17 May

La Evolución política del Sexenio Democrático (1868- 1874)


Se conoce como Sexenio
Democrático o Revolucionario el complejo periodo de la Historia de España que va de 1868 a 1874. Está dividido en estas fases:

Revolución de 1868:


en Septiembre de 1868 se produjo la “Gloriosa” Revolución. Inicialmente, surgíó como un Pronunciamiento militar, el día 17, en Cádiz dirigido por los generales Serrano, Prim, Ros de Olano y el almirante Topete, a los que pronto se le sumaria numerosas tropas. Al mismo tiempo, estalla una revolución Popular por toda España. Los revolucionarios forman ejércitos armados (Voluntarios de la Libertad) y se organizan en Juntas Revolucionarias, primero locales y luego provinciales. El 18, las tropas sublevadas de Serrano derrotan a las gubernamentales en la Batalla de Alcolea, Isabel II se da cuenta de que el triunfo de la revolución es inevitable y se exilia en París el día 29.

Gobierno provisional (1868-71):


rápidamente se organiza un gobierno provisional formado por los partidos del Pacto de Ostende, con Serrano (Uníón Liberal) como jefe de gobierno v Prim (Progresista) como ministro de guerra. Las primeras medidas del nuevo gobierno son las separaciones de las Juntas Revolucionarias, el desarme de los Voluntarios de la Libertad y la elección de nuevos ayuntamientos. Se convocan elecciones a Cortes constituyentes mediante sufragio universal de mayores de 25 años. Los diferentes partidos proponen distintos modelos sobre el ordenamiento del nuevo régimen. La uníón liberal y los progresistas defienden una monarquía parlamentaria mientras que los republicanos se decantan por la república. Los demócratas están divididos, monárquicos que eran los seguidores de Manuel Becerra y republicanos los agrupados alrededor de Castelar, Figures y Orense. Finalmente ganaron las elecciones los partidos monárquicos, aunque hubo sospecha de fraude electoral ya que en zonas rurales donde eran más manipulables votaron por esta opción, mientras que en las ciudades más avanzadas triunfaron los candidatos republicanos.

Estas nuevas cortes serán responsables de elaborar la constitución de 1869, basada en: Soberanía nacional, monarquía parlamentaria con el poder legislativo en las cortes, el poder ejecutivo en el rey y el poder judicial en jueces elegidos por oposición, se amplía la declaración de derechos, los ayuntamientos son elegidos por sufragio universal, hay libertad religiosa, aunque el catolicismo será la religión oficial y deseo de regular la situación de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Tras la aprobación de la constitución, Serrano fue nombrado regente y Prim jefe de gobierno. Los objetivos del nuevo gobierno eran: lograr que los partidos aceptasen el nuevo marco legal, desarrollar la legislación ordinaria, y buscar un nuevo rey para el país. Los éxitos fueron diferentes.

Los partidos republicanos se mostraron poco dispuestos a aceptar las normas. Los republicanos tenían la sensación de que les habían robado las elecciones y se negaron a aceptar la nueva Constitución, los progresistas y los demócratas se dividieron en distintos bandos y la Uníón Liberal rechazo el nuevo orden por parecerle excesivamente moderno.

En cuanto a las nuevas leyes, se centraron sobre todo en el tema económico gracias a la energía del ministro Figuerola. En 1868 se había creado una moneda nueva llamada peseta y más adelante se decidíó que se basase en el bimetalismo (Sistema monetario establecido sobre dos patrones, oro y plata) y que solo el Banco de España pudiese emitirla. Además, se aprobó el llamado Arancel Figuerola que permitía el librecambismo.

La búsqueda del nuevo rey fue un empeño personal de Prim que después de haber tenido varios fracasos encontraron por fin a Amadeo de Saboyá, que se acabaría convirtiendo en el nuevo rey. Pero además el Gobierno Provisional tuvo que hacer frente a numerosos problemas. Aprovechando la problemática interna del país, 1868 se inició la Primera Guerra de Independencia de Cuba. Los cubanos dirigidos por el coronel Céspedes y apoyados por la población esclava y E.E.U.U. Iniciaron una sangrienta guerra de guerrillas en la selva. En España, los republicanos encabezaron numerosos levantamientos y los carlistas reaparecieron con gran fuerza.

Amadeo 1 de Saboyá (1871-73):


unos días antes de la llegada de Amadeo I a España, Prim, su Principal defensor fue asesinado. Amadeo se tuvo que enfrentar solo a una fuerte oposición que le acabaría llevando a renunciar al trono. Contrarios a su reinado se situaban: la aristocracia que era fiel a Isabel II, la burguésía, el clero, los carlistas y los republicanos. Su reinado se caracterizó por una constante inestabilidad, en dos años hubo seis gobiernos y tres elecciones con una abstención en aumento. Los progresistas fueron el único grupo que defendíó al rey y los encargados de gobernar, pero se encontraban profundamente divididos entre los constitucionales de Sagasta y los radicales de Ruiz Zorrilla. Los problemas que azotaban el país se hicieron cada vez más graves. La Guerra de Cuba se agravaba por momentos, los republicanos seguían protagonizando sublevaciones, las huelgas eran continuas y estallo la 3ª Guerra Carlista. Finalmente, en 1873, Amadeo I dimitíó como rey al enfrentarse con el gobierno por la elección de diferentes cargos militares, aunque en realidad era una excusa para abandonar España.

I República:


tras la dimisión de Amadeo I se proclamó en España la I República con los votos a favor de los republicanos, demócratas y progresistas radicales y en contra de progresistas constitucionales, moderados y Uníón Liberal; siendo elegido primer presidente Figueres. El nuevo régimen va a ser rechazado totalmente por clases altas, el ejército y la iglesia. Internacionalmente solo era reconocida por E.E.U.U. Y Suiza.

La república contaba con el apoyo de la burguésía media y las clases trabajadoras pero estos dos grupos no tenían los mismos intereses. Para la burguésía, la república significaba una oportunidad para lograr un mayor desarrollo económico y democrático del país, un serio intento por modernizar y europeizar España. Para los trabajadores, en cambio era una forma de llevar a cabo una revolución en la que consiguiesen sus principales objetivos: reforma social, reparto de la tierra, reducción de la jornada laboral, mejores salarios, anulación de los consumos, etc. Esta fractura alcanzo al propio Partido Republicano que se dividíó entre unionistas (burgueses) y federalista (trabajadores).

Los progresistas radicales y los demócratas dejaron de apoyar a la república que, además, se vio envuelta en múltiples problemas: aumento de la guerra carlista, levantamientos campesinos en Andalucía, creación de Juntas Revolucionarias Federalistas, intento de pronunciamiento militar por parte de los progresistas, empeoramiento de La Guerra de Cuba, etc. En 1873 se realizaron elecciones a Cortes, llegando la abstención hasta el 66%. Estas elecciones fueron ganadas por los partidos republicanos, pero no representaban la realidad social del país. Ante esto Figueres dimite y es elegido nuevo presidente Pi y Margal, partidario del federalismo y la revolución, y que a partir de ahora se va a concentrar en redactar una nueva Constitución, proclamada en 1873 pero que nunca entro en vigor. Sus bases eran: España se convierte en una república federal dividida en 17 estados más los territorios de Ultramar. Cada estado contara con un parlamento y una constitución propia. Aun así, se considera que los ayuntamientos son la base del país poseyendo cada uno de ellos su propia constitución. En el gobierno central el poder ejecutivo estará formado por el presidente y sus ministros nombrados por las Cortes. Estas serían el poder legislativo y tendrían un carácter bicameral. Ambas cámaras se elegirían por sufragio universal, con un diputado cada 40.000 habitantes y cuatro senadores por cada estado. El judicial estaría formado por los jueces que serían controlados por un Tribunal supremo donde habría tres jueces por cada estado. La declaración de derechos era muy amplia y se incluían los colectivos. En lo religioso el estado se definía como laico.

A pesar de todo este trabajo, los republicanos federalistas se impacientaban y convocaron numerosas huelgas. La más importante de ellas fue la de Alcoy que acabo generando una auténtica revolución que se extendíó por todo el país. Este proceso revolucionario recibe el nombre de Revuelta Cantonalista y sus objetivos eran la división del país en pequeños estados soberanos y estaba protagonizada por el movimiento obrero y los federalistas. Afecto al sur de España y Cartagena. Aprovechando este caos, los carlistas llegan a controlar el País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón, Cuenca y Albacete. Estos desastres llevan a la dimisión de Pi y Margall siendo elegido nuevo presidente Salmerón. Este decide dar un giro conservador a su gobierno ya que considera que antes que iniciar las reformas políticas hace falta pacificar el país. De esta manera se da un gran poder al ejército y la guardia civil que llevan adelante una durísima represión contra los cantonalistas. Salmerón dimite por problemas de conciencia y es elegido nuevo presidente Castelar, un unionista. Castelar prosigue la política de represión, especialmente contra los cantonalistas, lo que provoca el rechazo de los federalistas que le obligan a dimitir. Mientras el congreso está votando un nuevo presidente, Pavía da un Golpe de Estado y lo disuelve.


10.3. La sociedad española en el Siglo XIX: del estamentalismo a la sociedad de clases

Al igual que en el resto de Europa la población española crecíó de forma continuada a lo largo del Siglo XIX, aunque en menor escala: en 1797 había 11 millones de habitantes, en 1833 había 12´3 millones de habitantes y en 1857 había 15´4 millones de habitantes.

Las causas de este crecimiento ralentizado fueron: las guerras, las enfermedades, las crisis de subsistencias, los problemas de higiene y la emigración. Como en lo económico, el Siglo XIX significo el fin del Antiguo Régimen y el inicio de una sociedad moderna, o, lo que es lo mismo, el fin de la sociedad estamental y el inicio de una sociedad de clases. Oficialmente esto no ocurríó hasta 1833 con el fin de los privilegios de la nobleza. Quizá el principal rasgo de la sociedad española decimonónica sea su carácter rural: el 82% de la población vivía en el campo y solo Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla superaban los 100.000 habitantes. Podemos hablar de tres grandes grupos sociales: las clases dirigentes, las clases medias y las clases populares. Hasta 1875, las carácterísticas de cada uno de estos grupos fueron las siguientes:

Clases Dirigentes


En ellas se situaba, en primer lugar, la nobleza que continuaba manteniendo una posición de privilegios, dueña de inmensas fincas, acaparando los altos cargos, con escaños vitalicios, gran prestigio, acceso ilimitado a la corona y una rápida incorporación a la nueva economía. Aquí también estarían los altos cargos políticos, eclesiásticos, militares y de la administración, formados en su mayoría por los más ricos. Por último, también tendríamos a la alta burguésía: terrateniente, comercial, financiera, industrial y profesional. Todos estos grupos compartían un modo de vida común. En primer lugar, eran muy pocos, pero acaparaban todo el poder posible del país. Su nivel de vida era altísimo y basado en: la ostentación, el gasto, el ocio, el control de las ceremonias locales y los espectáculos ocultos, las mansiones con abundante servicio, y la endogamia (Matrimonio entre personas de la misma casta, raza, comunidad o condición social). Los objetivos de los nombres se centraban en sus estudios universitarios, sus viajes por Europa y seguir con los negocios familiares. Los de las mujeres se reducían a hacer una buena boda. Moralmente hablando su comportamiento se resumía en la frase: vicios privados, virtudes públicas. De cara al exterior, este grupo se caracterizaba por una rígida moral religiosa, pero, en realidad, los hombres practicaban un modo de vida privado bastante libertino. Lo importante eran las apariencias y el honor.

Clases populares


Formadas por los trabajadores. Destacan los campesinos, con un nivel de vida muy bajo y con pocas posibilidades de mejorar debido a la perdida de las propiedades comunales, los bajos sueldos y los altos arrendamientos. Ningún partido se interesaba por ellos y se caracterizaba por su alfabetismo y falta de cultura. Su control queda en manos de la iglesia y la guardia civil. Los artesanos era un grupo en decadencia desde la desaparición de los gremios. Su principal rasgo era el conservadurismo y el rechazo a cualquier cambio. Los trabajadores de servicios eran empleados de ayuntamientos, ministerios y empresas; y de servicio doméstico. Solían compartir las mismas posturas conservadoras que las clases dirigentes con las que se sentían muy identificado. Los obreros llegaron a la cifra de 155.000 en 1860. Solo eran importantes en Madrid, Barcelona, Málaga, Bilbao y Asturias. Formaban parte de la población urbana y provénían del éxodo rural y de los artesanos gremiales arruinados. Se agrupaban en los nuevos barrios obreros y tenían unas condiciones de vida lamentables: altísima mortalidad, condiciones de trabajo infrahumanas, salarios muy bajos, paro galopante en función de las crisis económicas cíclicas, higiene pobrísima por falta de servicios urbanos en sus barrios, analfabetismo, incultura, alcoholismo, delincuencia, prostitución, etc. Para las clases dirigentes y medias eran el enemigo y no se tenía piedad de ellos. Toda esta situación produjo un tremendo resentimiento entre los obreros que los llevo a abrazar ideas políticas revolucionarias y violentas.

A partir de 1875 la evolución de la sociedad española fue la siguiente. La población continua su lento crecimiento, así en 1876 nos encontramos con 16´6 millones de habitantes, y en 1900 con 18,6 millones de habitantes. Crecimiento lento si lo comparamos con el resto de Europa, pero mayor que en el Siglo XIX.

La mortalidad tienda a bajar debido a las campañas de vacunación y a las mejoras en la higiene, pero, sobre todo, gracias al desarrollo de una legislación que regula las lamentables condiciones de trabajo: ley de trabajo infantil, descanso dominical, jornada de 8 horas. Sin embargo, la mortalidad sigue siendo enorme en comparación con otros países europeos. Solo la mortalidad infantil alcanza cifras del 200%. Esta situación sigue causada por las grandes epidemias, como la cólera de 1885 o la gripe de 1918-20, y por enfermedades endémicas, como el tifus o la tuberculosis.

Otras causas que explican el lento crecimiento será la fortísima migración exterior en busca de trabajo y que produjo la salida de unos dos millones de personas entre 1890 y 1914. La mayoría de los emigrantes provénían del norte Cantábrico y de Cataluña y su objetivo principal fue Latinoamérica. Al mismo tiempo se produjo una importante migración interior del campo a la ciudad que llevo al llamado vacío interior y al crecimiento de Madrid y las ciudades de la periferia. Poco a poco, España va dejando de ser un país rural, en esta época Madrid y Barcelona ya pasan de millón de habitantes. Las consecuencias de este fuerte y rápido crecimiento urbano son variadas: aparición de arrabales obreros con pésimas condiciones de vida, desarrollo de nuevos medios de transporte dentro de las ciudades como los tranvías eléctricos y cambios drásticos en los centros urbanos con la creación de grandes avenidas como la Gran Vía madrileña o la Diagonal de Barcelona.

La sociedad de esta época se sigue estructurando igual que la del Siglo XIX, pero con una agudización de los contrastes, los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Las clases dirigentes van a estar formadas mayoritariamente por la oligarquía latifundista y por la burguésía industrial y financiera a la que se le unen los nuevos ricos que nacen gracias a la FIEBRE DEL ORO. Este grupo imitará el elitista modo de vida aristocrático y defenderá posturas políticas muy conservadoras y ultracatólicas.

Las clases medias van a estar formadas por los llamados trabajadores de cuello blanco. Muy afectados por la sucesiva crisis económica acabaran dando la espalda a los partidos del turno y apoyaran en cambio a la oposición republicana, socialista, nacionalista.

Las clases populares cada vez estarán más empobrecidas y dispuestas a emprender medidas más desesperadas. El temor de las clases dirigentes a una posible revolución lleva a la creación en 1883 de la Comisión de Reformas Sociales que constato las pésimas condiciones de vida de los campesinos y obreros españoles pero que fracaso a la hora de encontrar soluciones. Otros grupos sociales serán los trabajadores del servicio doméstico, el ejército y el clero.

Los trabajadores del servicio doméstico continúan aumentando en número y continúan imitando el conservadurismo de sus amos. El ejercito tiende a convertirse en una casta cerrada ante el aislamiento social y el rechazo del resto de la población debido a la guerra del 98 y el sistema de quintas. Ante esta situación responderán refugiándose en el patriotismo y en posturas políticas ultraconservadoras. Con el paso del tiempo, empezaran a plantearse volver al pronunciamiento militar como forma de solucionar sus problemas.

El clero aumenta de numero debido a la repatriación de clérigos de las colonias a la llegada de sacerdotes franceses que huyen de la política religiosa de este país. Sigue siendo un grupo muy poderoso gracias al control de la educación y sus posturas políticas ultraconservadoras y antidemocráticas acentúan el anticlericalismo de las clases populares y de buena parte de las clases medias.

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