28 Feb

Dios reunió un pueblo: el pueblo de Israel, semilla de la Iglesia.
Veamos sus principales etapas.

Liberación de Egipto

Los descendientes de Abraham fueron a Egipto. Allí los egipcios y su rey Faraón les esclavizaron y oprimieron duramente, e incluso Faraón condenó a muerte a los niños varones recién nacidos de los Israelitas. Uno de ellos se salvó milagrosamente de las aguas: Moisés.

Moisés un día, sintió que Dios lo llamaba:

«Yavé (Dios) dijo. He visto la humillación de mi pueblo en Egipto y he escuchado sus gritos cuando lo maltratan sus capataces. Yo conozco su sufrimiento… Ve, pues, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel» (Ex. 3, 7.10)

El Faraón no dejaba salir al pueblo, pues se quedaba sin mano de obra barata. Moisés acaudilló al pueblo, y este salió de Egipto atravesando el Mar Rojo. Dios liberó al pueblo, secando el mar para que el pueblo pasara sin dificultad, pero en cambio atascó las ruedas de los carros egipcios que los perseguían y los arrojó en el mar.

Así Dios liberó al pueblo de Israel. Es la primera Pascua. Una vez el pueblo liberado, Dios estableció con ellos un pacto de Alianza en el monte Sinaí: el pueblo de Israel sería el pueblo de Dios, y Yavé el Dios de Israel. Y les entregó los diez mandamientos que son leyes para que el pueblo viviese en libertad (Ex 19-20). El pueblo de Dios es un pueblo liberado y libre: por eso no adora a los ídolos de la muerte sino al Dios de la vida, por esto respeta las personas y sus bienes, ama la verdad y protege la vida del pueblo como vida de Dios.

Cántico del pueblo al ser liberado de Egipto:

«Cantaré a Yavé que se hizo famoso,

arrojando al mar al caballo y su jinete,

Yavé, mi fortaleza. A él le cantaré.

El fue mi salvación,

El es mi Dios y lo alabaré,

El Dios de mi padre, lo ensalzaré.

Yavé es un guerrero, Yavé es su nombre.

Precipitó en el mar los carros del Faraón y su ejército,

sus valientes se hundieron en el Mar Rojo.

Guiaste con amor al pueblo que rescataste,

lo llevaste con poder a tu santa morada»

(Ex 15, 1-4. 13)

Lecturas Bíblicas;

Sufrimientos del pueblo de Israel en Egipto, Ex 1, 8 -22

Nacimiento de Moisés, Ex 2, 1-10

Vocación de Moisés, Ex 3, 1-12

Paso del mar Rojo, Ex 14, 5-31

Dios hace una alianza con su pueblo, Ex 19

Los mandamientos, Ex 20, 1-21

Infidelidad del Pueblo de Dios

El pueblo de Dios no fue fiel a la Alianza, se apartó muchas veces del Dios de la vida y adoró a los ídolos del poder, del dinero y del placer. El pueblo que había sido liberado de la esclavitud volvió a esclavizar a los más pobres de su propio pueblo. Sus jefes no fueron buenos pastores del pueblo y éste se dispersó. Dios envió a los profetas para llamar al pueblo a la conversión y anunciarles una nueva
Alianza y un nuevo
Exodo. Y prometieron que Dios mismo iba a ser el Pastor de Israel.

«Así dice Yavé: Yo mismo cuidaré de mis ovejas y las vigilaré como un pastor vigila su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas. Así yo también visitaré las mías y las sacaré de todos los lugares donde se habían dispersado en el día de nubes y tinieblas. Las sacaré de los países donde están y de todas las naciones extranjeras, las reuniré y las llevaré a su propia tierra y las cuidaré por todos los cerros de Israel, por todos los valles y lugares poblados. Las llevaré a pastorear a pastos fértiles, a descansar en un buen corral de los altos cerros de Israel. Yo mismo cuidaré mis ovejas y las haré descansar, dice el Señor Yavé» (Ez 34, 11 – 15).

2. Jesús convoca al Nuevo Pueblo de Dios

El plan de Dios va a seguir adelante, a pesar de las infidelidades de Israel. Del pequeño resto fiel de Israel, Dios escoge la semilla del nuevo Pueblo de Dios. Vamos a verlo siguiendo el evangelio de Mateo, donde Jesús aparece como nuevo Moisés que convoca al nuevo Pueblo de Dios, forma la comunidad, reúne discípulos, enseña, libera, sella un nuevo pacto, envía a una nueva misión. Pero Jesús no es un simple caudillo, ni un profeta, sino el Hijo de Dios encarnado, y fundamenta su comunidad en la cruz y la resurrección. Por esto, este nuevo Pueblo, sin negar las características del antiguo pueblo de Israel, las profundizará más. Si el primer Pueblo de Dios nació de la liberación de Egipto (primera Pascua), el nuevo Pueblo de Dios surgirá de la Pascua de Jesús, de su muerte y resurrección.

María, una joven virgen de Israel, es escogida para ser la madre de Jesús, el Salvador, el Dios con nosotros, Mateo, 1, 18-25.

Jesús es el nuevo Moisés, que también será perseguido desde su infancia, Mateo 2.

Jesús anuncia el plan de Dios, el Reino: «desde que Jesús llegó ahí, empezó a decir: «Cambien su vida y su corazón, porque está cerca el Reino de los cielos». Mateo 4, 17.

Jesús empezó a reunir discípulos para esta misión y así formar una comunidad.

«Caminaba Jesús a orillas del lago de Galilea y vio a dos hermanos: Simón, llamado después Pedro y Andrés, que echaban las redes al agua porque eran pescadores. Jesús les dijo: Síganme y los haré pescadores de hombres. Los dos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron» (Mateo 4, 18-19).

Jesús libera de todas las enfermedades, males y pecados (Mateo 4, 22 – 24).

Jesús desde un cerro, promulga las nuevas leyes del nuevo Pueblo: las bienaventuranzas, ser sal y luz de la tierra, la rectitud de corazón, el amor fraterno, el perdón de las ofensas, la sinceridad, la confianza en Dios y no en el dinero, la oración al Padre de todos, el dar frutos de buenas obras (Mateo 5-7).

«Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los compasivos, que obtendrán misericordia.

Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los cielos».

(Mateo 5, 1-10)

Para Jesús los más importantes en este nuevo Pueblo son los pequeños, los sencillos, los niños, los pecadores, los pobres, Mateo 11,21; 18, 1-14.

Para este nuevo Pueblo, Jesús busca responsables: los doce apóstoles y al frente de ellos, Pedro. (Mateo 10, 1-15; 16, 13-20.

Jesús es rechazado por los jefes de Israel y será condenado a muerte. El nuevo Pueblo de Dios será arrebatado a los judíos. (Mateo 21, 33-45).

Jesús dice que seremos juzgados al final de los tiempos por nuestro amor y solidaridad para con los pobres. (Mateo, 25, 31-46).

Jesús hace con esta nueva comunidad una nueva Alianza, sellada con su propia sangre: La Eucaristía es esta alianza que se consumará en la cruz. (Mateo 26, 26-29).

Jesús resucitado envía a sus discípulos a una nueva misión universal, la Iglesia no será una secta:

«Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo» (Mateo 28, 19-20).

Lecturas Bíblicas

Características del Reino de Dios, Mateo 13

Críticas a los escribas y fariseos. Mateo 23

Responsabilidad de usar bien los talentos y de trabajar por el Reino, Mateo 25.

Las leyes de la nueva comunidad, Mateo 18.

3. La Iglesia nace en Pentecostés

Jesús había prometido a sus discípulos el Espíritu, que sería para ellos luz, fuerza y su defensor frente a los enemigos, pero los apóstoles no entendían qué quería decir Jesús con estas palabras.

Los Apóstoles se dispersaron al morir Jesús: creían que todo había sido un hermoso sueño, un fracaso.

Pero Jesús resucitado se les apareció y ellos creyeron en él. Y antes de volver al Padre de nuevo, les prometió otra vez que les enviaría su Espíritu. Lucas en los hechos de los Apóstoles nos narra lo sucedido.

Los apóstoles estaban reunidos con María, cuando irrumpió con fuerza el Espíritu. Es una nueva creación, una nueva alianza. Sucede lo contrario a Babel: hay gozo, valentía, amor y comprensión mutua. Todo esto significa los símbolos del viento y de las lenguas de fuego, Hechos 2, 1-13.

Fruto del Espíritu es la valentía con la que Pedro anuncia a Jesús, invita a la conversión y al bautizo. Muchos son bautizados y se agregan a la comunidad de Jesús. nace la Iglesia. (Hechos 2, 14 -41).

Lucas nos describe algunas de las características de la primera Iglesia:

«Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles,

compartían sus bienes,

partían el pan (Eucaristía)

eran asiduos a la oración» (Hechos, 2, 42).

No es extraño que muchos deseasen formar parte de esta comunidad:

«La comunidad de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba suyo lo que poseía sino que todo lo tenía en común. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho poder y Dios les daba su gracia abundantemente. No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que tenían campos o casas las vendían y entregaban el dinero a los apóstoles, quienes repartían a cada uno según sus necesidades»

(Hechos 4,32-35).

Resumen de todo lo visto hasta ahora

1. Dios tiene un plan maravilloso: formar la familia de los hijos de Dios

2. Este plan, destrozado por el pecado, va a ser llevado adelante. Dios llama a Abraham para que sea el padre de un nuevo pueblo.

3. De Abraham nacerá el pueblo de Israel, que liberado de la esclavitud de Egipto comenzará a ser el Pueblo de Dios.

4. Pero este Pueblo también fue infiel, a pesar de las advertencias de los profetas. Dios anuncia un nuevo Pueblo

5. Jesús convoca este nuevo Pueblo, para que realice el Reino de Dios en el mundo. Rechazado por los dirigentes religiosos y políticos, aparentemente fracasa su plan.

6. La resurrección de Jesús y el Espíritu hacen brotar este nuevo pueblo de Dios: la Iglesia, llamada a anunciar el Reino de Dios a todas las naciones.

7. Esta Iglesia es una comunidad sencilla, que ora, celebra, comparte sus bienes y libera de todas las opresiones, siguiendo a Jesús.

8. Esta pequeña comunidad se extenderá por todo el mundo

9. Un día llegó a nosotros esta buena noticia, y nació la Iglesia en América Latina

10. El plan de Dios se va realizando. A nosotros, como Iglesia, nos toca el colaborar para su plena realización. Somos el nuevo Pueblo de Dios.

B ¿Cuáles son las características de la Iglesia?

4. Pueblo Reunido en Comunidad

La Iglesia es un pueblo reunido en comunidad, es la comunidad por la que Jesús murió (Juan 11,52). Pero la Iglesia es una comunidad peculiar, diferente de otras comunidades nacionales, culturales, políticas, sociales o religiosas.

La Iglesia es un pueblo congregado por la Palabra de Dios. La fe en la Palabra es la que nos convoca en la Iglesia. (Romanos 10, 14-17)

Por el bautismo entramos a formar parte de esta comunidad. El bautismo es la puerta de la Iglesia. (Juan 3, 5 Hechos 2, 38-41)

Esta comunidad se reúne para celebrar la Eucaristía, es decir para participar del Cuerpo y Sangre de Cristo. (1 Corintios 11, 17-34).

La Iglesia por el bautismo y la Eucaristía constituye el Cuerpo de Cristo.

«Y el pan que partimos ¿no es la comunión del Cuerpo de Cristo? Uno es el pan y por eso formamos todos un solo cuerpo, porque participamos todos del mismo pan» (1Cor 10, 17).

En la Iglesia existe igualdad entre todos sus miembros, que nacen de la misma fe y del mismo bautismo. Gálatas 3, 26-29.

Pero en la Iglesia hay diversas funciones, ya que el Espíritu Santo reparte sus dones para el bien de todo el Pueblo de Dios.

«Sean un cuerpo y un espíritu, pues al ser llamados por Dios, les dio a todos la misma esperanza. Uno es el Señor, una la fe, uno el bautismo. Uno es el Dios, Padre de todos, que está por encima de todos y que actúa por todo y en todos. Sin embargo, cada uno de nosotros ha recibido su propia parte en la gracia divina, según como Cristo se la dio» (Efesios 4, 3-7).

Por esto en la Iglesia hay laicos casados, catequistas, profetas, religiosos, maestros, pastores…

Los pastores son los encargados de animar la fe de las comunidades con la palabra y el ejemplo, procuran mantener su unidad y su fidelidad al evangelio. Son servidores del Pueblo de Dios (Marcos 10, 42-45). Estos pastores son los obispos, colaborados por los sacerdotes.

El conjunto de comunidades forma una parroquia, presidida por el párroco. El conjunto de parroquias forma una diócesis, presidida por el obispo. Los obispos de un país forman la Conferencia Episcopal. Todos los obispos y las Conferencias Episcopales se unen bajo el obispo de Roma, el Papa, sucesor de Pedro, piedra de toda la Iglesia (Mateo 16,18), a quién el Señor confió el cuidado de toda la grey (Juan 21, 15-18).

Pero la cabeza de toda esta comunidad es Cristo. (Efesios 1, 22-23).

La comunidad eclesial, siguiendo los ejemplos y enseñanzas de Jesús, se preocupa especialmente de los miembros más débiles del Cuerpo de Cristo: los pobres, pequeños, sencillos, atribulados, marginados.
La iglesia debe ser la Iglesia de los pobres:

«Cristo fue enviado por el Padre para evangelizar a los pobres y sanar a los contritos de corazón, para buscar y salvar lo que había perecido; de manera semejante la Iglesia abraza con amor a todos lo afligidos por la debilidad humana, más aún reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y se esfuerza por aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo» (Constitución dogmática de la Iglesia, Vaticano II, n8).

Finalmente la Iglesia es un pueblo que vive la comunión: con el Padre (1 Juan 1,5) con Cristo (1 Corintios 10,16) y con los hermanos, llegando hasta compartir sus bienes con los más necesitados (Hechos 2,42). Así la Iglesia refleja ante el mundo el misterio profundo de Dios y su Plan de formar una familia humana (Juan 17,21).

Lecturas bíblicas:

La Iglesia como Cuerpo de Cristo. (1 Corintios 12, 12-31).

La comparación de la viña, (Juan 15).

Los diferentes dones del Espíritu en la Iglesia, (Romanos 12, 4-8).

Consejos a los pastores, (1 Pedro 5,1-4).

La unión de todos los cristianos, (Filipenses 2, 1-11).

La vida nueva del bautizado, (Colosenses 3).

5 Pueblo que construye el Reino de Dios

La misión de la Iglesia es la de proseguir la obra de Jesús. La misión de Jesús es realizar el Plan del Padre: formar una familia de hijos de Dios y de hermanos de Jesús, viviendo de su mismo Espíritu. Es la Buena noticia que Jesús anuncia y realiza: es lo que la Escritura y el mismo Jesús llaman el Reino de Dios:

«Después que tomaron preso a Juan, Jesús fue a la región de Galilea. Así anunciaba la buena Nueva: Se ha cumplido el tiempo. El Reino de Dios está cerca. Cambien su vida y su corazón. Conviértanse y crean en la Buena Nueva» (Marcos 1, 14-15).

¿Cuáles son las características de este Reino de Dios?

• Es un Reino de verdad. Construir el Reino es edificar un mundo no basado en la mentira y el engaño, sino en la sinceridad.

• Es un Reino de libertad. Construir el Reino es luchar contra toda forma de esclavitud, para que la humanidad viva conforme a la dignidad de los hijos de Dios.

• Es un Reino de fraternidad. Construir el Reino es formar una gran familia capaz de compartir, de solidarizarse, de reconciliarse y de vivir en unión y paz.

• Es un Reino de justicia. Construir el Reino es derribar las barreras de la explotación y de la corrupción.

• Es un Reino de vida. Construir el Reino es luchar a favor de la vida y en contra de cualquier forma de muerte.

Afirmar que la Iglesia construye el Reino, significa que la Iglesia no puede encerrarse en sí misma ni en las paredes de sus templos, ni en la sacristía, sino que debe trabajar y luchar por la verdad, la libertad, la fraternidad, la justicia y la vida. El Reino de Dios es integral: abarca a toda la persona, a toda la humanidad, al presente histórico y al futuro. Ese Reino ya debe comenzar aquí, aunque se consumará al final de los tiempos.

6 Pueblo en Marcha

La Iglesia es el Pueblo de Dios en marcha hacia el Reino. Esto quiere decir que la Iglesia tiene su historia. Vamos a enumerar algunos momentos de esta historia.

La Iglesia primitiva se fue extendiendo poco a poco por todo el Imperio Romano. Pero era una Iglesia pequeña y sufrió persecuciones de varios emperadores, porque los cristianos no querían adorar a los dioses del Imperio, ni al Emperador. Los cristianos adoraban a un sólo Dios el Padre y a un sólo Señor, Cristo Jesús (1 Corintios 8,6). Hubo numerosos mártires: fueron los primeros santos. En aquellos años ser cristiano suponía compromiso personal y riesgo. Aunque no dejó de haber problemas, era una Iglesia que seguía de cerca los pasos de Jesús pobre.

Desde el siglo IV (hacia el año 380) la Iglesia es reconocida por el Imperio y pasa a ser la Religión oficial de Roma. Cesan las persecuciones, comienza la paz, pero a un precio muy caro: la Iglesia aparece unida al poder. Dentro de la comunidad cristiana, los obispos cada vez se parecen más a los señores de este mundo y se distancian de la base eclesial. Comienza a darse una separación cada vez mayor entre los pastores (jerarquía) y los fieles (laicos o seglares). Esta época se llama de Cristiandad, y con diferentes variantes, se puede decir que ha durado hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965). Sin embargo en este tiempo nunca faltaron comunidades cristianas, ni santos y profetas que predicaban con su ejemplo el evangelio.

En esta época de Cristiandad, aparecen las primeras grandes divisiones de la Iglesia. Primero en el siglo XI, la división de la Iglesia del Oriente (que se llama Iglesia Ortodoxa), por tensiones entre las Iglesias orientales de Constantinopla y la Iglesia Latina de Roma. Seguramente fueron más importantes en esta ruptura los problemas culturales y políticos que los estrictamente religiosos o teológicos.

En el siglo XVI se da otra gran división en Europa, Lutero, un monje agustino, quiere reformar la Iglesia Latina, que vivía momentos de ignorancia, decadencia y corrupción. Surgió una gran división. Las Iglesias de la Reforma o Protestantes se separaron de Roma. Aparecen las Iglesias luteranas y anglicanas, a las que muchas veces se llama Iglesias evangélicas, porque insisten, con razón, en la importancia del evangelio.

Estas divisiones, suponen una infidelidad de todos al deseo de Jesús de que todos estuviéramos unidos (Juan 17,21). También Pablo condenó los intentos de división de los primeros cristianos:

«Me han informado que hay rivalidades entre ustedes. Cada uno va proclamando: yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿O yo, Pablo he sido crucificado por ustedes? ¿1 Corintios 1,11-13).

Más tarde, de las Iglesias protestantes o evangélicas surgen también separaciones de grupos: son lo que llamamos sectas (Testigos de Jehová, Adventistas, Mormones, o Iglesia de los Santos de los Ultimos Días…), que últimamente se han desarrollado mucho en todo el mundo aprovechándose de la religiosidad —poco formada— del pueblo y del deseo de seguridad (espiritual, comunitario y también económico) de muchos. Sin negar su buena voluntad, las sectas muchas veces son instrumento de intereses políticos y económicos de grupos conservadores.

Lecturas bíblicas:

Parábola del trigo y de la mala hierba, (Mateo 13, 24-30).

Oración de Jesús por la unidad de la Iglesia, (Juan 17).

Las negaciones de Pedro, (Marcos 14, 66-72) y la respuesta de Jesús, (Juan 21, 15-17).

Los nuevos cielos y la nueva tierra que esperamos, (Apocalipsis 21, 1-5).

Resumen de todo lo visto sobre las características de la Iglesia

1. La Iglesia es un Pueblo congregado por la Palabra, que se reúne para orar y celebrar la Eucaristía y los Sacramentos.

2. Es una comunidad de hermanos, iguales en dignidad en la que cada uno desempeña su propia función (o carisma)

3. Entre las funciones de la Iglesia destaca la de los pastores, que sirven a los hermanos y buscan la unidad de la comunidad.

4. El Pueblo de Dios, siguiendo a Jesús, se orienta a construir el Reino de Dios, comenzando ya en este mundo

5. Como Jesús, la Iglesia debe optar por los más pobres para que en ellos comience a realizarse el Reino de Dios

6. La Iglesia es servidora del Reino, semilla de fraternidad

7. Es un Pueblo en marcha a través de la historia, hasta llegar a la Tierra Nueva

8. En este caminar hay debilidades y pecado, divisiones y abusos, por lo cual la Iglesia siempre necesita conversión y reforma.

9. En este peregrinar el Espíritu guía a la Iglesia, la renueva y la santifica constantemente

10. Los santos nos preceden en nuestra peregrinación y son una señal de esperanza para la Iglesia en marcha

C Nuestra Iglesia

La Iglesia no es una especie de empresa multinacional de la que nuestra parroquia es una sucursal… sino al revés. La Iglesia se edifica desde la base, la Iglesia particular manifiesta el rostro visible de la Iglesia universal.

Nuestra Iglesia es la comunidad cristiana local con la que nos reunimos para compartir la fe, celebrar la Eucaristía y caminar hacia el Reino de Dios.

Esta comunidad forma parte de una parroquia.

Todas las parroquias forman la diócesis que preside el obispo.

Todas las diócesis del Ecuador forman la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

Todas las Conferencias Episcopales de América Latina forman el CELAM (Conferencia Episcopal Latinoamericana) que se han ido reuniendo periódicamente (el 55 en Río, el 68 en Medellín, el 79 en Puebla).

Todas la Conferencias Episcopales del Mundo están en comunión con el Obispo de Roma, sucesor de Pedro, el Papa, que actualmente es Juan Pablo II, que vela por la unidad y confirma la fe de sus hermanos (Lucas 22, 32), a través del magisterio de su palabra, de los viajes y encuentros con las diferentes comunidades.

La Iglesia de América Latina, también ha vivido como la Iglesia universal durante una larga etapa de Cristiandad, con diferentes matices (tiempo de la colonia, tiempo de la independencia, años 50…). Como a la Iglesia universal, también llegó a América Latina el soplo renovador del Vaticano II, sobre todo a través de las conferencias del episcopado latinoamericano de Medellín (68) y Puebla (79).

En Medellín y Puebla, la Iglesia de América Latina constata la realidad de pobreza e injusticia que vive el pueblo de América Latina, escucha su clamor y a la luz de la fe juzga que esta situación no sólo es inhumana sino es un pecado y contraria a los planes de Dios. (Puebla 28-29). Se exigen profundos cambios, no sólo personales, sino estructurales, para salir de esta situación de humillante pobreza (Puebla 30).

Siguiendo el ejemplo de Jesús y la inspiración de la Iglesia universal, la Iglesia de América Latina decide optar por los más pobres:

«Volvemos a tomar, con renovada esperanza en la fuerza vivificante del Espíritu, la posición de Medellín que hizo una clara y profética opción preferencial y solidaria por los pobres» (Puebla 11, 34).

Sin excluir a nadie, la Iglesia de América Latina desea acercarse al pueblo pobre y servirlo como Cristo nos enseñó (Puebla 1145). La Iglesia de América Latina ha visto con claridad que el Reino de Dios debe traducirse en una lucha por la justicia y liberación del Pueblo de todo lo que le oprime, cuya raíz última es el pecado personal y social que cristaliza en estructuras injustas (económicas, sociales, políticas, culturales, religiosas). La teología de la liberación que ha nacido en A.L. en estos últimos años refleja todas estas preocupaciones.

Fruto de este acercamiento al pueblo pobre son las comunidades eclesiales de base (CEBs), que son una nueva forma de ser la Iglesia, el primer núcleo o célula de la estructura eclesial, un foco de evangelización y factor primordial de promoción y liberación (Medellín 15, 10). Estas CEBs son expresión del amor preferencial de la Iglesia por el pueblo sencillo. En ellas se vive la fe y se expresa y purifica la religiosidad popular, se da al pueblo la posibilidad de participar en la tarea eclesial y en el compromiso de transformación de la sociedad (Puebla 643).

Consecuencia de esta actitud profética de la Iglesia de A.L. ha sido la persecución y el martirio. Los sectores poderosos han visto que ya no podían contar con la bendición de la Iglesia, ya que ésta se ha inclinado a las mayorías pobres. Gobiernos dictatoriales que se llaman cristianos han abusado de su poder contra el pueblo (Puebla 42). América Latina vuelve a vivir como la Iglesia primitiva, una época de persecución y martirio: catequistas, mujeres, religiosas, campesinos, sacerdotes y obispos han sido martirizados por el Reino de Dios. Los nombres de Mons. Romero, de El Salvador, y de Mons. Angelelli de Argentina, son los más conocidos, pero hay miles de cristianos que han dado testimonio de su fe con el martirio.

También la Iglesia ecuatoriana ha vivido el aire renovador del Vaticano II a través de Medellín y Puebla. También ella ha hecho una opción por los pobres, se ha comprometido con la liberación del pueblo, ha denunciado la injusticia y ha favorecido las CEBs.

También para ella llegó el tiempo de persecución de martirio, como consecuencia de su clara opción liberadora. Los nombres de Mons. Oscar Romero del Salvador, Mons. Leonidas Proaño de Ecuador, el P. Luis Espinel de Bolivia, son los más conocidos, pero son muchos los cristianos, campesinos, indígenas, religiosos, sacerdotes, políticos, que han sufrido la represión, el exilio y la muerte por defender al pueblo de su opresión.

Los obispos de Ecuador en el Documento de Opciones Pastorales insisten en:

«Evangelizar para la construcción del Reino de Dios, es decir, anunciar a través de hechos y palabras, la Buena Noticia de que Dios Padre por medio de Jesucristo, su Hijo hecho hombre, nos hace hijos suyos llamados a vivir la comunión en el amor a El y a los hermanos, por la acción del Espíritu. Esto nos compromete a construir la Iglesia, como Comunidad de creyentes, que por la vivencia de la fe, la esperanza y el amor, sea signo del Reino de Dios y que, por su opción e inserción preferentemente entre los pobres, haga presentes los valores evangélicos en la construcción de una nueva sociedad, como germen y preparación de la vida eterna». (O.P. 87)

El enfoque pastoral de la Iglesia del Ecuador quiere construir el Reino de Dios en comunión eclesial, siguiendo los pasos de Cristo constructor del Reino y haciendo de la Iglesia una servidora del Reino.

Lecturas bíblicas:

La Iglesia particular es la Iglesia de Dios, (1 Corintios 1, 1-2).

La Comunicación y ayuda entre las Iglesias, (1 Corintios 16, 1-4).

Responsabilidad de Pedro sobre todas las Iglesias, (Hechos 15, 1-12).

Persecuciones de la Iglesia, (Apocalipsis 12).

Conclusión:

Iglesia, Pueblo de Dios en marcha hacia la Liberación

Comenzábamos estas páginas preguntándonos ¿qué dice la gente sobre la Iglesia? y ¿qué decimos nosotros?. Después de este largo recorrido a través de estas páginas tal vez podamos tener elementos para juzgar sobre la opinión de la gente y para formar nuestra propia opinión.

Podemos resumir todo lo dicho afirmando que la Iglesia es el Pueblo de Dios en marcha hacia la liberación:

• El Pueblo de Dios, es decir una comunidad que desde Abraham hasta nuestros días ha sido formada por Dios, convocada por Jesús, nacida a la luz de la Pascua por el Espíritu y que intenta vivir en comunión unida bajo sus pastores, celebrando la Eucaristía y buscando construir el Reino de Dios en la historia, siempre desde los pobres. a través de este Pueblo que Dios realiza el misterioso Plan de Salvación.

• En marcha, un pueblo peregrino formado por pecadores y santos, que avanza entre tentaciones y persecuciones en la historia y anuncia el evangelio de Jesús a todos los pueblos, bajo la fuerza del Espíritu.

• Hacia la liberación, es decir hacia el Reino de Dios, que en nuestro mundo de injusticia implica la liberación integral de todo lo que esclaviza a la humanidad hacia la Tierra nueva, prometida a Abraham y a su descendencia para siempre.

O tal vez podríamos resumir todo lo dicho brevemente con las palabras de unos mineros de Oruro: La Iglesia somos nosotros.

«Marchamos detrás de Ti,

por una calzada de eternidad.

Tú estas con nosotros

y eres nuestra inmortalidad.

Señor triunfador de los siglos

quita todo rictus de tristeza

de nuestros rostros.

No estamos embarcados en un azar;

la última palabra ya es tuya»

(L. Espinal, Oraciones a Quemarropa).

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