13 Dic

El poema que vamos a comentar pertenece a la obra Historia de una escalera y se cree que fue escrita entre 1947 y 1948.  Fue interpretada por primera vez en el Teatro Español de Madrid tan sólo un año más tarde. Antonio Buero Vallejo, su autor, nace en 1916 y muere a los 80 años en Madrid. Su extensa producción, que abarca casi 50 años, le convierte en el dramaturgo más importante de la segunda mitad del Siglo XX. Se le considera pionero del teatro realista posterior, al reflejar y criticar la sociedad española del momento. En 1949, se le concede el premio Lope de Vega, por Historia de una escalera.
La obra se divide en tres actos y este fragmento pertenece al último, concretamente a la escena final, en la que los protagonistas se encuentran reviviendo la escena que sus padres habían tenido 30 años atrás. Su trayectoria abarca tres etapas destacables: la primera se caracteriza por un Realismo matizado por símbolos, a la que pertenece esta obra. La segunda trata aspectos sociales y la tercera y última intensifica los rasgos de la segunda,  tratando temas como el compromiso, sus consecuencias, el autoengaño como mecanismo de defensa y hace uso de mayores innovaciones formales.

Después de la Guerra Civil española, los años que siguen a la guerra están marcados por las secuelas del conflicto: hambre, aislamiento internacional y una reconstrucción que se vio dificultada además por el estallido de la 2ª Guerra Mundial. Además, se lleva a cabo una defensa a ultranza del régimen franquista y de la ortodoxia católica, que tiene en la censura uno de sus más claros exponentes. El teatro de la década de los 40 es un teatro comercial. Destaca la alta comedia que cultivan los dramaturgos como Pemán y el teatro cómico de Mihura.

Historia de una escalera representa la convivencia de cuatro familias que viven en una modesta casa de vecinos durante casi 30 años y cuyos destinos se cruzan entre sí. El paso del tiempo y la constante presencia de los personajes en el mismo espacio y estructura, dan lugar a una concepción de vida un tanto asfixiante.


Generación tras generación, se repiten las mismas costumbres y necesidades, y allí mismo se ven incumplidos los sueños de un ascenso socioeconómico de los personajes, lo que conlleva a la frustración, el desasosiego y la impotencia. La única esperanza posible reside en los jóvenes, aunque el autor, con el final abierto, nos da a entender que no va a ser así. Por tanto, la escalera se convertirá en un reflejo de la sociedad española, en un contexto de postguerra dominado por la pobreza y una política de autarquía económica impuesta por el régimen franquista que sumía a España en la incomunicación. El tema principal de la obra es el inmovilismo de la sociedad española y la frustración ante la incapacidad de ascenso socioeconómico.

La obra presenta una estructura que se divide en tres actos independientes. En el primero, se narra, como aspecto principal, la historia de amor de Fernando y Carmina, y que se cierra haciendo referencia al cuento de la lechera, que por estar pendiente de lo que podía pasar, por ser ilusionista, perdíó en lo que realmente tenía que estar pendiente. El segundo acto, el más breve, narra cómo, diez años después, todo en la escalera sigue igual. Exceptuando la muerte de algunos de los mayores y las nuevas parejas: Carmina y Urbano, Fernando y Elvira. Finalmente en el último acto, los hijos de ambas parejas, teniendo las mismas personalidades que sus progenitores, vuelven a vivir la misma historia que sus padres, una historia de amor, que no va a tener futuro ninguno.

Los personajes principales de este fragmento son Fernando (hijo) y Carmina (hija), cuyas personalidades son un reflejo de las de sus padres. Fernando es un soñador, un idealista, siempre está pensando en lo que va a hacer pero nunca lleva a cabo nada de lo que dice, con lo que es vago. Muchas veces no cumple con sus obligaciones, con lo  que también se le tacha de irresponsable. A veces en su forma de actuar se le ven aires de egoísmo y falta de personalidad.


En cambio Carmina, como la mayoría de las mujeres de la época, es trabajadora. También es soñadora, pero no de la misma manera que Fernando. Ella es  ingenua, confía plenamente en él y en todas las promesas que le hace, confía plenamente en ello. En esta escena también aparecen, como personajes secundarios, Manolín, hermano pequeño de Fernando y los padres de los protagonistas de la escena, que observan con melancolía, como si algo los estuviera llevando de vuelta al pasado y lo revivieran de nuevo.

La  época en la que se desarrolla de la historia es la sociedad española de Postguerra, que vive sumida en una crisis económica y cultural, lo que lleva a una extrema pobreza. En cambio el interno transcurre cronológicamente a lo largo de casi 30 años, con saltos temporales, de 10 años entre el primer y segundo acto, y de 20 años entre el segundo y el tercero. Los personajes se encuentran en un edificio, supuestamente en un suburbio de una ciudad como Madrid, pero sin embargo todo sucede en torno a una escalera de vecinos del mismo edificio.

Centrándonos en el carácter literario hemos de decir que en cuanto al género en el que se inscribe es el teatral, que podemos observaren  la ausencia de narrador. En su lugar encontramos acotaciones escénicas, que definen a los personajes, sus pensamientos y acciones. La función del lenguaje que predomina es la emotiva o expresiva, marcado por la presencia de oraciones o expresiones exhortativas, también destaca la referencial o representativa, una serie de hechos que suceden en la escalera de un edificio, finalmente también se puede observar la fática, que presenta una serie de elementos que sirven para iniciar, mantener o finalizar una conversación.

En cuanto al léxico, la utilización del lenguaje sencillo, de acuerdo a la clase social de los personajes. Sin embargo, en la escena final observamos cierta grandilocuencia en el parlamento de Fernando hijo con la intención de impresionar a Carmina hija. Los campos semánticos más utilizados son los referidos al amor y a la lucha.

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