14 jun

 LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN: Carlos IV (1788- 1808)



El reinado de Carlos IV  estuvo marcado por losenfrentamientos con Francia e Inglaterra, en el contexto de la Revolución Francesa. Estos enfrentamientos incrementaron los gastos militares y provocaron la bancarrota del Estado. Al mismo tiempo, las malas cosechas frecuentes provocaron el alza de los precios de primera necesidad y contribuyeron al malestar social. La ejecución del rey Luis XVI (1793) agravó el temor ante el avance de las ideas ilustradas. La declaración de guerra a la Francia revolucionaria fue inevitable-
Guerra de la Convencíón-.A pesar de las victorias iniciales en el Rosellón, nos vimos obligados a firmar la Paz de Basilea (1795) lo que llevó a la enemistad con Gran Bretaña cuyas consecuencias quedaron manifiestas en  Trafalgar, donde los británicos pusieron fin al poderío español en los mares. El primer ministro,  Manuel Godoy, jugó un papel destacado en la política exterior de Carlos IV. 

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Y LOS COMIENZOS DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL



Con la toma del poder por Napoleón Bonaparte, en 1799, la corte española pasó a ser una mera comparsa de la política expansionista de Francia. España se vio obligada a participar en una serie de guerras no deseadas como la guerra de las Naranjas o Trafalgar. En 1807, Godoy,  firma con Napoleón el Tratado de Fontainebleau, que permitía el paso de los ejércitos franceses por el territorio español, con el fin de ocupar Portugal y cerrar sus puertos al comercio británico. Napoleón tenía, sin embargo, un proyecto más amplio, que consistía en desalojar a los Borbones del trono español. Al mismo tiempo, la creciente oposición interna contra Carlos IV y su primer ministro Godoy, pone sus esperanzas en el príncipe Fernando que ambiciona el trono real. Con este fin se suscitan numerosas intrigas y conspiraciones. En Marzo de 1808 los partidarios de Fernando, ante el traslado de la familia real a Sevilla dispuesto por Godoy, para protegerla del asedio francés, protagonizan el Motín de Aranjuez y logran la abdicación del rey Carlos a favor de su hijo. La caída de Godoy y de Carlos IV puso en evidencia la debilidad de la monarquía borbónica. Aprovechando esta situación, Napoleónconvocó a la familia real española en Bayona, donde obligó a Fernando y a Carlos a abdicar en su persona, otorgando después el trono español a su hermano José Bonaparte.Ante la ausencia de reyes, en Madrid, el 2 de Mayo de 1808, se produjo un amotinamiento contra las fuerzas francesas dirigido por los oficiales de artillería Daoiz y Velarde.


El general Murat reprimía la revuelta fusilando a centenares de paisanos, mientras la Junta de Gobierno,  no hacía nada por evitarlo. Como consecuencia de estos hechos, se produjo un gran vacío de poder y la ruptura del territorio español. Para controlar la situación, los ciudadanos más prestigiosos establecieron las juntas provinciales, que asumieron la autoridad en nombre de Fernando VII. Con delegados de dichas juntas, entre los que se encontraba Jovellanos, quedó constituida en Aranjuez, bajo la presidencia del Conde de Floridablanca, la JuntaCentral Suprema, que se erigíó en el máximo órgano gubernativo. Los levantamientos de Mayo de 1808 degeneraron en una guerra, que  dejó un trágico balance de pérdidas humanas, destrucciones y saqueos.

EVOLUCIÓN DE  LA GUERRA

En Junio de 1808, con el objetivo de instaurar el régimen de José Bonaparte, un ejército de 170.000 hombres se adentró en España, confiando desplegarse en abanico. Aunque la toma se prevéía fácil, Zaragoza y Gerona se resistieron a la ocupación. En el sur, el ejército de Dupont, fue derrotado en Julio de 1808 en Bailén, primera derrota en tierra de un ejército de Napoleón. El mismo emperador entró en España al frente de la Grande Armeé para dominar la situación. José Bonaparte volvíó a Madrid mientras la Junta Central debíó abandonar la Meseta. Dada su inferioridad militar, los españoles adoptaron como forma de combate, la guerrilla, formada por soldados, civiles e incluso bandoleros, que atacaban por sorpresa, valíéndose de su conocimiento del terreno y la complicidad de la población civil. Algunos alcanzaron gran prestigio, como el  Empecinado o Espoz y Mina. La Revolución Francesa ejercíó una influencia determinante en los inicios de la  revolución liberal burguesa en España durante el reinado de Carlos IV. Dicha revolución burguesa atacó los cimientos de la vieja sociedad  carácterística del Antiguo Régimen. los enfrentamientos con Francia pusieron fin a los Pactos de Familia que fueron constante a lo largo del Siglo XVIII con los primeros Borbones. La Conspiración del Escorial puede entenderse como preámbulo del Motín de Aranjuez que terminó fracasando. Los partidarios de Fernando- príncipe de Asturias- tienen como objetivo destronar al rey Carlos  y a su valido, Manuel Godoy. La política reformista de los ilustrados y la desamortización de ciertos bienes eclesiásticos para pagar la Deuda Pública alertaron a los nobles los cuales  veían peligrar sus intereses.


EL DECLIVE FRANCÉS

En la primavera de 1812,  el general Wellington, al frente de una coalición de  tropas y ayudado por las partidas guerrilleras, derrotó a los franceses en Arapiles, los expulsó de Andalucía y entró en Madrid, obligando a José I a  abandonar la ciudad. Un año más tarde el general inglés lanzó de nuevo su acometida llegando hasta Vitoria. La  batalla de San Marcial fue la definitiva. Napoleón llegó a un acuerdo con Fernando VII, Tratado de Valençay,  por el que le devolvíó la Corona de España.

CORTES DE CÁDIZ

Aunque la idea de una reuníón de Cortes Generales para reorganizar la vida pública en tiempo de guerra y vacío de poder ya había sido debatida en la Junta Central, la regencia no se decidíó a convocarlas hasta que no llegó a Cádiz la noticia del establecimiento de poderes locales, en distintas ciudades americanas que, podían poner en peligro el Imperio español. Las Cortes inauguraron sus reuniones en Septiembre de 1810, con el juramento de los diputados de defender la integridad de la nacíón española, y prolongaron su actividad hasta la primavera de 1814. Los diputados de estas primeras cortes, manifestaban el deseo de trasformar el país en una monarquía liberal y parlamentaria aprobando una serie de decretos y, sobre todo, la Constitución de 1812.

-Composición y tendencias

Los integrantesde las Cortes eran burgueses liberales, funcionarios ilustrados e intelectuales procedentes de ciudades tomadas por el ejército del rey José, que se habían concentrado en Cádiz, ciudad-refugio, protegida por la marina británica.Surgieron dos grandestendenciasen la cámara gaditana. Los liberales partidarios de reformas revolucionarias, y los absolutistas (serviles),  que pretendían mantener el viejo orden monárquico. La prensa de Cádiz estuvo del lado de los liberales, manteniéndose, en cambio, la iglesia al servicio de la ideología absolutista. Al declararse Asamblea Constituyente, los diputados gaditanos ponían en marcha la revolución  liberal.

– Reformas legislativas: Los decretos de abolición del Antiguo Régimen aprobados por las Cortes de Cádiz

Los liberales aprobaron el decreto de libertad de imprenta para los escritos políticos. Abolieron los señoríos jurisdiccionales, que impedían la modernización de la administración local y provincial. Derogaron los gremios,  para dar paso a las modernas relaciones de producción liberal capitalista. Decretaron medidas desamortizadoras. Suprimieron la Mesta y la Inquisición


LA CONSTITUCIÓN DE 1812


Esta Constitución,  es la primera de la historia de España elaborada por unas Cortes constituyentes. La Constitución proclama la soberanía nacional en detrimento del Rey, al que se le quitaba la función legisladora, atribuida ahora a las Cortes,  elegidas por sufragio universal masculino. Para ser diputado se requería la condición de propietario. Los ciudadanos, de acuerdo con el texto, reconocían a Fernando VII como rey constitucional. La idea de nacíón quedó plasmada en el diseño de un Estado unitario, que afirmaba los derechos de los españoles en su conjunto por encima de los históricos de cada reino. La Constitución de 1812 daba un nuevo paso adelante en el proceso de centralización política y administrativa. Con su afirmación de los derechos individuales y colectivos de los españoles, ponía los fundamentos para acabar con un modelo de sociedad basado en las exenciones y privilegios. Definía al Estado como confesional, lo que constituía un aspecto reaccionario. La Constitución no tuvo vigencia real en España por causa de la guerra, y Fernando VII la abolíó en 1814. Solo tuvo vigencia en el Trienio Liberal (1820-1823) y unos meses en 1836.


EL REINADO DE Isabel II


En septiem­bre de 1833 murió Fernando VII, y su viuda, María Cristina, heredó en nom­bre de su hija Isabel, la corona de España. Carlos María Isidro no aceptó esta decisión y se puso al frente de los últimos defensores del Antiguo Régimen, los carlistas, que llevaban unos meses preparando su levantamiento. Comenzó así una Guerra Civil que duraría hasta 1839, la primera guerra carlista.
EL CARLISMO es un movimiento político que surgíó en la última etapa del reinado de Fernando VII  y que defendía el absolutismo frente al liberalismo. Toma su nombre del pretendiente al trono, don Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII. En un comienzo contó con amplios sectores de la Iglesia que no aceptaban los princi­píos de soberanía nacional y la política anticlerical del liberalismo plasmada en la desamortización  de bienes eclesiásticos. Por otro lado, el campesinado sin acceso a las tierras desamortizadas  recibíó las reformas liberales con hostilidad. De esta manera, el liberalismo aparece como enemigo del orden tradicional que representaba  para muchos, un mundo más seguro y estable. En definitiva, el carlismo fue un movimiento rural que no perdíó nunca su condición de insurrección popular. La ideología del carlismo defensora de  los principios Dios, Patria, Rey se basaba en el absolutismo monárquico, la intransigencia religiosa y el régimen tradicional de propiedad de la tierra. Aunque  lo largo del Siglo XIX hubo tres guerras carlistas, la primera fue la más importante.

• Primera guerra carlista

Las zonas de mayor implantación de la sublevación fueron el País Vasco y Navarra y las áreas montañosas de Cataluña, Levante y Aragón. En la primera de ellas, los ejércitos carlistas tuvieron como dirigente más destaca­do al general Tomás de Zumalacárregui. Dominaron con facilidad las áreas rurales, pero no llegaron a ocupar ciudades de importancia. Zumalacárregui mu­rió a consecuencia de las heridas recibidas en el sitio de Bilbao, objetivo estra­tégico de los carlistas para obtener reconocimiento en el exterior. El general carlista Ramón Cabrera, acompañado por el pretendiente a la Corona, llegó en una expedición desde la zona del Maestrazgo hasta las puertas  de Madrid. Finalmente, en 1839, se llegó a un acuerdo de paz, Convenio de Vergara, entre los generales  Maroto (carlista) y Espartero (isabelino). El acuerdo garantizaba la conservación de algunos derechos forales vascos y reconocía los empleos y grados militares a los miembros del ejército carlista que se enrolasen en el ejército isabelino. El pretendiente don Carlos no aceptó el convenio y se exilió en Francia.

LAS REGENCIAS


A lo largo del reinado de Isabel II se alternarán en el poder, mediante pronunciamientos,  los liberales  de uno y otro signo. De 1833 a 1868 se suceden los siguientes períodos:


Primer período moderado

Bajo la dirección de doceañistas como Martínez de la Rosa, político andaluz de ideas liberales, comenzó la regencia de María Cristina. Las medidas más notables fueron la promulgación del Estatuto Real que era  una especie de carta otorgada que marca el intento de efectuar una transición pacífica del absolutismo al liberalismo y la nueva organización territorial del Estado, en provincias, con criterios de centralismo y uniformidad.

– Los progresistas en el poder

En el contexto de la Guerra Civil que atraviesa España en estos años, el liberalismo progresista tomó el poder mediante el Motín de los sargentos de la Granja que exigíó la restau­ración de la Constitución de 1812. Sin embargo,  las nuevas Cortes elaboraron una nueva Constitución, la de 1837, que resultó del consenso con los moderados: sufragio censitario, libertades públicas, unidad jurisdiccional, Milicia Na­cional organizada por los ayuntamientos,  soberanía compartida entre el rey y cortes. Con este marco constitucional se pudieron promulgar algunas leyes revolucionarias, como la supresión de pagar diezmos a la iglesia, la eliminación de aduanas interiores, la eliminación de los gremios para favorecer el crecimiento de la industria, etc. Los progresistas, bajo la dirección política de Mendizábal, acometieron la desamortización de gran parte de los bienes del clero que pretendía, entre otras medidas: sanear la Hacienda, obtener apoyo de la burguésía compradora y ganar la guerra con los beneficios de las ventas de los bienes desamortizados. La Ley de Ayuntamientos de 1840 hizo dimitir a la regente. El general Espartero, reciente vencedor de los carlistas, con el apoyo de los progresistas gobernó de forma dictatorial reprimiendo a los moderados hasta 1843. El regente se ganó el rechazo de todos con su política radicalmente librecambista que ponía en peligro la incipiente industria textil catalana. Ante las protestas desencadenadas, ordenó el bombardeo de Barcelona. Algunos sectores progresistas que habían apoyado inicialmente a Espartero, se enfrentaron a él pues no aceptaban las formas autoritarias y represivas del regente. En 1843 una revuelta militar encabezada por Narváez hizo caer al gobierno. Espartero se exilió en Londres.


Isabel II



La Década Moderada (1844-1854)

A los trece años, Isabel II fue coronada en 1843. Durante los primeros diez años de su reinado se acometieron reformas que limitaron las efectuadas por los progresistas: fundación de la Guardia Civil, Con­cordato con el Vaticano, promulgación de un nuevo Código Penal, Código Civil, leyes de educación, etc. Pero el cambio político fundamental se recoge en la nueva Constitución moderada de 1845, que sustituye a la de 1837 y asume los principios del liberalismo censitario: Senado de nombramiento real y vitalicio,  supresión de la milicia nacional, sufragio restringido, pérdida de autonomía munici­pal, soberanía compartida entre la  Corona y  las Cortes. –

El Bienio Progresista (1854-1856)

En 1854, tras años de corrupción y autoritarismo por parte de los gobiernos moderados, un nuevo pronunciamiento progresista encabezado por generales como Serrano y O’Donnell, en Vicálvaro, provocaba la caída del Gobierno moderado. La reina llamó a  Espartero que volvíó a ostentar la jefatura de Gobierno. En estos dos años se comenzó a redactar una nueva Constitución progresis­ta, que quedó en proyecto; se reanudó la desamortización, que bajo la dirección de Pascual Madoz enajenó bienes sobre todo municipales  y se restauraron la Milicia Nacional, la autonomía municipal. Del año 1855 es también la ley de Ferrocarriles, a partir de la cual se planificó la red ferroviaria. Además el Bienio Progresista coincidíó con un buen momento de la economía española, caracterizado por las exportaciones de productos agrícolas e industriales favorecidas por la guerra de Crimea y las buenas cosechas de estos años. Las acciones reivindicativas de obreros y campesinos y los intentos políticos de distinto signo para acabar con el Gobierno precipitaron una nueva  crisis política. –

La Uníón Liberal y el final del reinado

En 1856 bajo la dirección de O’Donnell, un nuevo golpe de fuerza paraliza las reformas progresistas. O’Donnell funda un nuevo partido, la Uníón Liberal, que pretende sobre to­do el mantenimiento del orden ante el desarrollo creciente del movimiento obrero y demócrata. El gobierno del general O´Donnell coincidíó con una época de expansión económica en la que se inicióla reconstrucción del Imperio colonial a imitación de las potencias europeas. En este sentido, se enviaron tropas a Conchinchina, norte de África y México, principalmente. Entre las capas ilustradas se implantaba el Partido Demócrata y aparecía el republicanismo, al tiempo que se creaban las primeras organizaciones obreras y se producían agitaciones entre el campesinado jornalero.


Las demandas de libertad de estas tendencias eran reprimidas por los gobiernos moderados. A partir de 1864 vuelve Narváez al Gobierno. La corrupción y descrédito de la Corte de Isabel II unida a una gravísima crisis industrial y financiera hicieron que arreciaran las agitaciones sociales. Tras reprimir con fusilamientos la sublevación de los sargentos del cuar­tel de San Gil y las manifestaciones estudiantiles por la destitución de los  catedráticos republicanos Castelar y Sanz del Río, se produjo la alían­za de progresistas y demócratas, el llamado Pacto de Ostende, que llevaría a la revolución de Septiembre de 1868, la Gloriosa, que supuso la caída de Isabel II.


LAS DESAMORTIZACIONES


La desamortización fue un hecho fundamental  en el proceso de la revolución burguesa. Significó un cambio esencial en el sistema de propiedad y tenencia de la tierra. En España se produjo de manera discontinua. Se dieron varias desamortizaciones: la de Godoy, ministro de Carlos IV; la de la guerra de la Independencia, la del trienio liberal; pero las más importantes fueron la de Mendizábal y la de Pascual Madoz. Los reformistas ilustrados del Siglo XVIII, preocupados por obtener el máximo rendimiento de la tierra y los recursos  naturales, fuente para ellos de la riqueza y fortaleza del Estado, habían insinuado cambiar el sistema señorial de propiedad de la tierra. En el Antiguo Régimen, una gran parte de la tierra era de manos muertas, es decir, tierras vinculadas a la nobleza, dominios monásticos o municipales y, además de no tributar, no podían ser vendidas por sus titulares, estaban fuera del mercado y, por ello, no podían ser capitalizadas ni mejoradas. Si se quería promover la reforma agraria era necesario que pasaran a ser bienes privados susceptibles de mejoras técnicas. Además, la desamortización de esos bienes permitía al Estado, incautándose de ellos, enjugar su déficit y amortizar la deuda pública. Esto es lo que se hizo en tiempos de Carlos IV, cuando se obtuvo permiso de la Santa Sede para expropiar y vender los bienes de los jesuitas y de obras pías que  venían a ser una sexta parte de los bienes eclesiásticos, con lo que se amortizaba una parte de los cientos de millones de deuda pública. El primer paso era la promulgación de leyes para desvincular los bienes de la nobleza y desamortizar los bienes eclesiásticos y municipales. El proceso supónía dos fases: en primer lugar, el Estado se adueñaba de los bienes, por lo que dejaban de ser manos muertas para convertirse en bienes nacionales; después salían a la venta, mediante pública subasta de estos; el producto de lo obtenido lo aplicaría el Estado a sus necesidades, principalmente a amortizar la deuda pública.Tanto José I como las Cortes de Cádiz decretaron nuevas desamortizaciones, que al igual que la del trienio liberal  no tuvieron efectos por el retorno al absolutismo. Fue tras la muerte de Fernando VII, cuando la revolución liberal burguesa se afianza, en 1836, en medio de la Guerra Civil con los carlistas, Mendizábal puso en venta todos los bienes del clero regular. De esta forma quedaron en manos del Estado y se subastaron no solamente tierras, sino casas, monasterios y conventos con todos  sus enseres. Al año siguiente, 1837, otra ley amplió la acción, al sacar a la venta los bienes del clero secular.


 Para lograr el establecimiento del nuevo régimen liberal en 1836, era necesario ganar la guerra carlista y, para ello, se necesitaban los recursos económicos que  proporcionaran la desamortización y el apoyo social de la burguésía al régimen liberal Además al amortizar la Deuda pública, el Estado aparecía como más solvente, con lo que podría suscribir nuevos empréstitos en el extranjero en mejores condiciones. En 1855, el ministro de Hacienda, Pascual Madoz, también progresista, promulgó la Ley de Desamortización General la cual ponía en venta todos los bienes de  propiedad colectiva: los eclesiásticos que no habían sido vendidos en etapas anteriores y, principalmente, los propios de los pueblos. Fue la desamortización mas larga en el tiempo y no concluyó hasta 1924. El procedimiento utilizado para las ventas fue similar al de Mendizábal. Pero hubo algunas diferencias: el dinero obtenido fue dedicado, en parte, a financiar la industrialización del país y a la expansión del ferrocarril. Por otra parte, el Estado no era el propietario de los bienes, sino los ayuntamientos. Aquel percibiría el importe de las ventas en nombre de estos y lo transformaba en títulos de Deuda; lo que significaba  que el Estado custodiaba los fondos de los ayuntamientos y los utilizaba para el bien de todos.


SEXENIO DEMOCRÁTICO


LA REVOLUCIÓN DE 1868 Y LA CONSTITUCIÓN DEMOCRÁTICA


La revolución se produjo en Septiembre de 1868  y triunfó sin apenas derramamiento de sangre, formándose Juntas Revolucionarias en muchos puntos del país. Jefes militares, como Prim, Serrano, Topete, se pusieron al frente de este movimiento insurreccional. El ejérci­to leal a la reina fue derrotado en Alcolea del Pinar e Isabel II se encontró sin apoyos y se exilió a Francia. El principal objetivo de los revolucionarios fue elaborar una nueva Constitución que estableciera la democracia y una efectiva división de poderes con el fortalecimiento de las Cortes y la independencia del poder judicial. La Constitución promulgada en Junio de 1869  consagraba las libertades democráticas básicas, el sufragio universal masculino y la libertad religiosa. En la cuestión de la forma de gobierno se optó por la monarquía democrática, aunque era muy numerosa entre los diputados la opción republicana. Descartados los Borbones, España era una monarquía sin rey. Por ello se instauró una regencia presidida por el general Serrano, mientras que Prim fue nombrado jefe de Gobierno. Al mismo tiempo, Cánovas del Castillo comenzó a formar un partido alfonsino que velaba los derechos del hijo de Isabel II. Durante el año 1869 diversos problemas amenazaron elnuevo régimen: comenzó la guerra de Cuba con el Grito de Yara en demanda de autonomía política; se reorganizaron los carlistas en torno al nieto de Carlos María Isidro, como rey legítimo y se sucedían las agitaciones  república­nas en gran parte del país. La cuestión del rey se logró solucionar en la perso­na de don Amadeo, duque de Aosta, quien  aceptó el trono tras obtener el con­sentimiento de las potencias europeas, en Noviembre de 1870 AMADEO DE Saboyá (1871-73)
El reinado de Amadeo fue efímero. A los problemas latentes se añadieron la hostilidad de la nobleza y la burguésía espa­ñolas que lo consideraban un advenedizo, miembro de una familia real enemiga de la Iglesia y, las movilizaciones obreras y populares que reclamaban el establecimiento de un régimen republicano y federal. Además no contó con el apoyo de  su valedor, el general Prim,  quien fue asesinado, en circunstancias, días antes de su llegada a España. Don Amadeo presentó su acta de abdicación el 11 de Febrero de 1873; de for­ma ordenada y pacífica, las Cortes proclamaron la República.


LA PRIMERA REPÚBLICA ESPAÑOLA


Estanislao Figueras fue designado por la Asamblea como presidente de una república unitaria, pero inmediatamente chocó con los republicanos federales. Su principal cometido era promul­gar una nueva Constitución. A pesar de los problemas persistentes en el sexenio: crisis de la Hacienda, guerra carlista, conflicto colonial y la escasa colaboración del Ejército, simpati­zante de los alfonsinos, Figueras puso en marcha cier­tas medidas democráticas, tales como la promulgación de una amplia amnistía, o la abolición de la esclavitud en Puerto Rico y de las quintas populares.Pero la república unitaria carecía de apoyos sociales, de manera que el resul­Tadó de las primeras elecciones dio el triunfo a los republicanos federales. Las nuevas Cortes proclamaron la República Democrática Federal, siendo pro­puesto como presidente de gobierno el catalán Pi i Margall. Con el triunfo de los federales surgieron discrepancias sobre los pasos que debían seguirse en la organización de la España federal. La mayoría encabezada por Pi i Margall, consideraba primordial conseguir el orden social para luego proceder a construir una república federal desde arri­ba que concilia amplias competencias regionales y un poder central en asuntos comunes; otros -los intransigentes- defendían que se debía comenzar por la cons­trucción de la federación desde abajo lograda la cual, debía llegar la paz social. Ambos grupos presentaron a las Cortes sus propios proyectos para una Constitución federal. Pero una sublevación popular exigiendo el establecí­miento de cantones libres -revolución cantonal- comenzó en Cartagena y lúe­go se extendíó por otras ciudades del sur y levante peninsular. En esta revolución cantonal, en la que cada población se proclamaba Estado inde­pendiente del poder central, confluyeron intereses  políticos sociales, igualdad plena y un mayor reparto de la riqueza y regionalistas que pretendían acabar con el centralismo.Pi i Margall, al no poder alcanzar la aprobación del proyecto de Constitución y desbordado por la revolución de los cantones, dimitíó, sucedíéndole Salmerón. Este, durante el escaso mes y medio de mandato se limitó a resta­blecer militarmente el orden y a reprimir los movimientos obreros interna­cionalistas como sucedíó en Alcoy. Salmerón dimitíó por problemas de conciencia, y el 6 de Septiembre fue elegido nue­vo presidente de Gobierno el catedrático de la Universidad Central Emilio Castelar. Su programa se redujo, básicamente, a restablecer el orden; porque, si bien había finalizado el movimiento cantonal, quedaban otros focos de desorden: la guerra carlista y la de Cuba.

EL SISTEMA POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN


Se denomina Restauración al período de la Historia de España (1874-1931) en que se produjo la reposición en el trono de la dinastía borbónica que recayó en el hijo de Isabel II, Alfonso XII, tras el fracaso de la Primera República.En este tiempo estuvo en vigor la Constitución de 1876, salvo durante la dic­tadura de Primo de Rivera (1923-1929), y se caracterizó fundamentalmente por la consolidación en España del liberalismo y sus instituciones, bajo la he­gemonía de la burguésía conservadora.


LA RESTAURACIÓN BORBÓNICA

. El 1 de Diciembre el príncipe Alfonso dirigíó desde la academia militar de Sandhurst (Inglaterra) un manifiesto a la nacíón, Manifiesto de Sandhurst, redactado por Cánovas, que propónía el restablecimiento de la monarquía tradicional y aceptaba los principios del liberalismo parlamentario imperante en Europa. Aunque Cánovas del Castillo, líder indiscutible de esta opción, no era partidario de nuevos pronunciamientos, a finales de 1874 el general Martínez Campos proclamó en Sagunto a Alfonso XII como rey de España, y obtuvo la adhesión de la mayor parte del ejército. Así comenzó la Restauración.

El RÉGIMEN POLÍTICO: EL SISTEMA CANOVISTA

Las líneas generales del sistema se contienen en la Constitución de 1876, fiel reflejo del pensamiento de Antonio Cánovas del Castillo daba cabida a los distintos programas liberales. Los principios políticos de Cánovas se resumían en lo que denominaba la consti­tución interna del país, es decir, las instituciones tradicionales que debían quedar a salvo de discusión: La Corona y las Cortes. Por otra parte, admirador del parlamentarismo inglés, por su estabilidad, Cánovas pretendía establecer un sistema bipartidista en el que, dos partidos «de notables», se turnasen en el ejercicio del poder mediante elecciones restringidas a los propietarios y con­tribuyentes.La nueva  Constitución, de carácter moderado, fue promulgada en Junio de 1876.  Establecía la «soberanía compartida»,  del Rey y las Cortes, como representantes de los principios de autoridad y li­bertad, y una práctica política que debía efectuarse sobre la existencia de unos partidos oficiales que aceptaran los reglamentos de la legalidad constitucional. La Ley Electoral de 1878 restablecíó el sufragio censitario que dejaba la participa­ción ciudadana reducida a no más de un 5% de la población.

Además la Constitución reconocía el centralismo político-administrativo como fór­mula de organización del Estado, aboliendo los fueros de las provincias vascas por una ley de Julio de 1876, que revalidaba la igualdad fiscal y de prestación del servicio militar de todos los ciudadanos españoles. La Constitución también establecía la unidad de códigos y la igualdad jurídica de todos los ciuda­danos.  Otro aspecto de la centralización fue la reorganización de las Diputaciones Provinciales y Ayuntamientos. Con arreglo a estos principios, Cánovas, jefe del partido liberal conservador, precisaba, como elemento de contraste un partido que se identificara con la izquierda dinástica. El nuevo partido liberal-fusionista de Práxedes Ma­teo Sagasta aparecíó como con­trincante del liberal-conservador de Cánovas. Sus diferencias fundamentales se establecen a partir de los límites en asuntos como la participación, los derechos individuales (libertad de expresión y asociacionismo) y relación con la Iglesia. Sin embargo, el régimen de la Restauración se basaba en el falseamiento electo­ral independientemente del sufragio. Los candidatos, designados desde el Ministerio de la Gobernación -enca­sillados- salían elegidos como diputados por el distrito correspondiente, gra­cias al control social que ejercían los hombres influyentes -caciques- del partido en esa zona.

LOS FUNDAMENTOS SOCIALES

El régimen canovista se basaba fundamentalmente en el apoyo de los grupos más conservadores de la sociedad: los latifundistas, los fabricantes de harina castellanos, la industria catalana, y sectores de la gran burguésía industrial y financiera vasca. En otras palabras, se ha afirmado que la política económica y social de la Restauración era dic­tada por el «triángulo» formado por cerealistas castellanos, ferreteros vascos y empresarios del textil catalanes. Por otra parte, también se ha hablado de una «Espa­ña dual», en la que las zonas industriales convivían con otro país muy atra­sado, con un analfabetismo superior al 75% de la población, y modos de vida y niveles de renta casi en la miseria permanente. En esas condiciones sociales, la Restauración se apoya en una sociedad organi­zada en torno a los «caciques», hombres ricos e influyentes que controlan la vi­da social en la mayor parte del país.

LA EVOLUCIÓN DEL RÉGIMEN


A la muerte de Alfonso XII en 1885, los dos grandes partidos dinásticos llegaron a un acuerdo-Pacto del Pardo-, en presencia de la reina, que garantizaba su alternancia en el poder. Comenzó así el período de la regencia de María Cristina de Habsburgo que duraría hasta 1902, fecha en que subíó al trono el hijo póstumo de Alfonso XII. A lo largo de estos años, canovistas y sagastinos, conservadores y liberales se turnaron pacíficamente en el gobierno. Bajo los gobiernos de Sagasta se aprobaron diversas leyes que produjeron una cierta democratización del régimen: libertad de reu­nión y expresión 1881, Ley de Prensa de 1883,  libertad sindical 1887 y, la más importante, la Ley de Sufragio Universal (1890) que acababa con el sufragio censitario.


DESCOMPOSICIÓN DEL RÉGIMEN CANOVISTA

. El sistema político canovista  subsistiría hasta 1931. La Constitución de 1876 funciónó con «normalidad» posibilitando la alternancia de partidos en el Gobierno hasta finales del Siglo XIX. En el Siglo XX,  el sistema entró en crisis por el surgimiento y desarrollo de fuerzas y movimien­tos sociales que no tenían posibilidad de expresarse en el marco del sistema como ocurríó durante la dictadura de Primo de Rivera.Los principales factores de descomposición del sistema fueron: a)

Los nacionalismos periféricos:

el nacionalismo catalán, desde las Ba­ses de Manresa de 1892, exige autonomía política frente a Madrid y pre­sentá sus listas electorales en la Lliga Regionalista. En el País Vasco, Sabino Arana, formuló las bases ideológicas del nacionalismo vasco que dieron lugar a la fundación del Partido Nacionalista Vasco.  También en Galicia y, poco más tarde, en Andalucía surgen movimientos autonomistas. En esta última, Blas Infante,  considerado como el padre de la patria andaluza, fue el principal impulsor del anteproyecto del Estatuto de Andalucía.b)

Los movimientos obreros:

La Restauración, a pesar de algunas iniciativas estatales como la Comisión de Reformas Sociales (1883) se caracterizó por la despreocupación respecto a las cuestiones sociales

Desde la fundación de la I Internacional (AIT) nuevas fuerzas políticas se hicieron cargo de la situación. En España, el PSOE y la UGT expresan el movimiento de raíz marxista. Por otra parte, el anarcosindicalismo acabará organizándose en 1911 en la CNT.La principal manifestación de la madurez de las organizaciones obreras fue la huelga de 1890, exigiendo las ocho horas y celebrando, por primera vez, la fiesta del trabajo el 1 de Mayo.


c)
La crisis colonial:
tras el «desastre» del 98, el Ejército sufre serias convul­siones internas y un gran desprestigio. En este contexto tuvo lugar la lla­mada crisis del Cu-Cut y la, consecuente y  polémica,  Ley de Jurisdiccio­nes en 1906, que primaba el poder civil sobre el militar. Por otra parte, la guerra que manténíamos en Marruecos,  motivó fuertes movimientos de protesta entre la población. d)
La inestabilidad política.
Tras la desaparición de Cánovas y Sagasta, los nuevos líderes conservadores y liberales no lograban formar mayorías esta­bles en el Parlamento, y fueron frecuentes los gobiernos de concentración. Todos estos factores unidos a la carestía y el envío forzado de soldados a la guerra colonial de Marruecos abrieron paso a la agonía del régimen y, lentamente, a la caída de la monarquía en 1931.

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