19 may

1. LA OCUPACIÓN NAPOLEÓNICA

El rey Carlos IV asciende al trono Español en 1788, y se vió afectado por las consecuencias de la expansión en España de los ideales de la Revolución francesa de 1789.

1.1 EL IMPACTO DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

La Revolución francesa en España favorecíó la difusión de las ideas liberales generando a su vez, reacciones de rechazo en la Corte y los privilegiados.  El rey Carlos IV, suprime toda influencia ilustrada en su gobierno, nombrando a Manuel Godoy secretario de Estado y cerrando la frontera para evitar el contagio de dichos ideales. Tras la ejecución de Luis XVI en 1793, Carlos IV decide unirse a la coalición militar europea en guerra contra Francia. La derrota de las tropas españolas fue inevitable, los costes económicos fueron extraordinarios y la Paz de Basilea (1795) marcó la dependencia de España a los intereses franceses. La subida al poder de Napoleón provoca un cambio en la política exterior.    España se alía con Francia, creando la guerra contra Gran Bretaña, que supuso la derrota de la flota Franco-española en Trafalgar. Hacienda se vio carente de los recursos procedentes  de las colonias por la interrupción del comercio atlántico. Godoy, con el fin de conseguir recursos, recurre al endeudamiento, al aumento de las contribuciones y a la desamortización de tierras eclesiásticas. Lo que supone: -La oposición de la Iglesia y la nobleza -Su enemistad con Fernando, el hijo de Carlos IV,  desconfianza.  -El descontento popular (elevados impuestos, epidemias…) que derivó en motines.

1.2 LA OCUPACIÓN NAPOLEÓNICA La situación empeora cuando España firma el Tratado de Fontainebleau (1807), que autorizaba  a los ejércitos franceses a entrar en el país para atacar a Portugal. Además, fijaba un futuro reparto del país vecino, del que Godoy recibiría un principado. Con la entrada de las tropas francesas (Febrero de 1808) se produjo la ocupación de plazas estratégicas (Barcelona, Vitoria…), a pesar de no figurar en el tratado. Las autoridades españolas aceptan su presencia, hasta que la familia real huye a Aranjuez debido a la llegada de las fuerzas imperiales a Madrid, para iniciar el avance y la ocupación hacia el Sur peninsular. Es entonces cuando, se produce el motín de Aranjuez (18 de Marzo de 1808), impulsado por nobles y eclesiásticos y protagonizado por soldados y sectores populares, que exigían la destitución de Godoy y la renuncia de Carlos IV al trono a favor de su hijo Fernando. Al día siguiente, es proclamado rey Fernando VII, pero su padre Carlos IV, solicita la ayuda de Napoleón para recuperar el trono. Bonaparte, constatando la debilidad de los Borbones, convoca a los monarcas en Bayona y ocupa España para anexionarla a su Imperio. Ambos reyes aceptan abdicar de la Corona, por lo que Napoleón consigue nombrar a su hermano José I rey de España y convocar unas Cortes en Bayona para aprobar un código constitucional (Estatuto de Bayona), que abolía los privilegios y reconocía la igualdad de los españoles ante la ley, los impuestos y el acceso a los cargos públicos.


1.3 REVUELTAS POPULARES Y JUNTAS

La tensa situación en las poblaciones con presencia francesa provocó motines y resistencias en las ciudades ante la pasividad de las autoridades españolas, ya que era evidente de que se trataba de  una invasión y no de un tránsito. Dichas revueltas fueron motivadas por las extorsiones, realizadas por el ejército imperial (alimentos, ocupación de viviendas…) y el rumor de que Napoleón había secuestrado por la fuerza a los reyes en Bayona.El levantamiento de Madrid (2 de Mayo, 1808), fue el detonante que generalizó  la revuelta. El alzamiento contra los franceses se impulsó por las clases populares, notables locales y el clero; en defensa de la religión católica y de la monarquía.

Incapaces de controlar la rebelión popular y de frenar la ocupación francesa, las instituciones pierden el control político generando un vacío en el poder y el desmoronamiento institucional del Antiguo Régimen.  Los patriotas, crean juntas integradas por las élites locales. Los voluntarios, consiguieron victorias como las de Bruc (Barcelona) y Bailén (Jaén), obligando así a José I a replegarse al norte del Ebro. Las juntas locales crearon una Junta Suprema Central (Septiembre de 1808),  que reconocíó a Fernando VII como rey de España.

2.1 LA GUERRA CONTRA LOS FRANCESES

En el otoño de 1808, Napoleón entra en España y ocupa Aragón, Cataluña y Madrid, quebrando fuertes resistencias y bombardeando ciudades como Girona y Zaragoza. En Enero de 1809, José I regresa a Madrid. El dominio francés adquiríó su máximo nivel a principios de 1812, cuando las tropas napoleónicas dominan Valencia. Aunque posteriormente, se fue debilitando debido al inicio de la invasión de Rusia, lo que obligó a Napoleón a desplazar efectivos militares hace el nuevo frente.  Ello facilitó el contraataque de las tropas británicas y españolas por el general Wellington, que vencieron en Arapiles (Salamanca, jul. 1812), lo que supuso un cambio irreversible en el curso  de la guerra. Su avance obliga a huir a José I y permite recuperar Madrid (Agosto 1813). Napoleón, ante la imposibilidad de mantener dos frentes, firma el Tratado de Valençay (dic. 1813), por el que retiraba sus tropas y restablecía la monarquía de Fernando VII. Fue una guerra atípica, en la que el ejército español se desarticuló tras la batalla de Bailén. Sus componentes se sometieron al ejército británico, o bien se integraron en la guerrilla; que eran grupos reducidos protagonizados por su continuo hostigamiento a los franceses y que estaban dirigidos por militares, clérigos y campesinos, que actuaban de manera informal en zonas rurales.



2.2 ACTITUDES SOCIALES Y POLÍTICAS

La guerra provoca hambre, miseria y enfermedades en las clases sociales populares urbanas y del campesinado, estos últimos, quedaron sometidos a la extorsión y derechos señoriales.

Junto al régimen de José I, se situaron los afrancesados. Eran reformistas, ilustrados, intelectuales y también hombres de negocios que se enriquecieron con actividades vinculadas al nuevo régimen.

La oposición a los franceses encubría actitudes ideológicas diversas: -Por un lado, el clero y la nobleza asociaban dicha oposición al restablecimiento del absolutismo y de la tradición, al retorno a la situación previa de 1808. -Por otro lado, un sector de reformistas moderados creían que el regreso del rey significaría el desarrollo de un programa de reformas dentro del Antiguo Régimen. -Finalmente, los liberales, deseaban un cambio profundo que acabase con el absolutismo y que Fernando VII implantase la soberanía nacional, la separación de poderes y las libertades individuales.

2.3 LOS COSTES DE LA GUERRA

Fue una guerra larga de una crueldad extrema y muy destructiva. La mortalidad alcanzó en algunas zonas el 50% de la población, con contrastes regionales muy marcados. En cuanto a la economía, la producción agraria quedó destruida, y la industrial, colapsada. El comercio se paralizó y el transporte quedó afectado por la incautación militar de bueyes, mulos y caballos. El coste global fue extraordinario y provocó una deuda pública inasumible: en 1815, el déficit de las finanzas era 20 veces mayor a los ingresos del Estado.


3.1 LA CONVOCATORIA DE CORTES

En medio del conflicto bélico, la Junta Central Suprema organiza una consulta al país y, ante el hundimiento del Estado, pone en marcha una convocatoria de Cortes, ya que señalaban a Carlos IV como responsable de la situación, por lo que planteaban la necesidad de reformas que limitasen su poder.

Sin embargo, la Junta no pudo sobreponerse a las derrotas militares, por lo que cesó en sus funciones y fue reemplazada por una regencia encabezada por el obispo de Orense (Enero, 1810). Este, con recelos y dificultades, convoca las Cortes en Cádiz, única ciudad que resistía el asedio francés con la ayuda de Gran Bretaña.

Los diputados, dado el contexto bélico, no siempre pudieron representar las Cortes, por lo que lo hicieron personas presentes en Cádiz. Finalmente se reunieron 300 diputados y se acordó que las Cortes serían unicamerales y no estamentales, y se inauguraron en Septiembre de 1810.

El primer día, los liberales consiguieron la soberanía nacional. Asimismo, acordaron la división de poderes y reconocían a Fernando VII como rey de España. Adquirían pues, un carácter revolucionario ya que rompían con la doctrina tradicional de la soberanía como atributo real y liquidaban los privilegios estamentales al establecer que todos los ciudadanos eran iguales ante la ley y tenían los mismos derechos.


3.2 LA CONSTITUCIÓN DE 1812

Durante más de tres años, las Cortes desarrollaron una intensa actividad legislativa


Aprobaron una serie de leyes y decretos, así como la primera Constitución de la España contemporánea, lo que permitíó sentar las bases de un nuevo sistema liberal y acabar con el Antiguo Régimen. 

La Constitución española de 1812, fue promulgada por las Cortes Generales españolas reunidas extraordinariamente en Cádiz el 19 de Marzo de 1812.

Fue un texto de contenido muy avanzado para la época, que se convirtió en una referencia no solo en la península sino también en Europa y América. En sus artículos se definían los derechos del ciudadano, las libertades civiles y la igualdad jurídica y fiscal a través del reparto proporcional de los impuestos.

Se establecía el sufragio universal masculino para mayores de 25 años, mediante un sistema de elección indirecto, en diversas instancias electivas (parroquia, municipio y provincia). También se garantizaba la seguridad individual a través de la inviolabilidad del domicilio, los derechos penales y procesales y la abolición de la tortura.



6.1 LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO (1814-1820)

Cuando Fernando VII regresa a España, no cumple sus promesas de acatamiento del régimen constitucional. A través de la conspiración, y amparándose en las peticiones de los absolutistas formuladas en el Manifiesto de los Persas(ver doc. 1), procede al restablecimiento del Antiguo Régimen. Tras su llegada a Madrid, declara nula la Constitución y los decretos de Cádiz e inicia la persecución de liberales y afrancesados, que fueron detenidos y ejecutados, o huyeron al exilio. En los meses siguientes, el rey procede a la restauración de las antiguas instituciones y del régimen señorial. Rehúsa emprender reformas y no se toman medidas ni para reconstruir la sociedad de posguerra, ni para sanear Hacienda y hacer frente a la deuda. Además, el estallido de movimientos de emancipación de las colonias exigíó recursos extraordinarios para hacerles frente e interrumpíó los flujos monetarios que llegaban de América. Los gobiernos se muestran incapaces de solucionar los problemas, ya que diversos ministros de Hacienda planteaban reformas fiscales, pero el rey no las acepta y se niega a aprobar medidas que alterasen las normas tradicionales.

6.2 LA DESAFECCIÓN SOCIAL Y POLÍTICA

A pesar de la represión, la guerra contra Napoleón había cambiado a la sociedad


Entre el campesinado se mantuvo la resistencia a pagar determinadas rentas señoriales y los diezmos. Los sectores adinerados, que habían comprado tierras con las desamortizaciones, reclamaban que se respetase la propiedad de sus nuevas adquisiciones. También quienes habían desarrollado nuevas formas de producción mostraban su descontento por la interrupción del tráfico comercial. Finalmente, en las ciudades, el malestar era perceptible entre  artesanos, jornaleros, pequeña burguésía… Todo ello favorecía la reivindicación liberal y constitucional y estimulaba los pronunciamientos militares como método para acceder al poder. Estos consistían en el levantamiento  de un sector del ejército a favor de la Constitución , y con el apoyo civil en las ciudades pretendía conseguir suficiente fuerza para imponerse al monarca.

6.3 EL TRIENIO LIBERAL (1820-1823)

El 1 de Enero de 1820 triunfa un pronunciamiento en favor de la Constitución encabezado por el el coronel Rafael del Riego. La pasividad del ejército real y la acción de los liberales en las ciudades obligan al rey a aceptar la Constitución de 1812. También se forma un nuevo gobierno que proclama una amnistía, que permite el regreso de liberales y afrancesados, y convoca elecciones, las cuales fueron ganadas por los liberales.

Las nuevas Cortes se forman con una mayoría de diputados liberales e inician una importante obra reformista. Una serie de leyes desarrollan las libertades de imprenta, asociación y reuníón, lo que permite el impulso de la prensa y de las sociedades patrióticas formadas por liberales.

El principal objetivo del Trienio fue consolidar la abolición del Antiguo Régimen, iniciada por las Cortes de Cádiz y frenada tras el regreso de Fernando VII. Para ello, se precisa:


-La supresión de los señoríos jurisdiccionales, mayorazgo y vinculaciones, lo cual permite liquidar el feudalismo en el campo. La tierra se convierte en mercancía, lo que favorece las relaciones entre propietarios y campesinos. -La aprobación de una reforma eclesiástica, que suprime los conventos y secularizaba a los frailes. Se lleva a cabo una desamortización de tierras del clero regular, que pasan al Estado y son vendidas a particulares en subastas públicas, con el fin de limitar el poder de la Iglesia y conseguir recursos para la Hacienda pública y potencias la producción agraria. -La reforma del sistema fiscal para aumentar los recursos del Estado y disminución del diezmo que cobraba la Iglesia.

Eliminación de los gremios y aprobación de la libertad de industria y de circulación de mercancías, lo que favorece el desarrollo de la burguésía comercial e industrial. Para mantener el orden público y defender el régimen constitucional, se instaura la Milicia Nacional, un cuerpo de ciudadanos armados, formados por clases medias urbanas. También se procede a la división del territorio en provincias, para organizar nuevos ayuntamientos y diputaciones por medio del sufragio. Asimismo se promulga un primer Código Penal, se procede a la reforma del ejército y se plantea el impulso de la educación, organizado en tres grados: primario, secundario y universitario.

6.4 CONFLICTOS Y TENSIONES DURANTE EL TRIENIO

Las reformas suscitaron rápidamente la oposición de la monarquía y de los absolutistas. Fernando VII había aceptado el nuevo régimen forzado por las circunstancias, aunque conspira contra el gobierno, buscando recuperar su poder absoluto mediante el apoyo de las potencias absolutistas.

Asimismo, el descontento de los campesinos se tradujo en protestas  y levantamientos, ya que las reformas del Trienio, no incorporaban aspiraciones básicas como el acceso a la propiedad de la tierra y una efectiva rebaja de los impuestos. Los antiguos señores eran ahora los nuevos propietarios y los campesinos se convertían en arrendatarios o jornaleros que podían ser expulsados de las tierras si no pagaban, por lo que perdían sus derechos tradicionales. Además, a éstos les afectó el pago monetario, ya que predominaba el intercambio en especie. Al verse indefensos ante las nuevas relaciones capitalistas, se suman a la agitación liberal.  La nobleza tradicional y la Iglesia, perjudicadas por la supresión del diezmo y los privilegios, y por la venta de bienes monacales, estimulan la revuelta contra el Trienio. Consiguieron capitalizar parte del descontento de los campesinos al solucionar sus problemas mediante el restablecimiento del orden tradicional.Finalmente, las tensiones se producen entre los liberales, divididos en dos tendencias: -Los moderados, que eran partidarios de reformas más favorables a las élites sociales (nobleza y burguésía propietaria), que no provocasen conflictos con el rey. -Los exaltados, organizados en sociedades patrióticas, planteaban la defensa de las libertades, el pleno desarrollo de la Constitución y la necesidad de reformas radicales más próximas  a clases medias y populares.

6.5 LA LIQUIDACIÓN DEL TRIENIO

El triunfo del liberalismo en España contagia a otros territorios (Nápoles, Portugal…) y alarma a las potencias que habían formado la Santa Alianza (Prusia, Rusia y Austria, a las que se añadió Francia) con el objetivo de intervenir militarmente ante cualquier amenaza liberal. Las demandas de ayuda de Fernando VII como “rey secuestrado por los liberales” dieron lugar a la formación de un ejército francés, los Cien Mil Hijos de San Luis, que bajo el mando del duque de Angulema atraviesa los Pirineos con el fin de restablecer el orden tradicional. La resistencia del ejércita liberal fue escasa. En Cataluña, las tropas al mando de Francisco Espoz y Mina se enfrentaron a los invasores, sin éxito. Tampoco se consiguió la intervención ciudadana ni la ayuda británica. Tras la ocupación de Madrid, se nombra un Consejo de Regencia y un gobierno absolutista, que derogó las normas y decretos promulgados durantes el Trienio.  Fernando VII recupera su condición de monarca absoluto (Octubre de 1823) e inicia inmediatamente la  persecución de los liberales e implanta un régimen de terror.


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