26 Oct
El método y el intelectualismo socrático y el debate ético de la filosofía clásica
En la Atenas clásica, frente al relativismo de los sofistas (que defendían que el bien o la justicia dependían de la convención o la utilidad), Sócrates propone la búsqueda de valores morales objetivos y universales a través de la razón y el diálogo.
El método socrático
Sócrates no enseñaba una doctrina cerrada, sino que utilizaba el diálogo guiado por dos fases:
- La ironía: mediante preguntas, hacía ver a su interlocutor que sus ideas preconcebidas eran contradictorias o erróneas, llevándolo a reconocer su propia ignorancia («solo sé que no sé nada»).
- La mayéutica: una vez despejados los errores, ayudaba al interlocutor a «dar a luz» por sí mismo definiciones universales sobre la justicia o la virtud.
El intelectualismo moral
Es la teoría ética central de Sócrates, que une de forma inseparable el saber y la virtud:
- Conocer el bien lleva a obrar bien: quien comprende racionalmente qué es lo justo, actúa de manera justa.
- El mal es fruto de la ignorancia: nadie obra mal a sabiendas; quien comete una injusticia lo hace porque confunde un bien aparente con el bien real.
- La virtud se puede enseñar y aprender mediante la educación moral, y la culpa o el castigo deben orientarse a educar y corregir la ignorancia, no a la simple venganza.
Propuestas éticas helenísticas: epicureísmo y estoicismo
En las escuelas helenísticas la filosofía se centró sobre todo en buscar la felicidad individual y la tranquilidad personal. Las personas ya no confiaban tanto en participar en la vida política, así que buscaban una forma de vivir bien aunque las circunstancias fueran difíciles.
Entre las principales escuelas helenísticas destacan el Epicureísmo y el Estoicismo. Las dos pretenden alcanzar la felicidad y evitar el sufrimiento, pero proponen caminos diferentes.
El Epicureísmo
Fue fundado por Epicuro. Para él, la felicidad consiste en alcanzar el placer, aunque no se refiere a los placeres excesivos o materiales. El verdadero placer es la ausencia de dolor físico, llamada aponía, y la ausencia de preocupaciones y angustia, llamada ataraxia. Epicuro piensa que debemos elegir los placeres con prudencia. No todos los placeres son buenos, porque algunos pueden producir después más dolor. Del mismo modo, no todos los dolores deben evitarse, ya que algunos son necesarios para conseguir un bien mayor. Por ejemplo, estudiar puede resultar cansado, pero permite obtener buenos resultados y tranquilidad en el futuro.
Por eso, la virtud principal del sabio epicúreo es la prudencia. Esta nos ayuda a distinguir qué deseos debemos satisfacer y cuáles debemos rechazar. Epicuro clasifica los deseos en:
- Naturales y necesarios, como comer, beber o tener un refugio. Deben satisfacerse de manera sencilla.
- Naturales, pero no necesarios, como comer alimentos lujosos. Podemos disfrutarlos, pero no los necesitamos.
- Ni naturales ni necesarios, como el deseo de riqueza, fama o poder. Es mejor evitarlos porque producen preocupación e insatisfacción.
Epicuro también considera muy importante la amistad, porque proporciona seguridad, confianza y tranquilidad. En cambio, recomienda apartarse de la política y de los deseos de poder, ya que suelen causar conflictos y preocupaciones. Además, intenta eliminar los principales miedos humanos. Según él, no debemos temer a los dioses, porque no intervienen en la vida de las personas, ni a la muerte, porque mientras vivimos la muerte no está presente y, cuando llega, nosotros ya no existimos.
El Estoicismo
Para los estoicos, el universo está ordenado por una razón universal, llamada Logos. Todo lo que sucede forma parte de ese orden, aunque muchas veces no entendamos el motivo.
La felicidad consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza y con la razón. Esto significa aceptar que no podemos controlar todo lo que ocurre, pero sí podemos controlar nuestra manera de reaccionar. Por ejemplo, no podemos evitar una enfermedad, un fracaso o la opinión de otras personas, pero sí podemos decidir cómo enfrentarnos a esas situaciones. La virtud es, por tanto, el verdadero bien. Una persona virtuosa es aquella que actúa con sabiduría, justicia, fortaleza y moderación. Para los estoicos, la riqueza, la fama, la salud o la enfermedad no son bienes ni males absolutos, porque pueden depender de circunstancias externas. Lo importante es la actitud moral con la que afrontamos todo lo que nos sucede.
El sabio estoico debe controlar sus pasiones, como el miedo, la ira, la tristeza excesiva o el deseo descontrolado. No se trata de no sentir nada, sino de no dejarse dominar por las emociones. Cuando consigue ese control, alcanza la apatheia, que significa ausencia de perturbación o de pasiones descontroladas.
Coincidencias y diferencias
Epicureísmo y Estoicismo coinciden en que la filosofía debe servir para vivir mejor y alcanzar la tranquilidad. Las dos buscan evitar el sufrimiento y defienden que la felicidad depende más de nuestra forma de vivir que de las riquezas o de la fama.
Sin embargo, se diferencian en el camino para alcanzar esa felicidad:
- Para el Epicureísmo, la felicidad se consigue mediante placeres sencillos, la ausencia de dolor, la amistad y la eliminación de los miedos.
- Para el Estoicismo, la felicidad se alcanza viviendo conforme a la razón, aceptando el destino y controlando las pasiones.
El epicúreo intenta evitar aquello que puede causar preocupación. El estoico acepta incluso las dificultades, porque piensa que no podemos controlar los acontecimientos externos.
El Epicureísmo habla de alcanzar la ataraxia, es decir, la tranquilidad del alma. El Estoicismo habla de alcanzar la apatheia, es decir, la libertad frente al dominio de las pasiones.
En conclusión, ambas escuelas buscan la serenidad, pero el Epicureísmo la encuentra en una vida sencilla y placentera, mientras que el Estoicismo la encuentra en la virtud, la razón y la aceptación de lo que no podemos cambiar. Por eso, las dos propuestas siguen siendo actuales: una nos enseña a reducir los deseos innecesarios y la otra, a controlar nuestra actitud ante las dificultades.
El problema de la realidad en la filosofía antigua: la oposición entre Heráclito y Parménides y su resolución en Platón y Aristóteles
En la filosofía antigua, uno de los problemas principales era explicar cómo es la realidad y si el cambio permanece igual. Heráclito y Parménides dieron respuestas opuestas, Platón intentó relacionar sus ideas, y Aristóteles explicó el cambio de otra manera.
Heráclito
Heráclito pensaba que todo estaba cambiando continuamente y nada permanecía exactamente igual. Las cosas nacen, se transforman y desaparecen. Todo fluye. De ahí su famosa frase: no es posible bañarse dos veces en el mismo río. Sin embargo, este cambio no era caótico, estaba regido por una ley universal o principio ordenado llamado logos. Para Heráclito, el arché de esta transformación permanente era el fuego, ya que representaba ese cambio constante. El mundo no cambiaba de cualquier manera, sino con un orden que lo organiza. También decía que los cambios se producen por la tensión entre contrarios, como el día y la noche. La vida y la muerte, aunque parezcan opuestos, forman parte de un mismo orden.
Parménides
En cambio, Parménides defendía una idea contraria: el cambio que vemos es solo una apariencia. Su principio fundamental es que el ser existe y el no ser no existe. Según Parménides, algo no puede surgir de la nada ni convertirse en nada, ya que la nada no existe. Por eso, el ser no puede nacer, desaparecer ni cambiar; es único, eterno e inmóvil. Para conocer la verdad, Parménides considera que debemos usar la razón y no fiarnos solo de los sentidos. Los sentidos nos muestran movimiento y cambio, pero la razón nos enseña que el ser permanece.
La solución de Platón
Platón intenta combinar ambas ideas distinguiendo dos niveles de realidad: el mundo que percibimos con los sentidos, que cambia, como decía Heráclito, y el mundo de las ideas, que conocemos mediante la razón. En él se encuentran las ideas perfectas, eternas e inmutables que nunca cambian, como defendía Parménides. Por ejemplo, una persona puede parecernos más o menos justa en diferentes situaciones, pero la idea de justicia no cambia. Las acciones de las personas pertenecen al mundo sensible, mientras que la idea de justicia pertenece al mundo de las ideas. Así, Platón afirma que el cambio existe en el mundo sensible, pero que la realidad verdadera y permanente se encuentra en el mundo de las ideas.
La respuesta de Aristóteles
Aristóteles consideraba que Parménides se equivocaba al negar el cambio, ya que podemos observar que las cosas se transforman. Sin embargo, también consideraba que el cambio no significa que algo surja de la nada, sino que una cosa que ya existe puede transformarse en otra. Por ejemplo, una semilla puede desarrollarse y convertirse en un árbol, ya que tiene la capacidad de hacerlo.
El giro antropológico de la filosofía en la Atenas de Pericles y el papel de la mujer en la cultura y la filosofía griega
En la Atenas de Pericles, la filosofía experimentó un giro antropológico: empezó a centrarse más en el ser humano, la vida en sociedad y cuestiones como la justicia y la educación. En esa cultura, las mujeres tenían pocas oportunidades de participar en la vida política y filosófica, aunque hubo algunas excepciones, como Aspasia.
La filosofía como forma de vida e influencia en las corrientes helenísticas. Importancia de la ética
Para Sócrates, filosofar no era solo estudiar ideas, sino examinar cómo vivimos y buscar cómo ser mejores. Creía que era importante preguntarse qué son la justicia, el bien y la virtud, en vez de aceptar cualquier opinión sin pensar, y vivir conforme a la virtud.
Para ayudar a los demás a reflexionar, conversaba con ellos y les hacía preguntas. Primero señalaba las contradicciones de sus respuestas y luego les ayudaba a llegar a una respuesta más razonada. Así, la filosofía se convertía en una práctica diaria. Su método tenía dos partes principales: primero, mediante la ironía, fingía no saber y mostraba las contradicciones de quien creía tener todas las respuestas; después, con la mayéutica, hacía preguntas para ayudar a esa persona a llegar por sí misma a una respuesta más razonada.
La ética era fundamental para Sócrates porque trataba sobre cómo actuar bien. Él pensaba que conocer el bien lleva a actuar bien, que quien comprende racionalmente qué es lo justo actuará de manera justa, y que quien obraba mal era fruto de la ignorancia, ya que nadie obra mal a sabiendas: quien comete una injusticia lo hace porque confunde un bien aparente con el bien real.
Estas ideas influyeron en las escuelas helenísticas, que también entendieron la filosofía como una guía para vivir. Por ejemplo, los estoicos defendían vivir de acuerdo con la razón y aceptar lo que no podemos controlar. Los epicúreos buscaban una vida feliz mediante placeres sencillos y evitando el sufrimiento. El giro antropológico y el planteamiento socrático marcaron a toda la filosofía posterior, incluso a la actualidad.
El problema del conocimiento en la filosofía clásica
En la filosofía clásica, una cuestión importante es cómo conocemos la realidad: si conocemos sobre todo por medio de la razón o si necesitamos partir de la experiencia. Platón y Aristóteles dan respuestas diferentes.
Platón
Platón distingue entre el mundo que percibimos con los sentidos y el mundo de las ideas. El mundo sensible cambia, por eso los sentidos solo nos ofrecen opiniones que pueden ser equivocadas. El conocimiento verdadero se alcanza mediante la razón, que permite conocer las ideas como la justicia o la belleza. Estas ideas no cambian y son la realidad auténtica. Platón explica este camino hacia el conocimiento con la alegoría de la caverna: unos prisioneros ven sombras y creen que son la realidad. Cuando uno sale de la caverna, descubre que las sombras eran solo apariencias. Esto representa el paso de la opinión al conocimiento verdadero.
Aristóteles
Aristóteles, en cambio, consideraba que conocemos empezando por los sentidos. Primero percibimos cosas concretas, después las recordamos y comparamos, y finalmente la razón descubre lo que tienen en común. Esto se llama proceso de abstracción. Por eso, para Aristóteles la experiencia es el punto de partida del conocimiento, y distingue dos tipos de conocimiento: el sensible y el inteligible. El conocimiento sensible es el formado a partir de los sentidos, de lo particular. El conocimiento inteligible, gracias al proceso de abstracción, permite a nuestra mente encontrar las características que tienen en común diferentes objetos o seres y captar su esencia. Por ejemplo, al ver muchos árboles podemos reconocer sus características comunes y formar el concepto general de árbol. Este es el conocimiento universal.
