11 Jul

EL Barroco


Se denomina Barroco al movimiento artístico y cultural que se desarrolla durante el Siglo XVII. Desde un punto de vista temático, en esta época se mantienen los temas y tópicos del Renacimiento pero tratados con un profundo pesimismo existencial derivado de la enorme crisis económica y social de la época. Por ello, el tema de la brevedad de la vida y la idea de la muerte es una constante en esta literatura. La estética barroca busca el dinamismo, el contraste y la exageración. El lenguaje literario rechaza la sencillez y el equilibrio renacentista a cambio de expresiones cargadas de ingenio y originalidad. Destaca el gusto por imágenes que muestran la oposición de contrarios, la acumulación de recursos retóricos, los juegos verbales o las exageraciones llegando incluso a la deformación o caricaturización de la realidad.

LA LÍRICA BARROCA

La decadencia en la que está sumida España estimula la creatividad de los grandes líricos del siglo. Ayudan al florecimiento de la lírica dos aspectos: por una parte, la institución del mecenazgo, es decir, el afán de los aristócratas de rodearse de poetas, lo que generará toda una poesía dedicada a cantar las fiestas palaciegas; por otra parte, la Iglesia, que favorecíó el desarrollo de la lírica organizando justas en honor a santos, festividades religiosas, etc. El Barroco no supuso una ruptura manifiesta con el pasado inmediato. Los autores barrocos se beneficiaron de los géneros y de la métrica tradicional, por lo que abundarán los romances de todo tipo (amorosos, religiosos, burlescos y prostibularios); el cancionero tradicional cederá sus temas al teatro, y también el teatro tomará de la poesía culta castellana los metros y sus décimas, redondillas y quintillas; la lírica popular prestará sus letrillas y villancicos. Los poetas barrocos admiraron la poesía culta y petrarquista, dando lugar a una corriente burlesca que supuso la desintegración del petrarquismo, y otra corriente seria en metros italianos que presenta varias direcciones:           

Poesía amorosa


De carácter petrarquista, que continuará el camino abierto por Garcilaso y Herrera, de la que participan los autores fundamentales de este siglo: Góngora, Quevedo y Lope. –

Poesía moral

Basada en Horacio y el neoestoicismo, cultivada, entre otros, por Quevedo y caracterizada por el equilibrio formal y el didactismo. –

Poesía culterana

Góngora es su máximo exponente y se caracteriza por el colorismo y la sonoridad a) El conceptismo se basa en la asociación ingeniosa y sorprendente de ideas y palabras. La lengua poética s aparta del lenguaje común mediante el uso de un léxico racionalista que busca el significado y no la emoción, la creación d palabras mediante la composición y la derivación inesperada o el empleo de múltiples recursos retóricos, como metáforas, antítesis, personificación, paralelismos, hipérbatos, hipérboles… El máximo exponente de esta corriente será Francisco de Quevedo.
b) El culteranismo, por su parte, es un arte deliberadamente elitista. Toma su nombre de uno de sus rasgos más carácterísticos, el uso de cultismos, y se caracteriza por el uso abundante de cultismos por la expresividad significativa que aportan y por su valor musical; el uso de la sintaxis latinizante, de gran complicación y léxico colorista; y el empleo de recursos retóricos, como metáforas, aliteraciones, hipérbatos… Su principal cultivador fue Luis de Góngora.

Luis DE GÓNGORA

Es el poeta más innovador del Barroco español. Sus obras despertaron la polémica y en ellas cultivó todos los subgéneros poéticos de su tiempo: – Letrillas y romances. En sus composiciones populares, Góngora cultivó temas muy distintos: romances, caricatura y sátira de costumbres de la época. Hay también composiciones d asunto religioso, amoroso y cortesano. En su producción destaca la extensión de algunos romances, entre ellos la Fábula de Píramo y Tisbe, de tema mitológico


y en el que parodia Las metamorfosis de Ovidio. En este romance, Góngora funde sus tendencias culta y popular, creando un híbrido de seriedad y humor poéticos. –

Sonetos

El soneto es en Góngora, como en la mayoría de los poetas de la época, la composición breve más usada, pues la versatilidad de esta composición la hacía adecuada para cualquier tema. De los más de doscientos sonetos que escribíó destacan aquellos en los que reelabora motivos de la tradición petrarquista, como el carpe diem, o la advertencia sobre los peligros del amor. –

Soledades

Escrita en silvas, el protagonista es un joven errante que llega, tras ser rechazado por una mujer y un naufragio, a un lugar campestre donde convive con cabreros, labradores y pescadores. Aunque el poema resulta de difícil interpretación, parece que Góngora enaltece la vida en el campo frente a la degradación de la vida urbana, de acuerdo con el tópico del menosprecio de corte. –

Fábula de Polifemo y Galatea

Este poema relata en octavas reales el amor del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, enamorada de Acis. El cíclope, cuando descubre a los jóvenes, mata a Acis arrojándole una roca y los dioses lo transforman en río.  En los poemas mayores (Soledades y Fábula de Polifemo y Galatea) se manifiestan con mayor claridad los rasgos del estilo gongorino o culteranismo.

Francisco DE Quevedo

De todos los poetas barrocos, Quevedo es sin duda el más versátil en el tono, que abarca desde la sátira hiriente y mordaz hasta la reflexión hondamente religiosa, pasando por la sobriedad de aire clásico. Sus casi novecientos poemas se pueden agrupar en tres subgrupos: poemas morales y religiosos, amorosos y satíricos y burlescos.

A) Poesía moral y religiosa

Estos poemas se sitúan en el cruce entre el estoicismo y la moral cristiana. Están escritos en un tono grave y angustiado y desarrollan temas típicamente barrocos (fugacidad de la vida, inevitabilidad de la muerte o la vanidad de las apariencias, de los bienes materiales y del mundo sensible), utilizando diversos tópicos (tempus fugit, quotide morimur, memento morí o vita somni). La poesía religiosa de Quevedo está marcada por el dolor del arrepentimiento de su vida pasada. En ella se destaca la figura de Cristo: el Cristo crucificado, el Cristo muerto que va a ser sepultado, el Cristo que clama a Dios antes de morir.

B) Poesía amorosa

Quevedo practicó la poesía de corte petrarquista, atraído por el lenguaje de fuertes contrastes conceptuales y paradojas, típico de la concepción del amor cortés. En este grupo, destacan los poemas del ciclo Canta sola a Lisi, dedicados a una amada fingida que, como la Laura de Petrarca, une a su tópica belleza la frialdad de su desdén. En algunas composiciones de esta serie se desarrolla una visión metafísica, trascendente, del amor, que perdura más allá de la muerte.

C) Poesía satírica y burlesca

Quevedo abordó esta temática en diversos moldes formales, que incluyen sonetos, letrillas, décimas y jácaras en los que se intensifican los juegos de palabras y las metáforas grotescas o caricaturescas. Esta poesía comprende parodias de la poesía petrarquista y culterana, versiones burlescas de fábulas mitológicas y poemas que satirizan tipos sociales o vicios. 


LA PROSA BARROCA


En la segunda mitad del Siglo XVI y la primera del Siglo XVII, en España conviven una serie de subgéneros narrativos: libros de caballerías, novelas pastoriles, novela morisca, novelas bizantinas y de aventuras… Entre las manifestaciones más carácterísticas de la época barroca, hemos de destacar: –

LA NOVELA PICARESCA

Frente al predominio de la narrativa idealista en el siglo anterior, en el Barroco se impone la novela picaresca. Esta novela es reconocida como género cuando los lectores reconocen las carácterísticas de la picaresca en Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, que, publicado en dos partes (1599 y 1604), narra en primera persona las vicisitudes del arrepentido Guzmán: su existencia de hijo de «gallarda moza» y genovés, que va pasando por diferentes amos, contrae matrimonio, es ladrón… Hasta que se le lleva a galeras y posteriormente, ya arrepentido, se le pone en libertad. Mateo Alemán adopta algunas carácterísticas del Lazarillo que configuran el género picaresco: la narración autobiográfica en primera persona que ofrece el punto de vista del pícaro; el carácter de antihéroe de un protagonista de origen innoble; la estructura de viaje y de servicio de amos; el proceso de deformación del héroe, la justificación de la obra como explicación de un «caso» final… Mateo Alemán agudiza, sin embargo, la intención de adoctrinar a la vez que entretener al incluir numerosas digresiones moralizadoras. Tras el éxito del Guzmán de Alfarache se multiplica la publicación de obras picarescas que van aportando matices al género. Otra importante novela que introduce considerables cambios en el molde picaresco es la Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, de Quevedo, que se publica en 1626. La obra, cuya finalidad es básicamente estética, constituye un muestrario de recursos del conceptismo que su autor utiliza para hacer reír. Carece, pues, de intención moral y presenta personajes caricaturizados, incluido el protagonista, Pablos, que ni evoluciona ni explica caso alguno para justificar la narración de su vida.

LA NOVELA CORTA

La generalización de la imprenta y la aparición de un público amplio que buscaba en la literatura amenidad propiciaron el cultivo de la novela corta, cuyo precedente son las Novelas ejemplares de Cervantes. Sus rasgos principales son el predominio de la temática amorosa y la importancia de la acción, la búsqueda del entretenimiento y la presencia de un marco narrativo que otorga unidad al conjunto de relatos. Entre los cultivadores de este tipo de novela destaca la escritora madrileña María de Zayas, que escribíó Novelas amorosas y ejemplares (1637) y Desengaños amorosos (1647). Sus dos principales aportaciones al género son la ruptura del final feliz y la defensa del derecho de la mujer tanto a las armas como a las letras. –

LA PROSA DE IDEAS

Desde la segunda mitad del s.XVII asistimos a un retroceso de la novela en España, que anuncia la práctica desaparición de este género durante el s.XVIII. El interés por la realidad circundante o el deseo de evasión dan paso a la reflexión moral (La cuna y la sepultura, de Quevedo) o política. Ello se traduce en el auge de la llamada prosa doctrinal o de ideas, cuya figura central es Baltasar Gracián.
 

BALTASAR GRACIÁN

En su prosa, extremadamente conceptista, se muestran los recursos propios de esta tendencia: el gusto por el juego intelectual de ideas y de palabras, el rechazo de lo vulgar, la obsesión por el ingenio y por atraer al lector mediante enigmas. Todo ello hace que su literatura sea complicada. Su lenguaje, muy cuidado, tiende a la condensación (“Lo bueno si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo”) y pretende enseñar sobre cuestiones relacionadas con la prudencia y la razón para que los seres humanos lleguen a la superación personal. Pesimista, considera que el hombre es débil y miserable, y pretende facilitarle recursos para valerse ante la malicia ajena. Él mismo indica que sus escritos son para lectores selectos: ¡Oh, gran sabio el que se descontentaba de que sus cosas agradasen a los muchos! Por ello utiliza la dificultad, con la intención de que el lector se esfuerce. Entre sus obras destaca el Criticón, compleja obra publicada en tres partes que narra una historia que funciona como alegoría de la existencia humana. Critilo y Andrenio, padre e hijo, dos personajes que simbolizan la Razón y la Naturaleza respectivamente, emprenden un largo peregrinaje por distintos países hasta llegar a la Isla de la Inmortalidad. Los múltiples episodios, símbolo de los avatares y decisiones morales a los que el hombre debe hacer frente a lo largo de sus días, sirven a Gracián para dar curso a su visión desolada del mundo.  


humanos lleguen a la superación personal. Pesimista, considera que el hombre es débil y miserable, y pretende facilitarle recursos para valerse ante la malicia ajena. Él mismo indica que sus escritos son para lectores selectos: ¡Oh, gran sabio el que se descontentaba de que sus cosas agradasen a los muchos! Por ello utiliza la dificultad, con la intención de que el lector se esfuerce. Entre sus obras destaca el Criticón, compleja obra publicada en tres partes que narra una historia que funciona como alegoría de la existencia humana. Critilo y Andrenio, padre e hijo, dos personajes que simbolizan la Razón y la Naturaleza respectivamente, emprenden un largo peregrinaje por distintos países hasta llegar a la Isla de la Inmortalidad. Los múltiples episodios, símbolo de los avatares y decisiones morales a los que el hombre debe hacer frente a lo largo de sus días, sirven a Gracián para dar curso a su visión desolada del mundo.

EL TEATRO Barroco

El teatro alcanza su máximo esplendor en el Barroco. Durante todo el siglo, la tendencia al espectáculo propia de la ideología barroca se concretará en fiestas cortesanas y religiosas, cuyo despliegue escenográfico podía ser impresionante. También había fiestas de carácter popular, como las de toros y los juegos de cañas, a los que el público español mostraba gran afición. En este ambiente, el teatro entra en el circuito económico y se convierte en un lucrativo negocio: autores, actores, poetas, entre otros, tenían en él su medio de vida. En este contexto, el sevillano Lope de Rueda fue el creador del subgénero dramático conocido como paso o entremés.
Los pasos son piezas cómicas breves protagonizadas por personajes tipificados: el bobo o simple (antecedente del gracioso de la comedia nueva), el cornudo, el estudiante, el rufián… El entremés, cultivado a finales del siglo por Cervantes, encontrará su lugar en las representaciones barrocas durante los entreactos de la comedia principal. Es ahora cuando aparecen en mayor medida lugares específicos de representación, los corrales, con su organización administrativa y económica. En ellos tenía lugar el espectáculo teatral, conglomerado de formas teatrales, cuya parte central era la comedia, que satisfacía en gran medida el gusto del público. Sus alborotos contribuían al ruido del espectáculo, fomentando la sensación de celebración colectiva: comer, beber, pelearse, arrojar objetos al escenario o a la cazuela era habitual. La diversión y la fiesta contribuían a la evasión de una realidad poco satisfactoria. La apertura de los corrales hizo posible la profesionalización del teatro. Los actores se reunían en compañías de muy diversa condición. En general, eran contratados por el autor o empresario y siempre representaban el mismo personaje. Los textos los escribían los poetas, quienes al venderlos perdían sus derechos sobre la obra, que el autor o empresario podía modificar a su antojo. Las comedias duraban poco en cartel, lo que incrementó la producción teatral, que en muchos casos se adecuó a las exigencias del mercado. La representación tenía lugar a la luz del sol y los actos o jornadas de la comedia principal alternaban con distintos subgéneros del teatro breve. La estructura de la representación era la siguiente:

1. Loa

Un único actor ensalza la comedia que va a ser representada.
2. Primer acto de la comedia.

3. Entremés

Pieza breve y jocosa, protagonizada por personajes ridículos de baja condición social.
4. Segundo acto de la comedia.

5. Jácara

Romance protagonizado por malhechores o prostitutas, que ofrece una visión degradada del mundo.
6. Tercer acto de la comedia.

7. Mojiganga

Especie de procesión profana y burlesca con elementos del carnaval, que se celebra a modo de fin de fiesta. 


LA COMEDIA NUEVA


El término comedia se utilizaba para denominar a todas las obras teatrales que se representaban en los corrales, fueran comedias propiamente dichas, tragedias, tragicomedias o dramas. Los textos responden a la fórmula consolidada por Lope de Vega en su Arte nuevo de hacer comedias, la llamada comedia nueva.
Las obras que se ajustan a esta fórmula teatral se estructuran en tres actos, están escritas en verso, no respetan la regla de las tres unidades, combinan lo trágico y lo cómico, presentan como temas principales el amor y el honor, desarrollan argumentos muy variados, tomados de fuentes diversas (la historia, la Biblia, la mitología…) y persiguen una doble finalidad: entretener al pueblo en una época de crisis y difundir la ideología de las clases dominantes. Los personajes de la comedia forman una galería de figuras que suele organizarse en los dos planos clásicos, el de los señores y el de los criados: • El rey y el poderoso, noble que puede provocar un conflicto social. • El caballero (padre, hermano o esposo) y el villano o labrador rico, cuyo honor radica en la «limpieza de sangre» y que debe velar por el honor de la dama.
Si hay afrenta, debe vengarse. Cumple, pues, la misión de mantener el orden social. • La pareja amorosa: el galán y la dama.
• El gracioso o «figura del donaire»:
Criado del galán, su contrafigura. Su versión femenina es la criada, confidente y acompañante de la dama. El gracioso cumple varias funciones: permite el diálogo y la expresión de las inquietudes del galán protagonista, le sirve de contrapunto cómico, media entre el público y la ficción, e incluso «traduce» los momentos dramáticos más complejos al lenguaje común.

Lope de Vega

Es el creador de la comedia española. Establecíó que la finalidad del arte dramático era dar gusto al público y consiguió aunar lo popular y lo culto en una síntesis que tuvo enorme éxito. Fue teorizador de sus propias innovaciones en el Arte nuevo de hacer comedias. Es muy significativo su gusto por los temas de honor y la incorporación del Romancero y de la lírica tradicional y popular a sus obras, con lo que atrae al público y se convierte en el más famoso de los escritores de su tiempo. Escritor fecundísimo, fue llamado «Fénix de los Ingenios» y «Monstruo de la Naturaleza» por la cantidad de comedias que escribíó (se estima su producción en más de 400). Su obra puede agruparse en tres núcleos: –

Dramas del poder injusto

En ellas, un noble que abusa de su poder pretende a la esposa o prometida de un villano, en el cual acude al rey demandando justicia. Pertenecen a este grupo, por ejemplo, El mejor alcalde, el rey; Peribáñez y el comendador de Ocaña; y Fuenteovejuna. –

Comedias de capa y espada

De ambientación urbana y contemporánea, tienen como motor dramático el tema del amor. El cortejo, los celos, las citas clandestinas o la confusión de identidades serán motivos recurrentes en estas obras. Destacan La dama boba, El acero de Madrid o El perro del hortelano. –

Tragedias

Un lugar aparte en la obra de Lope ocupan las tragedias El caballero de Olmedo, en la que se recrean los temas universales del amor y la muerte entrelazados, y El castigo sin venganza, donde la exigencia de salvaguardar el honor conduce a un desenlace funesto.  


TIRSO DE MOLINA Tirso de Molina representa un puente entre el teatro de Lope y el de Calderón. Aunque se ajusta a la fórmula de Lope, en su obra se advierten algunas novedades, como la tendencia al protagonismo de un solo personaje, la importancia otorgada a los personajes femeninos y el tratamiento de asuntos teológicos. Entre sus obras destaca El burlador de Sevilla y convidado de piedra.
En ella aparece por primera vez el personaje de don Juan y se pueden encontrar ya los dos elementos configuradores del mito: –
El conquistador insaciable, que seduce a mujeres de distinta condición compulsivamente. Incapaz de mostrar ni arrepentimiento ni temor de Dios, se convierte en una figura demoníaca, que desafía las leyes humanas y divinas. –

El convidado de piedra

En un gesto arrogante y sacrílego, don Juan invita a cenar a la estatua del padre de doña Ana, el comendador don Gonzalo, a quien asesinó. Este acude a la cita, toma de la mano a don Juan y lo arrastra a los infiernos, consumando el inevitable castigo. 

CALDERÓN DE LA BARCA

Con Calderón se inicia un nuevo ciclo en el teatro español que coexiste con el modelo lopesco durante la segunda mitad del s.XVII. Forman parte también de esta nueva etapa Francisco de Rojas Zorrilla y Agustín Moreto.
Sus obras se caracterizan por la profundidad filosófica y el uso de densos y elaborados monólogos. Su extensa producción dramática –casi doscientas obras-, se puede clasificar en tres grupos principales: –

Comedias de capa y espada

Llevan al límite el enredo amoroso. En este grupo destacan La dama duende y Casa con dos puertas, mala es de guardar.

Dramas de honor

En El médico de su honra, El pintor de su deshonra y A secreto agravio, secreta venganza, la sola sospecha de un comportamiento deshonroso lleva a los maridos a asesinar a sus esposas. Dentro de este grupo destaca El alcalde de Zalamea, drama en el que Pedro Crespo, un villano honrado, asesina al capitán que ha secuestrado a su hija. –

Dramas filosóficos

En estas obras se plantea el conflicto entre el libre albedrío y la predestinación. Uno de los títulos principales en este grupo es La vida es sueño, en la que combina temas diversos: la reflexión sobre la vanidad de la vida y las apariencias, la necesidad de mantener un comportamiento virtuoso, la primacía de la libertad sobre el hado o destino, o la victoria sobre las propias pasiones. Además, Calderón es también autor de autos sacramentales.
Eran pequeñas piezas alegóricas concebidas para ilustrar aspectos de la doctrina cristiana. Destaca El gran teatro del mundo.

Deja un comentario