20 mar

1.  Crisis del Antiguo Régimen y Liberalismo

El antiguo Régimen entró en crisis por varias causas:

La  burguésía  que  había  aumentado  en  número  e  incrementado  su riqueza, deseaba acceder al poder político y reclamaba una sociedad más igualitaria y libre.

La población crecíó, pero no aumentó al mismo ritmo la producción de alimentos, lo que originó hambrunas que estimularon las revoluciones.

La ideología ilustrada propónía la desaparición de la monarquía absoluta y de la sociedad del Antiguo Régimen, que serían sustituidas por una sociedad más igualitaria y una forma de gobierno que contemplara la participación de los ciudadanos.

Desde mediados del Siglo XVIII hasta 1.850 tuvieron lugar una serie de acontecimientos políticos que transformaron Europa y América, y lo hicieron de una forma tan radical que se pueden calificar de “revoluciones”. Estos hechos se engloban bajo el término “revoluciones atlánticas” y se considera que pusieron los cimientos del mundo contemporáneo:

Las colonias inglesas de América del Norte se independizaron de la metrópoli e hicieron realidad las ideas que habían enunciado los teóricos de la ilustración.

Francia llevó a cabo la gran revolución (1.789) que terminó con el Antiguo Régimen. Napoleón Bonaparte extendíó las ideas revolucionarias pero, al  mismo tiempo,  sometíó a  la  mayor  parte  de  Europa  con  sus  ejércitos. Aunque el Congreso de Viena (1.814-1.815) supuso “un paso atrás”, el espíritu revolucionario y liberal renacíó en los años 1.820, 1.830 y 1.848.

España  perdíó  definitivamente  su  Imperio  colonial  americano.  
La América Española (excepto las islas de Cuba y Puerto Rico) rompíó sus lazos de dependencia con España, inspirada en la Revolución Francesa y en el ejemplo cercano de los Estados Unidos de América. Las nuevas naciones hispanoamericanas iniciaron una etapa histórica convertida en repúblicas de la mano de la burguésía criolla y gracias a la acción de “libertadores” como las generales Simón Bolívar y José de San Martín.

En   el   ámbito  cultural  surgíó  el   neoclasicismo,  resultado  de   la admiración por  la  Antigüedad grecolatina, y  como  reacción frente  a  él  se desarrolló después el Romanticismo.

El liberalismo es una forma de pensamiento político que se desarrolló en el Siglo XIX, cuyo objetivo era la libertad del individuo, por lo que se opónía al poder absoluto de los reyes, y sosténía que el poder residía y emanaba del


pueblo. A su vez rechazaba la sociedad estamental y defendía la sociedad de clases, porque para el liberalismo el poder debía ser ejercido por los que poseían la riqueza, es decir, por la clase burguesa. El liberal se basaba en unos principios recogidos en las declaraciones de los derechos del hombre, proclamadas en 1.776 en EEUU y en 1.791 en Francia.

El liberalismo dejó de lado los problemas sociales que surgieron en el Siglo XIX. La burguésía no confiaba en el pueblo y así, aunque lo utilizó en los procesos revolucionarios, impidió su plena participación política.

El liberalismo se basó en los siguientes principios:

Soberanía nacional


El poder reside en el pueblo, que lo delega en sus representantes en el Parlamento mediante un sistema electoral. Las elecciones deben celebrarse mediante sufragio censatario.

Separación de poderes


Los poderes legislativo, ejecutivo y judicial no  pueden  estar  en  manos  de  la  misma  persona  o  grupo  de personas.

Promulgación de una Constitución


Libertades


Son ciertos derechos que han de poseer los ciudadanos y que se pueden resumir en libertad de conciencia, de expresión, de prensa, de reuníón, de asociación, etc.

Derechos naturales


Son los que tiene cada ser humano por el simple hecho de serlo.

2.  Las   revoluciones   políticas:   Independencia   Norteamericana   y  Revolución Francesa

Independencia Norteamericana


De 1.776 a 1.825 una gran oleada revolucionaria recorríó el continente americano de norte a sur, e influyó en los procesos revolucionarios europeos. Este fenómeno tuvo su origen en la independencia de las Trece Colonias de América del Norte.

Las razones de la independencia


La independencia de las colonias norteamericanas se debíó a las siguientes circunstancias:

Colonos ingleses se habían establecido en las Trece Colonias de la franja costera atlántica norteamericana desde principios del Siglo XVII. Estos colonos  disfrutaban  de  una  cierta  autonomía  política  y  de  prosperidad


económica en las tierras americanas. Entre ellos se habían difundido las ideas ilustradas procedentes de Francia, partidarias de la representatividad política de los ciudadanos y de la separación y el equilibrio de los poderes.

El conflicto comenzó con el establecimiento de nuevos impuestos a las colonias americanas por parte de gran Bretaña. Los colonos de América se negaron a pagarlos, alegando que ellos no tenían representantes en el Parlamente de Londres.

En 1.773 la guerra se hizo inevitable al intentar Gran Bretaña someter a los colonos por medio del ejército.

Los hechos


El 4 de Julio de 1.776 se proclamó la Declaración de Independencia de las trece Colonias en Filadelfia;   en ella se plasmaron los principios de los filósofos ilustrados.

El ejército americano, bajo las órdenes de George Washington, derrotó a las tropas británicas. Francia y, en menor medida, España prestaron ayuda a los sublevados. La paz se firmó en 1.783 y Gran Bretaña reconocíó la independencia de las trece Colonias. El nuevo país se denominó Estados Unidos de América.

La constitución


En  1.787 se  aprobó la  Constitución de  Estados  Unidos  que, con sucesivas enmiendas, sigue vigente en la actualidad. En  ella se establecía la soberanía popular y se consagraba la división de poderes: el poder legislativo correspondía al Congreso, el poder judicial al Tribunal Supremo y el poder ejecutivo al presidente de la nacíón, elegido por un período de cuatro años.

El sistema político adoptado fue la república federal.

En la Constitución de los Estados Unidos se consolidaron los principios de la Ilustración, que pasaron del plano de las ideas a la realidad política.

Revolución Francesa


Desde 1.789 hasta 1.815, Europa vivíó pendiente de Francia. La caída del Antiguo Régimen, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la  ejecución de los reyes, la  proclamación de la  república, su conflicto  bélico  con  otras  potencias europeas y  la  expansión napoleónica, fueron algunos de los hechos más destacados en estos años.

Francia deslumbró a Europa con sus ideales revolucionarias de libertad, igualdad y fraternidad. Al mismo tiempo, provocó el enfrentamiento con las monarquías conservadoras partidarias del Antiguo Régimen: Austria, Prusia y


Rusia. La oposición más tenaz la protagonizó Gran Bretaña y obedecíó más a razones estratégicas y económicas que ideológicas.

Las causas de la Revolución:


– 

Económicas

A partir de 1.760, el Estado francés atravesó una crisis financiera provocada por un fuerte endeudamiento como consecuencia de la Guerra de los Siete Años y de la ayuda prestada a los colonos de América en su lucha contra Gran Bretaña. Así mismo, las malas cosechas obtenidas entre

1.788 y 1.789 elevaron el precio del pan hasta niveles inalcanzables para los campesinos y las clases humildes urbanas, lo que provocó frecuentes motines. Al mismo tiempo, los enormes gastos estatales (lujo de la corte, ejército…) aumentaron la deuda pública, que se intentó reducir incrementando los impuestos y haciéndolos extensivos a los estamentos privilegiados (nobleza y clero). Francia contaba en esta época con unos 26 millones de habitantes, de los cuales más del 90 % pertenecía al tercer estado, el único que pagaba impuestos.

 – 

Sociales

La  nobleza se  aferraba a  sus  privilegios (exención de impuestos) y se opónía a las reformas que los ministros de Hacienda de Luís XVI intentaban aplicar para que la nobleza y el clero pagaran impuestos y contribuyeran  al  sostenimiento  del  Estado.  Los  estamentos  privilegiados hicieron fracasar las reformas y, de este modo, sentaron las bases para el triunfo de la Revolución. La burguésía, por su parte, deseaba asumir un papel político en perjuicio de la nobleza, y utilizó a los grupos populares como “fuerza de choque” para alcanzar sus fines.

 –

Político-ideológicas

La ilustración había proporcionado los fundamentos ideológicos necesarios para derribar, al Antiguo régimen, que se habían difundido entre las distintas capas sociales. Además, la independencia de las Trece Colonias de América del Norte había demostrado que era posible llevar a la práctica estas ideas.

Las fases de la Revolución:


 – 

Convocatoria  de  los  Estados  Generales y  constitución  de  la Asamblea Nacional (1.789)

Ante la negativa de los estamentos privilegiados a ceder ninguno de sus privilegios, el rey se vio obligado a convocar los Estados Generales (que no se habían reunido desde 1.614) para tratar de conseguir la aprobación de nuevos impuestos.

El tercer estado, sector clave en esta convocatoria, reclamó reformas más profundas, abandonó los Estados Generales y se constituyó en Asamblea Nacional,  con  el  objetivo  de  proporcionar  a  Francia  una  Constitución, apoyado por algunos miembros de la nobleza ilustrada y del clero. Al mismo tiempo, el pueblo de París asaltó la Bastilla (prisión política) y comenzaron las revueltas en las ciudades y campo. Ante este hecho, el rey accedíó a los deseos del tercer estado.


  – 

La Asamblea Constituyente (1.789-1.791)

La Asamblea Nacional se transformó en Asamblea Constituyente, controlada por varios grupos políticos, entre los que destacaron los girondinos y los jacobinos.
Se suprimieron los privilegios feudales y se redactó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que recogía los siguientes principios: separación de poderes y derecho a la libertad, la propiedad y la igualdad. Esta Asamblea proclamó, además una Constitución (1.791), que establecía que la soberanía residía en la nacíón. La monarquía pasó a ser constitucional y se puso fin al absolutismo.- 

La Primera república francesa y la guerra (1.792-1.795)

En Septiembre de 1.792, las tropas francesas frenaron al ejército prusiano en la guerra mantenida contra las potencias europeas opuestas a la Revolución. Como consecuencia, la monarquía fue abolida y se proclamó la república.
En1.793, el rey fue ejecutado acusado de traición. Este fue el principio del triunfo de los jacobinos, apoyados por los sans-culottes (activistas políticos de las clases sociales populares). La guerra contra las potencias europeas de la primera  coalición  y  los  problemas  internos  hicieron  que  el  régimen  se convirtiera en una dictadura durante el período denominado “El Terror”, que fue liderado por Robespierre.
Durante esta etapa, cualquier sospechoso de oposición a la república o a la Revolución podía ser ejecutado. Sin embargo. La grave situación económica de Francia y el hastío general ante el incremento de las ejecuciones provocó un Golpe de Estado que derribó a los jacobinos del poder e incluso se deshizo del propio Robespierre. – 

El Directorio y el poder personal de Napoleón (1792 – 1795)

La Revolución inició una etapa moderada. Desde la caída de Robespierre hasta Octubre de 1795 gobernó la Convencíón termidoriana.
Promulgó una nueva
Constitución (1795), que supuso la vuelta al sufragio restringido, y que representó los ideales e intereses de la burguésía moderada. No obstante, las potencias   europeas seguían viendo en Francia un peligro, por lo que continuaron las guerras entre este país  y la primera coalición. La Convencíón termidoriana fue sustituida por un Directorio, que tuvo que enfrentarse a los jacobinos (partidarios del establecimiento de la soberanía nacional) y a los monárquicos (partidarios de restablecer la monarquía), y también a la guerra exterior. Las victorias de Napoleón Bonaparte sobre las potencias europeas (segunda coalición) y el miedo de los conservadores a los jacobinos desembocaron en el Golpe de Estado del 9 de Noviembre de 1799, por el que tres “cónsules” se hicieron con el poder, siendo Napoleón el cónsul principal. – 

Imperio napoleónico

Napoleón Bonaparte adquiríó cada vez más poder: nombrado primer cónsul y después cónsul vitalicio, llegó a proclamarse emperador en 1804. Napoleón se apoyó en el ejército, que fue durante este período el representante del espíritu revolucionario. Las principales líneas de actuación durante el Imperio fueron las siguientes:
Política interior, se elaboró el Código Civil, que consagraba la libertad de todos los ciudadanos ante la ley; y se reformó la enseñanza.
Política exterior, durante esta etapa, Napoleón extendíó  su  Imperio  por  Europa,  enfrentándose  a  las  potencias  europeas


agrupadas en diversas coaliciones. Francia vencíó a Austria, Prusia y Rusia, pero no consiguió derrotar a Gran Bretaña, a la cual sometíó a un bloqueo continental (prohibición de acceso a los puertos europeos a todos los barcos procedentes de Gran Bretaña y de sus colonias). Las tropas napoleónicas fueron vencidas en 1813 (batalla de Leizpig). Los ejércitos de la coalición entraron en Francia en 1814, Napoleón fue desterrado y se reinstauró en el país la monarquía de los Borbones. No obstante, Napoleón regresó a Francia y recuperó el poder (Imperio de los Cien Días), pero fue finalmente vencido en Waterloo (Bélgica), en 1815, y desterrado a la isla de Santa Elena (en el Atlántico   sur).   Napoleón   afianzó   y   difundíó   por   Europa   los   logros revolucionarios. Su  desaparición  no  supuso  el  fin  de  los  principios  de  la Revolución, ya que nuevas oleadas revolucionarias se extendieron por gran parte de Europa en las décadas de 1820, 1830 y 1840, y contribuyeron al triunfo de movimientos liberales.

Consecuencias de la Revolución francesa


Los principales logros de la Revolución francesa fueron:

La abolición del Antiguo Régimen y el triunfo de los principios de la

Ilustración.

La soberanía ya no residía en el rey sino en todos los ciudadanos, que se regían a través de una Constitución.

3.  La primera Revolución Industrial

El cambio económico y social


En el Siglo XVIII, se inició en Gran Bretaña la Revolución Industrial, que transformó  las  relaciones  económicas  y  sociales  imperantes  hasta  ese momento en Europa occidental.

En el ámbito económico se sucedieron dos fases diferenciadas:

–    Durante la primera fase, que se desarrolló casi exclusivamente en Gran  Bretaña,  se  introdujeron  los  primeros  cambios  en  las  formas  de producción con la  utilización de nuevas fuentes de energía, el  empleo de maquinaria y la concentración de los trabajadores en fábricas. Por otra parte, el extraordinario desarrollo de los transportes se tradujo en una mejor distribución de las materias primas y de los productos manufacturados.

–    En la segunda fase, la Revolución industrial se extendíó por otros países europeos, por EEUU y por Japón. A partir de este momento se impuso el denominado gran capitalismo o capitalismo financiero, basado en la utilización de nuevas formas de financiación empresarial, en el desarrollo de numerosos inventos y en la aplicación de modernas fuentes de energía, como la

En el ámbito social los cambios fueron notables y, al igual que en lo económico, se pueden diferenciar dos etapas:

–    En la primera fase, surgíó una nueva clase social, el proletariado, que no  tardó  en  organizarse para  defender sus  intereses, lo  que  dio  lugar  al nacimiento del movimiento obrero.

–    En  la  segunda,  el  proletariado,  cada  vez  más  oprimido  por  la burguésía que había incrementado su poder, luchó por mejorar su situación de forma más coherente y organizada que durante el período anterior.

En  el  ámbito cultural las  obras artísticas y  literarias reflejaron la nueva situación económica y social creada por la Revolución Industrial.

Una nueva economía: la Revolución industrial


La  Revolución  Industrial  consistíó  en  un  conjunto  de  profundos cambios que convirtieron una economía exclusivamente agrícola y comercial en una economía industrializada. Estas transformaciones fueron posibles gracias a la aplicación de nuevas máquinas en la industria, que permitieron producir más en menos tiempo y ahorrar en los costes.

Este  proceso dio  sus primeros pasos en  Gran  Bretaña hacia 1730, aunque no cobró importancia hasta 1780. Más tarde, se extendíó a otros países europeos (Francia, Bélgica…). Esta fase se conoce como primera Revolución industrial.

Causas y factores


Las causas o factores que dieron lugar a la Revolución industrial fueron los siguientes:

Crecimiento de la población


A lo largo de todo el Siglo XVIII se registró un crecimiento sostenido de la población, aunque el ritmo aumentó a partir de 1740. La causa de este incremento fue la disminución de la mortalidad debido a las mejoras introducidas en la alimentación, la higiene y la sanidad.

Revolución agrícola


El rendimiento agrícola se elevó gracias a la aplicación de nuevas técnicas de producción, como el uso de fertilizantes, al aumento de la cantidad y la mejora de la calidad del ganado, a la utilización de un instrumental agrícola y a la concentración de las propiedades para explotarlas de una forma más racional y rentable.

Expansión comercial y  de  las comunicaciones


La Revolución industrial no hubiera sido posible sin la gran expansión que se produjo en la actividad comercial, todo provocado por el contacto con las colonias y por la mejora de los medios de transporte, especialmente canales y carreteras.


Todos estos factores se encontraban muy relacionados entre sí:

El crecimiento demográfico ocasiónó una mayor demanda de bienes, sobre todo de productos agrícolas, y proporciónó una mano de obra numerosa y barata a la industria.

La  revolución agrícola contribuyó al  aumento de  la  población, al ofrecer más y mejores productos para la alimentación, y proporciónó abundantes materias primas a la industria.

El  desarrollo del  comercio produjo  un  excedente económico que contribuyó a financiar la expansión industrial y las mejoras en la agricultura.

Las primeras industrias y “revolución del vapor”


La Revolución industrial se inició en la industria textil, a la que siguió la siderúrgica, pero sólo fue posible gracias a la máquina de vapor.

La industria textil


Las innovaciones técnicas fueron constantes y permitieron la mecanización del hilado y del tejido. Lo más importante, sin embargo, fue la nueva organización del trabajo, que produjo la transformación de la manufactura doméstica (las actividades industriales se realizaban a mano y con herramientas muy básicas) en industria capitalista, caracterizada porque los trabajadores y las máquinas se concentraban en fábricas.

La industria siderúrgica


Se transformó gracias a la utilización de una nueva fuente de energía, el carbón mineral o hulla, que sustituyó al carbón vegetal, y  al  empleo de  altos hornos. La industria siderúrgica proporciónó máquinas y herramientas para la agricultura, la industria y los transportes.

La  máquina  de  vapor


Ideada  por  James  Watt,  fue  el  invento destacado de los comienzos de la Revolución industrial. Su repercusión fue enorme, ya que se pudo aplicar en la industria textil, la minería y la siderurgia. Posteriormente se empleó en los barcos y, sobre todo, en el ferrocarril. Este último originó una revolución en los transportes, ya que hizo posible unas comunicaciones regulares y rápidas, puso en contacto comarcas alejadas e impulsó el desarrollo del comercio. Igualmente, sirvió de estímulo a la industria siderúrgica.

4.  El auge de la burguésía y el desarrollo del movimiento obrero

Durante el Siglo XIX se produjo un espectacular aumento de la población europea. A finales de esta centuria, algunos países, como el Reino Unido, habían triplicado sus habitantes debido al descenso de la tasa de mortalidad, fruto de los avances en la prevención de enfermedades (descubrimientos en bacteriología), y al incremento de las medidas higiénicas. No obstante, a partir del último tercio del siglo, la población europea se estabilizó a causa de la


disminución de la tasa de natalidad y del crecimiento de la emigración internacional. Todo  esto  originó  el  nacimiento  de  una  nueva  sociedad:  la sociedad de clases.

La sociedad del Antiguo Régimen estaba estructurada en estamentos, a los que se pertenecía por nacimiento y entre los cuales la movilidad no era posible. El enriquecimiento de la burguésía durante la Revolución industrial trajo consigo la progresiva desintegración de la estructura social carácterística del Antiguo Régimen.

Surgíó una nueva sociedad en la que ya no era decisivo haber nacido en el seno de uno u otro estamento, sino poseer dinero y riqueza, que se convertirán en los signos de identidad para “clasificar” a cada persona en una categoría social determinada.

Se consolidó, de esta forma, la denominada sociedad de clases, caracterizada por la paulatina desaparición de los privilegios, la movilidad social y la pertenencia a una u otra   clase según se dispusiera de los medios de producción (burguésía) o sólo de la fuerza de trabajo que se vendía por un salario (proletariado).

La implantación de esta nueva sociedad trajo como consecuencia:

El auge de la burguésía, que se convirtió en el grupo dominante en el ámbito político, social y económico.

La aparición y el rápido desarrollo de una nueva clase social, el proletariado urbano, constituida por los obreros industriales. Muchos de estos trabajadores eran campesinos que habían emigrado del campo a las ciudades, donde se convirtieron en mano de obra abundante y barata y vivieron en pésimas condiciones. En la explotación del proletariado cimentó la burguésía su poder económico.

La riqueza acumulada durante el proceso de la Revolución industrial creó, en general, una sociedad más rica, pero también muy desigual.

Los comienzos del movimiento obrero


La   incorporación  del   liberalismo  económico  y,   por   tanto,   la   no intervención del Estado en la economía, dejó al proletariado en manos de los empresarios privados. Las condiciones de trabajo abusivas que estos establecieron se resumen así:

Jornadas laborales agotadoras, bajo una disciplina durísima y con ausencia total de seguridad e higiene en el trabajo.

Trabajo infantil


Los niños trabajaban en las minas y en la fábrica en las mismas condiciones que los adultos.


Salarios insuficientes en general y, en particular, en el caso de las mujeres y los niños.

Despido libre, inexistencia de vacaciones y de seguridad social.

Prohibición de asociarse a los obreros para defender sus derechos. Las primeras reacciones contra esta situación las protagonizaron grupos

de obreros que destruían las máquinas como protesta. Este movimiento se denominó ludismo.
En 1812 se promulgó una ley en el Reino Unido que establecía la pena de muerte para quien atentara contra las máquinas. Con el nacimiento de la Trade Unions, el movimiento sindicalista hizo su aparición.

Las   reivindicaciones   de   los   obreros   para   conseguir   reformas comenzaron a llegar al Parlamento. Destaca el movimiento conocido como cartismo, que reclamó el sufragio universal para los varones y el voto secreto. Surgieron, igualmente, otros movimientos que criticaban los problemas sociales generados por la industrialización. Entre ellos figuraba el socialismo utópico, una corriente ideológica, opuesta al capitalismo, que pretendía lograr la intervención del Estado en la economía para mejorar las condiciones de los trabajadores. Los principales socialistas utópicos fueron los siguientes:

–    El filósofo francés Saint-Simón, que propugnaba una revolución social que mejorara las condiciones de vida de las clases más humildes.

–    
Charles  Fourier,  que  propuso  una  nueva  sociedad  basada  en

cooperativas de producción (falansterios)
Donde los obreros pudieran vivir y trabajar.

–    
Robert Owen, que fundó una cooperativa en su fábrica de Escocia,

dotada con escuelas y economatos, y en la que se redujo la jornada laboral de los trabajadores.

El socialismo utópico no se desarrolló en la práctica porque fracasaron los intentos a la hora de aplicarlo.

El desarrollo del movimiento obrero


A mediados del Siglo XIX, el movimiento obrero adquiríó un nuevo auge gracias al desarrollo del sindicalismo, por el que los obreros se asociaban para organizar la lucha contra los empresarios y contra el Estado con el fin de obtener mejores condiciones de vida y de trabajo.

Se comenzó a utilizar la huelga general como medio de presión, pero tanto esta táctica como los propios sindicatos eran considerados ilegales. Por esta razón, en un principio, los sindicatos sólo pudieron llevar a cabo sus actividades en la clandestinidad, hasta que a finales del Siglo XIX consiguieron ser legalizados en casi todos los países de Europa.


Sin embargo, hasta la aparición de dos ideologías revolucionarias denominadas marxismo y anarquismo, no emergería un auténtico movimiento obrero:

Marxismo:


Teoría política y económica basada en el pensamiento de Fiedrich Engels y Karl Marx, desarrollada en El capital, obra de este último. El marxismo no aceptaba la sociedad de clases ni la producción capitalista porque supónían la explotación de la clase obrera; esta razón, propugnaba un cambio en las relaciones económicas, sociales y políticas a través de la lucha de clases.  
La   clase   obrera  debía   enfrentarse  a   la   burguésía,  lograr  su desaparición y conquistar el poder (dictadura del proletariado), alcanzando este punto, se desmontaría el sistema capitalista y se colectivizarían los medios de producción. De esta forma se transformaría la  estructura   de la  sociedad, porque se llegaría a implantar una sociedad sin clases en la que ya no habría opresores ni oprimidos.

Anarquismo:


Teoría política basada en el pensamiento de Joseph

Proudhon, aunque su máximo representante fue Bakunin.

El anarquismo se opónía a cualquier forma de gobierno, pues el solo hecho de gobernar supónía una coacción y una injusticia; por esta razón, defendía la libertad del individuo, la desaparición de todas las autoridades y la supresión  de   la  propiedad  privada  de  los  medios  de   producción.  Su organización social ideal se basaba en las comunas, agrupaciones libres de personas que se autoabastecían y en la no existencia de la propiedad privada. Los métodos utilizados por los anarquistas para llegar a obtener su sociedad ideal fueron muy diversos y, si bien la mayoría eran pacíficos, algunos lucharon con métodos violentos y llevaron a cabo diversos atentados contra personalidades políticas y miembros del Gobierno, como el zar ruso Alejandro II y el rey Alfonso XIII de España.

En la década de 1860, los líderes obreros de distintos países europeos, conscientes de  que  los  problemas que  afectaban  al  proletariado eran  los mismos en todas las naciones, se plantearon la necesidad de asociarse para que sus reivindicaciones y su lucha tuvieran más fuerza. Así, por ejemplo, se pretendía acabar con la costumbre de la patronal británica de contratar obreros del resto del continente cuando se realizaba una huelga en Gran Bretaña. El objetivo era llegar a un acuerdo con los obreros del resto de Europa para despertar su solidaridad y acabar con esta práctica.

De este modo surgieron las Internacionales obreras:

La  Primera  Internacional  o  Asociación  Internacional  de Trabajadores (AIT)
se fundó en Londres en 1864, pero desaparecíó muy pronto (1876) a causa, principalmente, de la persecución que sufríó por parte de los gobiernos de los países por los que se extendíó, donde se reprimieron con dureza las huelgas y manifestaciones obreras, y por las disputas entre marxistas y anarquistas sobre los métodos de lucha (los marxistas deseaban


intervenir en la vida política mediante partidos políticos, y los anarquistas creían que se debía actuar por medio de los sindicatos).

La Segunda Internacional se fundó en París en 1889. Su principal reivindicación fue la de conseguir la jornada laboral de ocho horas y para ello establecíó el 1 de Mayo como día internacional de protesta. Esta Segunda Internacional también desaparecíó pronto debido a que continuaban producíéndose enfrentamientos entre marxistas y anarquistas (estos últimos fueron  finalmente  excluidos)  y   a   la   creciente  tensión  política  que   se manifestaba en  Europa,  que  acabó  desembocando en  la  Primera  Guerra Mundial.
El estallido de la contienda supuso el fracaso de la Internacional, ya que  los  obreros  de  cada  país  se  pusieron  de  parte  de  sus  respectivos gobiernos en  la  guerra, anteponiendo los intereses de  cada nacíón a  sus intereses como clase, lo que los desuníó a escala internacional.

5.  La época del Imperialismo: Nacionalismo y expansión colonial

En el período histórico comprendido entre el último tercio del Siglo XIX y los primeros años del Siglo XX se produjeron una serie de acontecimientos políticos que configuraron gran parte de la realidad territorial de la Europa actual y dieron lugar a las diferencias económicas entre países ricos y países pobres que aún existen. Estos acontecimientos políticos se pueden resumir en cuatro:

La extensión del Imperio napoleónico hizo resurgir movimientos nacionalistas en los países dominados por el emperador francés. Entre ellos destacaron los que dieron lugar a la formación de nuevas naciones, como Italia y Alemania.

El protagonismo que adquiríó Alemania tras la unificación, y al frente del país su canciller Bismarck, quien gracias a la creación de una complicada red de alianzas consiguió que Europa viviera un período de paz, aunque no exento de tensiones.

Las grandes potencias se lanzaron a la conquista del mundo, sobre todo  de  amplias zonas  de  África  y  Asía.  Es  el  fenómeno conocido como imperialismo colonial, que produjo tensiones y fricción entre los países colonizadores.

Las anteriores rivalidades entre las potencias europeas desembocaron en un conflicto de alcance internacional: la Primera Guerra Mundial.

En  el  ámbito  cultural,  todos  los  cambios  que  se  produjeron en  la sociedad se reflejaron en las manifestaciones artísticas. El Realismo, el impresionismo, y el Modernismo fueron los movimientos culturales que surgieron en esta época.


El nacionalismo


Los movimientos nacionalistas de esta época nacieron con el objetivo de oponerse a la pretensión napoleónica de unidad europea. Argumentaban su oposición en el convencimiento de que los ciudadanos podrían ejercer sus derechos y deberes políticos. Se pueden distinguir dos tipos de nacionalismo en esta etapa

El  nacionalismo  progresista:


que  deseaba  la  liberación  de  las naciones sometidas y unidas a otros territorios con los que poco o nada tenían en común (Grecia y Bélgica), y  sosténían que debían constituir un Estado. Defendían el derecho de cualquier comunidad a convertirse en nacíón si así lo deseaba.

El nacionalismo tradicionalista:


que afirmaba que territorios con elementos comunes, pero políticamente divididos, debían aspirar a construir un nacíón  (Italia  y  Alemania). Defendía  que  no  podían  crearse  naciones con ciudadanos que no tuviesen lazos de uníón (lengua, religión, tradición histórica…).

Junto a  estos  nacionalismos surgíó,  en  naciones ya  constituidas, el denominado nacionalismo imperialista, basado en los deseos de expandirse territorialmente por otras zonas. Este nacionalismo fue la base del imperialismo colonial.

El triunfo del imperialismo colonial


Durante los últimos decenios del Siglo XIX y los primeros del Siglo XX, las grandes potencias europeas (Reino Unido y Francia), EE.UU. Y, posteriormente, Japón, conquistaron la inmensa mayoría de África y una gran parte de Asía y Oceanía con el objetivo de explotar económicamente estas zonas, donde crearon colonias, es decir, territorios que dependían política, administrativa y económicamente de una metrópoli (país que administra territorios situados fuera de sus fronteras).

Los factores que propiciaron la expansión colonial fueron los siguientes:

El desarrollo de la segunda fase de la Revolución Industrial y la irrupción del gran capitalismo, que impulsó a los países más industrializados a buscar nuevas  zonas de  abastecimiento de  materias primas  y  fuentes de energía.

El enorme crecimiento de la población europea (que pasó de 300 millones de personas en 1870, a 400 en 1914) y la generalización del uso de maquinaria, que provocó altos índices de desempleo. La emigración a las colonias resolvíó, en parte, este problema.


Las tensas relaciones internacionales, que obligaron a los gobiernos europeos a controlar puntos estratégicos y diversos territorios para incrementar su prestigio y su fuerza.

La necesidad de invertir en otros lugares los capitales excedentes de la metrópoli (construcción de ferrocarriles, puentes y obras públicas).

El  deseo  de  explorar  nuevos  territorios  hizo  surgir  sociedades geográficas que despertaron el interés por lugares desconocidos.

La creencia en la  superioridad de la raza blanca originó el “deber” de transmitir los avances de la civilización y las culturas europeas y la religión cristiana a otros países.

Estos factores se vieron favorecidos por el progreso en los medios de transporte (ferrocarril, barcos de vapor…) y la construcción de nuevas vías de comunicación, como el Canal de Suez, que reactivó el tráfico comercial entre Europa y Asía a través del Mediterráneo.

Los imperios coloniales


Entre los países colonizadores, cabe destacar a Reino Unido y Francia.

Reino Unido


Se había convertido en la primera potencia marítima del mundo, gracias al control ejercido sobre puntos estratégicos como Gibraltar, Malta, Santa Elena y Ceilán, entre otros. En esta época, el Reino unido poseía colonias en estos continentes:

–    

América:

Canadá, Guayana…

–    

Oceanía:

Australia y Nueva Zelanda.

–    

Asía:

tuvo colonias tan importantes como la India, Ceilán, Birmania y Hong Kong.

–    

África:

a partir de 1877, el Reino Unido se interésó por las grandes

riquezas de África y por su situación estratégica. En este continente creó un Imperio que se extendía de norte a sur y que incluía, en su parte oriental: Egipto, Sudán, Somalía, Uganda y Kenia (África oriental británica)  y  Rhodesia;  en  la  occidental:  Gambia,  Sierra  Leona  y Nigeria; y en la meridional, la Uníón Sudafricana.

A comienzos del Siglo XX, el Imperio británico era el más extenso del mundo.

Francia


Constituyó el segundo gran Imperio colonial que, si bien no alcanzó la extensión del Imperio británico, estuvo formado por posesiones en Asía: “Uníón Indochina”, integrada por Annam, Tonkín, Conchinchina, Laos y Camboya; y en África: Marruecos, Guinea, Senegal, Argelia, Túnez, Chad, parte del Congo y Madagascar.

Consecuencias del imperialismo colonial


Las transformaciones más importantes que se produjeron a causa del imperialismo colonial fueron las siguientes:

–    La explotación de las riquezas naturales y humanas (mano de obra)

de las colonias.

–  La dependencia económica de las colonias, que tuvieron que especializarse  en  un  único  cultivo  (monocultivo)  y  se  vieron  obligadas  a comprar los productos manufacturados de la metrópoli.

–    La construcción en las   colonias de vías de comunicación (vías férreas) para satisfacer las necesidades de la metrópoli.

–    El dominio político y administrativo de las colonias por la metrópoli.

–    La utilización de las colonias por parte de los países colonizadores para dirimir sus rivalidades:
conflicto de Fashoda (entre Francia y Reino Unido en Sudán); guerra de los Bóer (entre holandeses y británicos en Sudáfrica); guerra del Congo (entre Francia, Bélgica y Portugal).

–    El incremento de la población en las colonias, como consecuencia del descenso de la mortalidad debido a las mejoras higiénicas y sanitarias introducidas por las metrópolis.

–    La  ruptura  de  la  organización  social  indígena  a  causa  de  la aparición de un proletariado tanto urbano como rural.

–   La segregación racial, como consecuencia de la inmigración de población europea que relegó a la población indígena a un papel secundario.

–    El desarrollo de la vida urbana, promovida por una burguésía y unos funcionarios procedentes de la metrópoli, que controlaban la política, la administración y los negocios.

–    La sustitución de la cultura indígena por la cultura occidental que modificó las creencias, costumbres y tradiciones de los pueblos colonizados.

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