmuseum de Ámsterdam.
Estamos ante un óleo sobre lienzo de Rembrandt que es una de sus más célebres composiciones y un ejemplo sobresaliente de pintura barroca del foco holandés. El barroco, cuyo nombre tuvo en un primer momento un matiz peyorativo, será el arte que servirá durante el siglo XVII tanto a la Contrarreforma católica y a las monarquías absolutas, como a la Reforma protestante de los países del Norte de Europa.
Debido a que la obra estaba bastante oscurecida por sucias capas de barniz, fue erróneamente denominada La Ronda de Noche, aunque el título original hacía referencia a la Compañía del capitán Frans Banning Cocq.
Análisis formal e iconográfico
El tema es el retrato de grupo de una compañía de milicianos para la sociedad de arcabuceros de la ciudad, género típico en la Holanda del siglo XVII. A Rembrandt le tocó retratar a 18 miembros de la compañía del capitán Banning Cocq, cuyos nombres figuran en el escudo que está en la parte superior.
El artista no se ajusta a las convenciones del género. Los personajes no aparecen retratados en fila ni en posiciones estáticas, sino en pleno movimiento, en el momento en que el grupo de milicianos, comandados por un capitán y un teniente, va a salir a hacer la ronda por las calles de la ciudad de Ámsterdam. El mismo capitán indica la dirección del avance con su brazo en escorzo. Los personajes emergen de la oscuridad y avanzan hacia un primer plano iluminado. Detrás de los oficiales vemos a los soldados en distintas actividades: cargando las armas, descargándolas, limpiándolas, tocando el timbal… En medio de semejante agitación, una figura femenina, aparentemente una niña, lujosamente vestida, irrumpe en la escena con un gallo (mascota de la corporación) colgado a la cintura. También podemos distinguir entre los personajes un autorretrato del artista, aunque sólo aparece una pequeña parte de su rostro.
La composición, aparentemente desordenada, está, sin embargo, construida de un modo racional: existe un eje horizontal formado por una serie de personajes en el fondo y en lo alto que dejan en primer plano a las dos figuras principales. Las diagonales de la larga lanza y del asta de la bandera se cruzan en el centro luminoso de la escena.
La fuente de luz está fuera del cuadro y entra por la parte superior izquierda, iluminando selectivamente la escena: la chica con el gallo, los personajes centrales y los rostros casi frontales de los demás protagonistas. Directamente asociado a la luz está el color, aplicado en pinceladas densas, casi con relieve. Destacan los tonos cálidos de las tierras y los ocres, además del rojo del echarpe del protagonista y de la ropa del soldado situado a su derecha. Es espléndido el amarillo oro del lujoso traje que luce el lugarteniente, amarillo que se repite en las ropas de la niña.
Como conclusión, esta obra representa magníficamente algunas de las características de la pintura de Rembrandt: el extraordinario manejo de la luz con espléndidos dorados sobre fondo oscuro, sus composiciones en movimiento y el gusto por el retrato. En este sentido, cabe recordar que el autor realizó también numerosos autorretratos y pinturas sobre miembros de su familia. En 1975 la obra fue objeto de una agresión y se ha sometido a un largo proceso de restauración. Dadas las grandes dimensiones de la obra, tuvo que habilitarse un lugar especial en su casa para poder realizarla. El hecho representado parece ser un acontecimiento verídico.
Las Meninas o La familia (1656), Diego Velázquez
Las Meninas o La familia. 1656. Óleo sobre lienzo. Museo del Prado, Madrid.
Introducción y descripción
La escena se sitúa en el taller que el pintor tenía en el Alcázar, una amplia habitación con varias ventanas y cuadros. Aparece en el centro, de pie, la infanta Margarita, a la edad de cinco años, mirando a sus padres o al espectador. A ambos lados están sus doncellas, llamadas meninas. A la izquierda, arrodillada, doña Agustina Sarmiento ofrece a la niña un búcaro de barro rojo; a la derecha, levemente inclinada en señal de respeto, doña Isabel de Velasco. Junto a ella aparece una enana macrocéfala, Mari Bárbola, y el enano Nicolás de Pertusato con el pie sobre un perro grande y apacible. También dirige su mirada hacia el espectador un hombre vestido de negro apenas esbozado, un guardadamas, a quien habla una mujer vestida de dama, tal vez Marcela de Ulloa, guarda menor de damas, que se encuentra en segundo plano.
Al fondo se abre una puerta que da a una escalera muy luminosa en la que destaca la figura de un hombre vestido de negro, con capa y sombrero en una mano, que con la otra aparta una cortina: es José Nieto Velázquez, aposentador real. Junto a la puerta, un espejo de ancho marco negro refleja las imágenes del rey Felipe IV y la reina Mariana de Austria bajo una cortina o dosel, como las que emplea el pintor en sus retratos oficiales. Este recurso espacial, típicamente barroco, establece un punto de referencia tras los propios espectadores que quedan así incluidos en el desarrollo de la escena. La parte izquierda está ocupada por el dorso de un enorme lienzo ante el que se encuentra el artista mirando hacia nosotros. En la mano derecha lleva el pincel y en la izquierda, con la que sostiene también un tiento, la paleta. El pintor va vestido de negro, con mangas acuchilladas de seda blanca y la cruz roja de la Orden de Santiago añadida, según la tradición, por el propio rey. Velázquez no está pintando en ese instante, sino en actitud de pensar y mirando al frente.
Argumento, composición y perspectiva
El argumento del cuadro es la irrupción de la infanta Margarita en el taller donde Velázquez pinta probablemente un retrato de los reyes. Las miradas de algunos personajes se dirigen hacia el espectador situado frente al cuadro. La obra, pese a su aparente claridad, esconde un gran número de enigmas que han dado lugar a múltiples y complejas interpretaciones en busca de la auténtica esencia de su significado.
En cuanto a la composición, el cuadro se divide en dos zonas: la mitad superior de la escena está ocupada por las ventanas y los enormes cuadros del fondo, mientras la mitad inferior es donde se desarrolla la escena y se sitúan todos los personajes.
Velázquez combina magistralmente el uso de la perspectiva lineal y la perspectiva aérea para crear una auténtica sensación de profundidad espacial. Revela un dominio absoluto de la perspectiva aérea al captar magistralmente el aire existente entre los cuerpos, lo que dota a la obra de una apariencia de realidad verdaderamente sorprendente. La luz incide sobre los personajes de primer plano y envuelve en la penumbra a los que están detrás, cuyos contornos aparecen desdibujados. En el centro de la composición Velázquez crea un foco de luz intensa con el que transmite una gran sensación de veracidad.
En cuanto a los colores, los grises, negros y ocres contrastan con los rosas carmesíes de algunos detalles de la infanta y las meninas. El tratamiento de las calidades es magnífico, como se observa en los contrastes entre el pelaje del mastín, las ricas telas de las damas o el búcaro que se ofrece a la infanta.
Temas y significado
En la obra hay una clara alusión a uno de los temas que más preocuparon a los pintores del Siglo de Oro: la defensa de la nobleza de la pintura frente a la artesanía y los oficios manuales. La actividad del pintor es idear, inventar y encarnar una idea; la ejecución material de la obra es algo secundario. En esta actitud pensante se autorretrata Velázquez: en ese momento creador que es el que enaltece al artista.
Conclusión
Podemos afirmar que esta escena es uno de los hitos de la pintura; para algunos críticos, ninguna obra posterior podrá hacernos olvidarla. En ella Velázquez alcanza su madurez como pintor, como se demuestra en la perfección del dibujo, la composición, el dominio de la perspectiva y el color. Cabe recordar, por último, que el autor tiene otros cuadros de temática mitológica, como La fragua de Vulcano o Las hilanderas, abundantes retratos —por ejemplo, el del Conde Duque de Olivares—, pinturas con enanos de la corte y obras de temática religiosa, como su famoso Cristo.
Etiquetas: Barroco, Escultura barroca, La Ronda de Noche, Rembrandt
Documentos relacionados
Publicidad
Últimos apuntes
- Barroco: escultura española y obras maestras de Rembrandt y Velázquez
- Psicología y atención en oficina de farmacia: preguntas frecuentes y conceptos clave
- Contratos mercantiles, compraventa y gestión comercial: precios, stocks y operaciones
- El Congreso de Viena y la Era de la Restauración: Principios, Conflictos y Unificaciones Nacionales del Siglo XIX
- Acontecimientos Clave de la Iglesia en la Edad Media y la Reforma Protestante
Materias
- Arte
- Biología
- Ciencias sociales
- Deporte y Educación Física
- Derecho
- Diseño e Ingeniería
- Economía
- Electrónica
- Español
- Filosofía
- Física
- Formación y Orientación Laboral
- Francés
- Geografía
- Geología
- Griego
- Historia
- Idiomas
- Informática
- Inglés
- Latín
- Lengua y literatura
- Magisterio
- Matemáticas
- Música
- Otras materias
- Psicología y Sociología
- Química
- Religión
- Salud
- Tecnología

Deja un comentario