05 Ene

3.2

Alma y cuerpo

. Descartes afirma que hemos de analizar, que ha encontrado una primera certeza, o verdad de la que es imposible dudar, y es que piensa y, por tanto, existe.
Esto sólo demuestra, que es una sustancia cuya esencia es pensar, una “cosa pensante”, pero esto no implica que mi cuerpo y el mundo que le rodea también existan. Pues, “podía fingir que no tenía cuerpo y que no había mundo ni lugar alguno en el que me encontrase, pero no podía fingir por ello que no existía”, ya que del hecho mismo de dudar se seguía que existía, concluye que es una sustancia cuya esencia es pensar, una
sustancia pensante
. Si Descartes ha demostrado que para existir no necesita de lugar alguno ni depende de cosa alguna material; que el pensamiento existe, aunque no pueda estar seguro de que el cuerpo también exista, eso quiere decir que esa cosa que piensa puede existir aunque no exista el cuerpo, y por tanto, existe el alma, que es la que piensa, aunque no sepamos si existe el cuerpo. Descartes se pregunta: ¿existe, entonces, el cuerpo y el resto de los objetos del mundo? Según la hipótesis, un genio maligno podría hacernos creer que existen los cuerpos sin que existiesen realmente, pero no puede hacernos creer que no existimos porque el hecho de pensar implica nuestra existencia, sólo sabemos que existe el alma. Ahora bien, en sus Meditaciones metafísicas, Descartes, después de demostrar la existencia de Dios, afirma que dado que Dios es todopoderoso y sumamente bondadoso no podría engañarnos haciéndonos creer que existen los objetos si en realidad no existiesen, pues ello querría decir que no es tan bondadoso al engañarnos. Y, por otra parte, su suma bondad y poder tampoco permitirían que otro ser, un supuesto genio maligno, nos engañase, puesto que permitir dicho engaño sería contrario tanto a su bondad como a su omnipotencia. Con lo cual, podemos concluir, de acuerdo con Descartes, que las cosas que percibimos a través de los sentidos existen, puesto que si no existiesen Dios no permitiría que las percibíésemos como existentes.Si Dios es “veracísimo” y no permitiría que creyésemos en la existencia de lo que no existe,¿porqué, en muchas ocasiones, los sentidos nos engañan y la razón nos hace caer en el error, haciéndonos creer en la existencia de cosas que, en realidad, no existen? Dios no nos engaña, pero caemos en el error por dos razones
:

Nuestra razón nos hace caer en el error porque su capacidad de conocimiento es limitada, mientras que nuestra voluntad de conocer es infinita y cuando permitimos que la voluntad arrastre al entendimiento, en sus ansias por conocer, caemos en el error. Ell único modo de evitar el error será el uso de un buen método que no permita al entendimiento creer en todo lo que la voluntad desee sino tan sólo en lo que le parezca indudablemente cierto.

Nuestros sentidos nos engañan, en algunas ocasiones, pero no en todo lo que percibimos. Pues, según Descartes, hemos de distinguir las cualidades primarias de los objetos de las secundarias. Las primarias serían sus cualidades esenciales, las que no podríamos quitarles sin que dejaran de existir, mientras que las secundarias serían las que a pesar de cambiar no harían que los objetos dejasen de existir. Y, ¿cuáles son las primarias? Según Descartes, las relacionadas con su extensión (la longitud, profundidad, grosor, etc.)l, podemos afirmar que cualquier cosa material, como nuestro cuerpo, es una “cosa extensa”.Mientras que el resto de las carácterísticas de los objetos no formarían parte de su esencia sino de sus cualidades secundarias, es decir, de carácterísticas que no se encuentran en los objetos sino que dependen de nuestra manera de percibirlos. Y, así, no podemos decir que un objeto sea “borroso” sino que es mi miopía la que me hace verlo como borroso. De manera que son mis sentidos los que, en algunas ocasiones, distorsionan la realidad y no me permiten verla tal cual es.


Podemos concluir, ,que hay en Descartes una antropología dualista, como en Platón, según la cual el ser humano está compuesto, en primer lugar, por el alma, que es una sustanciacuya esencia es el pensamiento. Por lo que llama al alma res cogitans (cosa o sustancia pensante). Mientras que nuestro cuerpo (y, cualquier objeto material) es otra sustancia (finita) que tiene como esencia la extensión, es una “res extensa”, ya que la extensión es la única cualidad de los objetos de cuya existencia tenemos certeza; mientras que no podemos tener certeza de que existan el resto de sus cualidades (secundarias: que no son sustancias) ya que éstas dependen de nuestra percepción  y de la existencia del objeto en el que se dan.

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