22 Oct

1. Terminología y clasificación de la discapacidad

La OMS distinguía tradicionalmente tres conceptos:

  • Deficiencia: pérdida o anomalía de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica. Se localiza en un órgano, tejido o sistema; puede ser temporal o permanente, y derivar de una enfermedad, lesión o alteración congénita. Ejemplo: parálisis de una extremidad.
  • Discapacidad: restricción o ausencia de la capacidad para realizar una actividad dentro de los márgenes considerados normales. Es la consecuencia funcional de una deficiencia y afecta al rendimiento, la autonomía y las actividades cotidianas.
  • Minusvalía: desventaja social que limita o impide desempeñar un papel considerado normal según la edad, sexo y contexto sociocultural. Surge de la relación entre la persona y la sociedad.

Así, la deficiencia pertenece al plano corporal, la discapacidad al de la actividad individual y la minusvalía al plano social.

Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF)

La CIF sustituye el enfoque tradicional por un lenguaje común para describir la salud y las situaciones asociadas. No «clasifica» a las personas: analiza su situación individual y social. Sirve para mejorar la comunicación entre profesionales y usuarios, comparar datos entre países y utilizar información en investigación, estadística, atención clínica, educación y políticas sociales.

Sus elementos principales son:

  • Funciones corporales: funciones fisiológicas y psicológicas.
  • Estructuras corporales: órganos, extremidades y demás partes anatómicas.
  • Deficiencias: pérdidas, desviaciones o anomalías significativas de funciones o estructuras.
  • Actividad: realización de una tarea o acción.
  • Participación: implicación en una situación vital.
  • Limitaciones en la actividad: dificultades para realizar actividades.
  • Restricciones en la participación: problemas para participar en la vida diaria.
  • Factores ambientales: condiciones físicas, sociales y actitudinales del entorno.
  • Factores personales: experiencias, estilo de vida y características individuales.

Las deficiencias pueden ser temporales o permanentes, progresivas o estáticas, e intermitentes o continuas. No equivalen necesariamente a una enfermedad: pueden ser una manifestación de un estado de salud.

Del modelo médico al modelo social

El modelo médico entiende la discapacidad como un problema individual provocado por una enfermedad, lesión o condición de salud; prioriza diagnóstico, tratamiento y rehabilitación.

El modelo social destaca que la discapacidad depende también de las barreras del entorno: diseño físico inaccesible, falta de apoyos, normas sociales o actitudes. La CIF integra ambas perspectivas: la discapacidad resulta de la interacción entre persona y entorno. Un entorno accesible facilita autonomía y participación; uno con barreras las restringe.

Clasificaciones operativas tradicionales

Según el tipo de deficiencia, se contemplan:

  • Psíquica o mental: niveles límite, ligero, moderado, grave/severo y profundo, vinculados al nivel cognitivo, aprendizaje y necesidades educativas.
  • Física: alteraciones motoras, congénitas o adquiridas; problemas óseos, ausencia de miembros, espina bífida, poliomielitis, artritis, trastornos neurológicos o musculares, además de determinadas condiciones de salud como cardiopatías, epilepsia, diabetes, hemofilia, anorexia u obesidad.
  • Sensorial: alteraciones visuales y auditivas.
  • Psicosocial: salud mental, toxicomanías, inadaptación y otros factores sociales.
  • Multideficiencias o plurideficiencias: coexistencia de varias deficiencias.
  • Deficiencias del rendimiento escolar: trastornos complejos y absentismo, especialmente en el ámbito educativo.

Según el momento de aparición, las causas pueden ser:

  • Prenatales: antes del nacimiento; hereditarias, congénitas, metabólicas, cromosómicas, orgánicas, mecánicas, químicas, físicas, biológicas o psicológicas.
  • Perinatales: alrededor del parto; prematuridad, bajo peso, trauma obstétrico, falta de oxígeno, sufrimiento fetal o parto distócico. La prematuridad no implica necesariamente discapacidad.
  • Postnatales: tras el nacimiento; carencias afectivas, culturales o nutricionales, abandono, avitaminosis, infecciones, alergias, disfunciones endocrinas, traumatismos craneoencefálicos o factores tóxicos.

La clasificación psicopatológica se refiere a trastornos de conducta. Ningún síntoma debe valorarse aislado: hay que considerar intensidad, frecuencia, duración y relación con otros trastornos.

2. Discapacidad visual y actividad físico-deportiva

La discapacidad visual es una pérdida total o parcial de la visión. Dado que la vista aporta gran parte de la información ambiental, puede afectar orientación, autonomía, aprendizaje y desarrollo motor; estas dificultades pueden compensarse mediante el oído, tacto y otras formas de exploración.

Es esencial diferenciar:

  • Discapacidad congénita: la persona no ha tenido experiencias visuales previas y construye referencias espaciales e imágenes mentales con otros sentidos.
  • Discapacidad adquirida: ya existen imágenes visuales, referencias de espacio y tiempo, y movimientos aprendidos.

En la retina se encuentran:

  • Conos: visión diurna, colores y detalles finos.
  • Bastones: visión con poca luz o nocturna, sin distinción de colores.

La visión sigue cuatro fases: la luz llega a la retina; los fotorreceptores la convierten en impulsos eléctricos; los impulsos se transmiten por la vía óptica al córtex occipital; el cerebro interpreta la información y forma la imagen.

Los parámetros principales son la agudeza visual (capacidad de distinguir detalles según tamaño, distancia, iluminación y contraste) y el campo visual (espacio percibido sin mover los ojos). También se evalúan contraste, colores, visión central y periférica, adaptación a la luz, coordinación ocular y resto visual.

Según la visión conservada:

  • Ceguera total: no hay visión o solo se percibe luz.
  • Ceguera parcial: se conserva algún resto visual.
  • Baja visión o ambliopía: se perciben masas, formas o colores, pero cuesta distinguir detalles.

La valoración debe ser individualizada e incluir visión de cerca y lejos, campo visual, momento y velocidad de aparición, correcciones ópticas, discapacidades asociadas, educación y entorno familiar y social.

Las causas pueden ser hereditarias (acromatopsia, albinismo, miopía degenerativa, retinitis pigmentaria o algunas cataratas); congénitas (anoftalmia, microftalmia, cataratas congénitas y atrofia del nervio óptico); o adquiridas por accidentes, infecciones, enfermedades, tumores o tóxicos. Entre los defectos ópticos frecuentes figuran miopía, hipermetropía, astigmatismo, estrabismo y anisometropía.

El documento recalca que la discapacidad visual no implica menor inteligencia. Cambia la forma de recibir y organizar información: frente a una percepción visual más global, la persona ciega o con baja visión suele formar representaciones a partir de datos táctiles, auditivos, olfativos, gustativos y cinestésicos. Tampoco existe automáticamente un «oído superior»: normalmente hay un uso y entrenamiento más intensos de este sentido.

Pueden presentarse dificultades iniciales en exploración, juego simbólico, conceptos muy visuales y desarrollo motor. Asimismo, la sobreprotección o la falta de autonomía pueden favorecer inseguridad, dependencia, aislamiento o autoconcepto negativo. No son consecuencias inevitables: se previenen fomentando exploración, confianza, decisiones propias y participación.

En lo motriz pueden surgir retrasos iniciales en movimientos, gateo o marcha, así como dificultades en esquema corporal, postura, equilibrio, lateralidad y coordinación. La estimulación adecuada mejora notablemente estas áreas.

Actividad física y deporte

La actividad física debe perseguir los mismos fines generales que para las personas videntes, introduciendo adaptaciones de espacio, materiales, comunicación y reglas. Favorece salud, movilidad, tono muscular, autonomía, autoestima, integración, orientación espacial y conocimiento corporal.

Sus objetivos incluyen conciencia corporal, equilibrio, postura, tacto, oído, propiocepción, aprovechamiento del resto visual, autonomía, habilidades motrices básicas y hábitos saludables.

Para una práctica segura e inclusiva se recomienda:

  • Presentar el espacio previamente con explicaciones verbales y exploración táctil.
  • Mantenerlo ordenado, estable, antideslizante y sin obstáculos peligrosos.
  • Reducir ruidos desorientadores, proteger columnas y dejar materiales en posiciones fijas.
  • Usar líneas táctiles, cambios de textura y contrastes de color.
  • Emplear objetos grandes, contrastados, blandos y con señales acústicas.
  • Permitir explorar los materiales antes de usarlos.
  • Dar instrucciones concretas y descriptivas; evitar términos vagos como «allí».
  • Nombrar a la persona antes de hablar, explicar antes, durante y después de la acción, y avisar si el técnico cambia de lugar.
  • Facilitar demostraciones táctiles y, cuando se requiera, Braille u otros sistemas aumentativos.

El deporte adaptado ofrece beneficios físicos, sociales, psicológicos y cognitivos. Las clasificaciones competitivas B1, B2 y B3 se basan en el resto visual: B1 corresponde a ceguera total o casi total; B2 a resto visual reducido; y B3 a mayor capacidad visual dentro de los criterios de competición.

Hay deportes adaptados (atletismo, ajedrez, ciclismo, esquí, fútbol sala, judo, natación, halterofilia, lucha, bolos y tiro olímpico) y específicos, como goalball, torball y showdown. Las adaptaciones pueden incluir guías, señales sonoras, balón sonoro, superficies táctiles y avisos mediante contacto antes de llegar a la pared en natación.

3. Discapacidad sensorial auditiva

La discapacidad auditiva es una limitación importante o total para percibir sonidos. Puede afectar la comunicación, el lenguaje, las relaciones sociales y el desarrollo afectivo.

La OMS diferencia:

  • Sordera: impide adquirir adecuadamente la lengua oral y participar normalmente en actividades propias de la edad.
  • Hipoacusia: pérdida auditiva que puede permitir audición funcional y lenguaje oral con apoyos o ayudas técnicas.

La pérdida se mide en decibelios (dB) mediante audiometrías:

  • Tonales: emplean tonos puros y ayudan a localizar la alteración en oído externo, medio o interno.
  • Verbales: usan palabras o sílabas para valorar comprensión del lenguaje oral.

Clasificaciones principales

  • Por afectación: unilateral o bilateral.
  • Por grado: moderada (40-70 dB), severa (70-90 dB), profunda (más de 90 dB) y cofosis/anacusia (pérdida total).
  • Por localización: conductiva o de transmisión; neurosensorial o perceptiva; mixta; y central, cuando afecta áreas cerebrales auditivas.
  • Por origen: genética o adquirida (prenatal, perinatal o postnatal).
  • Por relación con el lenguaje: prelocutiva, antes de adquirir lenguaje oral, y poslocutiva, después de adquirirlo.

La discapacidad auditiva no implica menor capacidad intelectual. La persona suele conceder mayor importancia a la información visual, pero puede tener menos acceso a información ambiental continua, señales de alerta, sonidos de fondo y referencias espaciales y temporales.

En lo motor pueden aparecer dificultades de equilibrio, coordinación, tiempo de reacción, postura, esquema corporal, marcha y movimientos simultáneos, en parte por posibles alteraciones vestibulares. Por ello se aconseja trabajar relajación, respiración, equilibrio, coordinación fina y gruesa, ritmo, orientación espacial y esquema corporal.

El desarrollo lingüístico se ve especialmente afectado en la sordera prelocutiva. Es fundamental no interrumpir la comunicación y facilitar tanto lenguaje oral como lengua de signos. La lengua de signos se adquiere de forma natural; el lenguaje oral requiere enseñanza específica, ayudas tecnológicas, discriminación sonora y lectura labial.

El desarrollo social y afectivo depende de que existan oportunidades reales de comunicación. Una relación equilibrada, sin abandono ni sobreprotección, favorece la interacción. Las barreras comunicativas pueden producir pasividad, desinterés, dificultades de relación y problemas de acceso a medios de comunicación.

En actividades físicas se recomienda captar primero la atención de la persona, hablar de frente, permitir ver labios y expresiones, reducir el ruido de fondo y ofrecer mensajes breves y claros. La información oral debe completarse con demostraciones, imágenes, carteles, gestos y señales visuales. También hay que comprobar la comprensión de normas, facilitar información adicional, promover la participación y permitir responsabilidades dentro del grupo. En deportes de equipo, son importantes los marcadores visibles y señales claras de inicio, final o cambio de actividad.

Sistemas de comunicación

  • Lengua de signos.
  • Dactilología o alfabeto manual: representa letras con posiciones de dedos y manos.
  • Lectura labial: interpretación de los movimientos de la boca.
  • Palabra complementada: signos manuales para facilitar la comprensión de fonemas.
  • Sistema bimodal: combina lenguaje hablado y signos.