04 Nov

  • Por Javier
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) Al-Ándalus: de la conquista islámica a la caída de Granada

En plena expansión del Islam en el Mediterráneo y ante la crisis del reino visigodo, en el 711 un ejército bereber dirigido por Tariq cruzó el Estrecho y conquistó la Península, que se convirtió en una provincia del califato omeya de Damasco (Emirato Dependiente) en el 714. En el 756, Abd al-Rahmán I se rebeló contra el califato abasí, proclamando el Emirato Independiente de Córdoba.

Tras la crisis de principios del siglo X, en el 929 Abd al-Rahmán III asumió el título de califa, máxima autoridad religiosa y civil. El califato fue la época de máximo apogeo económico, político y cultural de Al-Ándalus, esplendor que se extendió bajo el mandato de Al-Hakam II. Con Hisham II el gobierno quedó en manos de su visir, Al-Mansur (Almanzor para los cristianos). Pero tras su muerte (1002) se inició un periodo de guerras civiles que culminaron con la disolución del califato (1031) y la división del territorio en numerosos reinos independientes denominados taifas. Su debilidad favoreció la expansión de los reinos cristianos.

La conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085 llevó a las taifas a solicitar la ayuda de los almorávides, bereberes del norte de África, que derrotaron a los cristianos en Sagrajas (1086) y absorbieron al conjunto de las taifas hasta ser sustituidos por los almohades, tribu procedente del noroeste del Atlas, hacia 1170. No obstante, su dominio fue frágil y tras la derrota de las Navas de Tolosa (1212), su imperio entró en decadencia y Al-Ándalus quedó de nuevo fragmentado en taifas. El avance cristiano redujo el territorio andalusí al reino nazarí de Granada, último reducto musulmán en la Península hasta su conquista en 1492, cuando los Reyes Católicos pactaron con Boabdil la rendición de Granada.

) Economía, sociedad y cultura en Al-Ándalus

La economía musulmana destaca por su carácter urbano y mercantil: en la artesanía sobresalen los talleres de orfebrería, los de cerámica y vidrio, pieles, papel o tejidos. El comercio fue muy intenso; en las ciudades, la principal zona comercial era el zoco. En cuanto al comercio exterior, Almería, Sevilla y Málaga fueron los principales puertos: se exportaban productos de lujo y agrarios y se importaban materias primas, armas y esclavos. En agricultura predominaron las grandes explotaciones, con la tríada mediterránea como principal cultivo. En las zonas fértiles se extendió el regadío (arroz, hortalizas, algodón…), introduciendo nuevas técnicas (acequias y norias). En ganadería, retrocede el ganado porcino y aumenta el ovino, caprino, mular y caballar.

En la sociedad, entre los musulmanes, la minoría de origen árabe formaba la élite social: eran grandes propietarios y ocupaban altos cargos en la administración. El grupo de origen bereber estaba formado por miembros del ejército y la administración, artesanos, comerciantes… Los muladíes eran los hispanogodos que se habían convertido al Islam y constituían la mayoría de la población. Como grupos minoritarios, los mozárabes (cristianos en territorio andalusí) fueron reduciendo su número paulatinamente, y los judíos despuntaron en actividades como el comercio y la medicina.

Gracias a la prosperidad económica, Al-Ándalus alcanzó un gran desarrollo cultural y científico, convirtiéndose Córdoba en un referente durante el siglo X, con escritores como Ibn Hazm y filósofos como Averroes, y con importantes estudios matemáticos, astronómicos y médicos. Este esplendor se reflejó también en arquitecturas como Madinat al-Zahra y la mezquita de Córdoba. La presencia judía en la península se remonta a la época romana, adquiriendo gran relevancia en época medieval, con el dominio de actividades como el comercio o la medicina. En Al-Ándalus destacó la figura de Maimónides.

) La Reconquista cristiana

La conquista musulmana se frenó en torno a las cordilleras cantábrica y pirenaica, donde se formaron los primeros núcleos de resistencia cristianos: el reino de Asturias y, más tarde, el condado de Aragón, el reino de Pamplona y los condados catalanes. La expansión de los reinos cristianos es una combinación de conquista militar y repoblación del territorio por población cristiana.

La primera etapa de la Reconquista, entre los siglos VIII y X, fue de consolidación de los núcleos cristianos: el reino de Asturias trasladó su capital a León y se fundó el condado de Castilla, avanzándose hacia el valle del Duero y el sur de los Pirineos. En época de los reinos de taifas se avanzó por los valles del Tajo y del Ebro; así, Alfonso VI tomó Toledo en 1085. Con el fin del dominio de almorávides y almohades, la Corona de Aragón incorporó las Baleares y el reino de Valencia; Castilla se expandió hacia el sur del Tajo y en 1212 venció a los musulmanes en Las Navas de Tolosa; luego Fernando III ocuparía ciudades como Sevilla, Córdoba o Murcia. Desde finales del siglo XIII, el único territorio musulmán que pervivía en la Península era el reino nazarí de Granada, cuya conquista completaron los Reyes Católicos en 1492.

Los reinos peninsulares presentaban una estructura política basada en tres instituciones:

  • El rey, señor de todos los habitantes del reino, con un poder limitado por los señoríos y los privilegios de la nobleza y el clero.
  • Las Cortes, reunión de los estamentos en los que se dividía la sociedad: nobiliario, eclesiástico y ciudadano.
  • Los municipios, que florecieron durante el siglo XIII, en manos de la nobleza o la burguesía enriquecida.

) La repoblación y la sociedad medieval

La repoblación fue el proceso de colonización cristiana de las tierras conquistadas. Los modelos de repoblación fueron:

  • Presura: en el valle del Duero entre los siglos IX y X. La nobleza y el clero ocuparon tierras sin dueño y crearon señoríos. Los campesinos ocuparon tierras como hombres libres.
  • Concejil: entre el Duero y el Tajo (siglo XI). Los reyes creaban concejos a los que concedían fueros y cartas puebla, que daban privilegios y libertades a los pobladores.
  • De las órdenes militares: en la Submeseta sur, el Bajo Aragón y el Bajo Ebro durante la primera mitad del siglo XIII. Se crearon encomiendas y latifundios ganaderos por falta de campesinos.
  • Repartimiento: en el valle del Guadalquivir y el litoral levantino (segunda mitad del siglo XIII). Se repartían las tierras en función del rango social. Aparecieron latifundios en manos de la nobleza, el clero y las órdenes militares.

La sociedad medieval estaba articulada en tres estamentos: nobleza y clero constituían el grupo privilegiado, pues gozaban de privilegios jurídicos y fiscales; y el estado llano, integrado por el campesinado y una incipiente burguesía. Esta división social era muy rígida, siendo casi imposible cambiar de estamento. Muchos campesinos, ante la necesidad de protección, pasaron a depender de los señores feudales, convirtiéndose en siervos (durante la Alta Edad Media).

) La Baja Edad Media en la Corona de Castilla y la Corona de Aragón

La Baja Edad Media se caracteriza por importantes cambios impulsados por las crisis demográfica (epidemias), económica (malas cosechas y presión fiscal) y política (guerras civiles y rebeliones sociales) de los siglos XIV y XV. En 1230 se produjo la definitiva unión de Castilla y León bajo Fernando III. Ello comportó el inicio de un proceso de centralización y de creación de un derecho uniforme, salvo en las tierras vascas. Ese proceso centralizador buscaba reforzar el poder autoritario del rey, lo que despertó la oposición de la nobleza y los municipios, causa de las guerras civiles de los siglos XIV y XV. En el siglo XV, Castilla comenzó a desarrollar su comercio marítimo e inició la conquista de Canarias.

En la Corona de Aragón, el pactismo quedó consolidado a finales del siglo XIII, adquiriendo las Cortes capacidad legislativa. Aragón inició su expansión en el Mediterráneo con la toma de Sicilia y Cerdeña, culminando en el siglo XV con la conquista de Nápoles. El territorio quedó configurado como una confederación de reinos en la que cada territorio tenía sus propias leyes e instituciones. El rey se comprometía a respetar las leyes, fueros y costumbres. En Navarra, el monarca debía respetar los fueros y consultar a las Cortes ciertas decisiones. Desde el siglo XIII este reino quedó vinculado a Francia hasta su incorporación a Castilla en 1512.