24 Ene

Antonio Machado y la Evolución Poética en Campos de Castilla

En la segunda etapa de su producción, marcada por la publicación de Campos de Castilla (1912, ampliado y reeditado posteriormente en 1917 y 1928), Antonio Machado ofrece una poesía de corte más noventayochista y regeneracionista. En esta obra, el poeta se revela como un autor «más ético que estético», marcadamente antirretórico.

Sus temas fundamentales son de carácter existencial (la muerte, la angustia de vivir) y social (el tema de España, reflejado en su visión de Castilla —las tierras sorianas— y del campo andaluz, paisajes reales sometidos a una mirada subjetiva). El lenguaje se vuelve más directo y los paisajes descritos son concretos: las encinas castellanas, los olivares andaluces, etc. Aunque este cambio parezca radical, no lo es: en realidad, un tema constante en su poesía es la obsesión por el tiempo y la angustia de vivir, el hecho de que estemos condenados a morir.

El Empleo Fundamental del Simbolismo

El empleo de símbolos en la poesía de Antonio Machado es un elemento fundamental de su visión lírica del hombre y el paisaje. En general, estos símbolos suelen relacionarse con la temporalidad, el recuerdo, la melancolía y el ansia de trascendencia, reflejando su deseo de bucear en el misterio del ser humano. El poeta recurre al lenguaje figurado y simbólico para entrever su mundo interior.

Entre los símbolos recurrentes en su obra, encontramos:

  • La tarde, el camino, los sueños, el agua.
  • El huerto, el jardín y la glorieta, las galerías.
  • La colmena, las abejas y la miel, el sol, los árboles, el río y el mar.

En Campos de Castilla se repiten algunos de estos símbolos y aparecen otros nuevos, como la curva de ballesta del Duero (una flecha hacia el futuro y un recuerdo de un pasado glorioso) o el olmo (el paisaje triste y apagado, reflejo de España y de su propia felicidad).

Ejes Temáticos y Simbólicos en Campos de Castilla

Los símbolos en Campos de Castilla se distribuyen en torno a dos grandes ejes temáticos:

  1. Problema existencial: El paso del tiempo y la muerte.
  2. Problema social: La visión crítica y regeneracionista de España.
Símbolos Clave del Eje Existencial
El Agua
Probablemente, el símbolo más presente y reiterado a lo largo de su obra como reflejo del paso del tiempo, en un fluir casi imperceptible y constante (río, fuente, lluvia…). Cuando el agua está quieta, simboliza la muerte, al igual que en la inmensidad del mar al que confluyen todas las aguas (alusión a Jorge Manrique: «Nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar / que es el morir»). (Ver poema CXXVIII).
La Tarde
Expresa el sentimiento melancólico de la vejez. Por ello, los adjetivos referidos a colores que acompañan a la tarde y a los elementos del paisaje en esa hora (rojos, cárdenos, violetas…) se cargan por contagio semántico de esas connotaciones de melancolía y tristeza. (Ver poema CXVIII).
Los Caminos
Presentes desde las primeras composiciones, el caminar errante, sin meta prefijada, es un sentimiento de pesar sin consuelo, una nostalgia de la vida que va dejando. Son, frecuentemente, símbolos de la vida, en los que el camino real se difumina hacia un futuro desconocido y un pasado al que no se puede volver, motivo de melancolía. (Ver Proverbios y cantares II, XXIX, XLIV).
Elementos del Paisaje y el Tiempo Vivido
Los elementos de la naturaleza simbolizan la identificación del alma con las cosas del mundo y también la situación de España. Así, los ríos, además del paso del tiempo, cobran nuevas significaciones y pueden simbolizar el pasado guerrero castellano (el Duero). Los árboles varían en su significación: el olmo viejo y roto simboliza la decadencia y corrupción de España, mientras que un nuevo brote en otro olmo podría simbolizar la esperanza de renovación, aunque también se ha visto la enfermedad de Leonor. El limonero, por su parte, simboliza la infancia y los momentos tranquilos.

Temas Existenciales y Filosóficos

La mirada íntima de la primera etapa se vuelca hacia fuera, y las descripciones del paisaje son el vehículo de expresión de temas como la soledad, la melancolía y el paso del tiempo, a través de los símbolos del paisaje, el agua y la tarde. El tema existencial y filosófico está siempre presente, aunque de distinta manera.

Influencia de Unamuno y la Religión

Aunque el desarrollo de estos temas se da sobre todo en libros posteriores, afloran ya en Campos de Castilla, especialmente en la serie Proverbios y cantares. En estos poemas se aprecia la influencia de Unamuno, su maestro intelectual, con cuestiones que van desde la incertidumbre del hombre que no sabe de dónde proviene su angustia, hasta el dolor por la muerte de los seres queridos.

La religión aparece dentro de una concepción típica de la Generación del 98, en la que se optaba por un Dios en comunión directa con el hombre y se despreciaba la religiosidad externa. Machado declara su disgusto por la presión clerical, que siempre estaba de parte del poder. En este sentido, destaca el poema «El dios ibero». En otros poemas de trasfondo religioso y agnóstico, el poeta ansía una fe que lo calme y lo libere, con una visión religiosa personal, entre los que sobresalen «Saeta» y algunos poemas de Proverbios y cantares y de Parábolas, en los que se advierte de lo inalcanzable e incomprensible que resulta Dios.

La Muerte y el Recuerdo

La muerte, amenazante e indefinida, silenciosa, cobra especial fuerza en sus poemas tras la pérdida de Leonor. La visión subjetiva del paisaje se describe como un correlato del alma del poeta, que dialoga con el entorno como una tierra doliente y seca, castigada, reflejo de una España rancia en Campos de Castilla, aunque el paisaje se idealiza al pasar por el filtro del recuerdo emocionado (la Soria vinculada con Leonor).

El recuerdo (o el sueño, que, para él, son términos equivalentes; el poeta sueña despierto intentando desvelar su yo más íntimo, oculto en las galerías del alma) es uno de sus motivos recurrentes. Destaca el recuerdo de la infancia, con sus momentos felices (el jardín del palacio donde vivió de niño, que es una especie de «paraíso perdido», con referencias al limonero o al naranjo) y tristes. A veces, también rememoran el hastío y la monotonía.

Castilla como Visión Crítica de España

En toda la obra encontramos una visión pesimista y regeneracionista de la realidad nacional (poemas como «A un olmo seco» o «Una España joven»), aunque siempre con la esperanza de una España mejor. Esta crítica se presenta a veces con cierto humorismo e ironía («Llanto por las virtudes y coplas de la muerte de don Guido», «El pasado efímero», «El mañana efímero»).

Machado aboga en estos poemas por una nueva España en la que no haya sitio para las lacras del país: la miseria, el atraso, la codicia campesina y la envidia. En este grupo se incluye el largo romance «La tierra de Alvargonzález», fruto del propósito inicial de componer un romancero sobre la tierra castellana, pero que deriva hacia una crítica contra la codicia y la envidia, que Machado consideraba rémoras sociales y que se convierten en los núcleos temáticos del romance.

Aparece la evocación de un pasado perdido frente a la decadencia de Castilla («Campos de Soria», «Orillas del Duero») y una visión emocionada del paisaje castellano («En tren», «Amanecer de otoño», «Recuerdos»)

Deja un comentario